Cómo calmar al león

Yamila Papa · 21 septiembre, 2014

No existe la persona que no se enfada. Pero sí existen las personas que saben gestionar el enfado y aquellas que no dejan que el enfado las domine. Las segundas son capaces de identificar la emoción, es decir, de darse cuenta de que estan enfadados y además son capaces de darle una salida a esta situación de manera que el sentimiento no se vuelva más intenso ni se prolonge en el tiempo

A continuación te damos algunas ideas para que seas tú quién controle el enfado y no que el enfado te controle a ti:

-Imagina que te está grabando una cámara oculta y que todo el mundo lo está viendo en vivo y en directo o que luego tendrá millones de vistas diarias, bajo el título de “el loco que patea y grita en la calle” o algo así. Puede sonar algo extraño, pero cuando estamos delante de una grabadora no somos la misma persona. Entonces, cuando sucede algo que te moleste mucho, piensa que estás en esa situación y te será más complicado despotricar contra todo y todos.

-Respira profundo por la nariz, bien despacio que ingrese el aire y deja unos instantes en tus pulmones antes de eliminarlo. Concéntrate sólo en este ejercicio, sin pensar en nada. Verás que a la cuarta o quinta repetición los latidos de tu corazón comenzarán a equilibrarse y normalizarse, bajará tu temperatura corporal (sobre todo del rostro) y estarás más capacitado para entablar una conversación sin encolerizarte. Si notas que nuevamente la ira está apareciendo, repite esta respiración consciente y pausada.

Aléjate de aquello que te hace mal, si es corriendo mejor, pero nunca dando un portazo o gritando a los cuatro vientos. Por ejemplo, cuando estás discutiendo con tu pareja, lo mejor es, en el momento en que todo está llegando a un punto de no retorno, irte, aunque sea cambiar de habitación. Mientras bajas las escaleras, corres o saltas estarás liberando la energía acumulada de tu cuerpo. Mueve los brazos y las piernas, haz cualquier tipo de ejercicio físico que te ayude a liberar las tensiones antes de volver a hablar de aquello que tanto te molesta o causa problemas.

Piensa que los demás tienen el mismo inconveniente que tu, es decir, practica la empatía. Quizás el empleado que no te dio el cambio con una sonrisa en el mercado no tenía un buen día o aquél que te quitó el sitio para aparcar estaba apurado por llegar a su casa o a una reunión de negocios. Todos tenemos problemas en el trabajo, el hogar, etc y si alguien se comporta de mala manera no es siempre algo personal, sino que ellos mismos se encontraban en un “mal día”. Trata de comprender las razones del otro para actuar de cierta manera, aunque no te gusten sus formas.

Expresa tus sentimientos de la manera más calmada posible. Si eres de enfadarte seguido y gritar para poder decir qué es lo que te pasa, comienza por “bajar el volumen” de tu voz. En segundo término, presiona el botón de “slow” y no hables rápido. Ponte en el lugar del otro y piensa de qué manera recibirá tus palabras, tus gestos, tus gritos, etc. Imaginarte en los zapatos de los demás es una excelente manera de darte cuenta cómo actuar. Si aún así no lo logras, piensa cómo te gustaría que te trataran en la situación contraria.

-Controla los niveles de estrés a diario. Todos convivimos con el estrés, pero esto no es normal ni sano. Si acumulas cada vez más nervios, preocupaciones, problemas, ansiedad, angustia, ira, etc, en cualquier momento tu cuerpo podrá decir “basta”. La tensión se puede eliminar con ciertas actividades relajantes como el yoga, la meditación o el tai chi. Algunas personas optan por ejercicios más vigorizantes, como es el boxeo, el spinning o el trote.

Foto cortesía de Nejron Photo