La ignorancia racional: una postura de doble filo

La ignorancia racional es un concepto que a primera vista parece contradictorio, pero no lo es. Tiene que ver con el hecho de que no podemos saberlo todo y por eso, a veces, elegimos ignorar algunos asuntos. Esto da lugar a consecuencias positivas o negativas.
La ignorancia racional: una postura de doble filo
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 16 noviembre, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 11 noviembre, 2021

Última actualización: 16 noviembre, 2021

La ignorancia racional es un concepto acuñado por el economista Anthony Downs en su tratado An Economic Theory of Democracy. Se refiere a los casos en los que una persona decide actuar sin tener toda la información que podría recopilar sobre, por ejemplo, una decisión que debe tomar, porque el coste de adquirir ese saber es superior al beneficio que genera.

Se dice que la ignorancia racional es una postura de doble filo porque a veces, efectivamente, ahorra tiempo y esfuerzos innecesarios. Ahora bien, no es posible, y muchas veces tampoco es conveniente, querer saberlo todo o ir al fondo de algún asunto que finalmente no tiene mayores repercusiones.

Sin embargo, también hay casos en los que la ignorancia racional tiene un elevado coste, aunque este no se perciba de forma directa. Existen situaciones en las que evitar educarse y saber repercute en una reducción del bienestar. El problema es que no se percibe así, porque esas consecuencias no son claramente detectables.

El primer paso de la ignorancia es presumir de saber, y muchos sabrían si no pensasen que saben”.

-Baltasar Gracián-

Mujer pensando

La ignorancia racional en su faceta útil

Son muchos los ejemplos que podrían ilustrar el concepto de la ignorancia racional, como la decisión de compra. Si alguien quiere adquirir unos zapatos, puede elegir varios caminos para tomar su decisión.

El camino más oneroso es el de averiguar todo lo necesario sobre los diferentes tipos de zapatos, sus marcas, materiales, manufactura, etc. Es muy complicado que, aunque se proponga seguir este sendero, la persona llegue realmente a recopilar toda la información que podría, lo que no quita para que lo intente y gaste semanas, o incluso meses, recopilando toda la información. Al final, probablemente, adquirirá los zapatos más adecuados.

La pregunta es la siguiente: teniendo en cuenta el costo de unos zapatos y su vida útil, ¿valió la pena invertir tanto tiempo y esfuerzo en tomar la decisión? En condiciones normales, la respuesta es no. En este caso, la ignorancia racional es una buena opción. Es decir que esta decisión solo requiere unos datos básicos, o quizás una consulta a otros consumidores, sin necesidad de profundizar en el mundo del calzado.

La otra cara de la ignorancia racional

Hay ejemplos, también cotidianos, que pueden ilustrar la otra cara de la ignorancia racional. Volvamos a las decisiones de compra, pero esta vez pensemos en la alimentación.

En este campo, una persona también puede actuar reduciendo al máximo el tiempo y el saber destinado a la compra. Sin embargo, la alimentación se encuentra estrechamente relacionada con la salud a largo plazo. A su vez, la salud y la vida son conceptos indisolubles.

Por lo tanto, una persona puede elegir comer lo que encuentra en el mercado, sin adquirir mayor información al respecto y guiándose solamente por unos datos básicos.

El problema aquí es que, a largo plazo, esta podría ser una decisión muy costosa. Si solo adquiere productos procesados, porque además estos se pueden preparar más rápido, quizás esté comprometiendo su salud y, en ese sentido, su decisión es desacertada. En ese caso específico, puede ser mayor el coste de ignorar que el tiempo y el esfuerzo empeñados en saber.

Mujer comiendo pizza

La ignorancia racional en el plano colectivo

Los economistas han aplicado el concepto de ignorancia racional, sobre todo en el plano social, y más concretamente en el aspecto político. Casi todos los estudios al respecto se centran en la conducta del votante. Dado que un solo voto, en la mayoría de los casos, no determina el desenlace de unas elecciones, el votante promedio suele subestimar su importancia.

Al mismo tiempo, enterarse y comprender las propuestas de los distintos candidatos es un ejercicio que muchas personas sienten como excesivo. Implica enfocar la atención, por un tiempo considerable, en asuntos complejos. También supone realizar un contraste entre las diferentes propuestas y decidirse por aquella que mejor responda a sus expectativas e intereses.

Sin embargo, lo que un solo votante obtiene a cambio es percibido como “casi nada”. Siente que su voto no es decisivo y, por esto, percibe como muy elevado el esfuerzo que debe realizar por adquirir el saber, en comparación con lo que finalmente obtiene de ese ejercicio. Por lo tanto, la gran mayoría de los votantes deciden no informarse; si votan, lo hacen sobre la base de datos mínimos.

Así las cosas, se ha concluido que la ignorancia racional en el plano colectivo es útil en términos económicos, pero muy costosa en términos sociales. Al igual que en el ejemplo de la alimentación, el precio se paga a largo plazo y suele ser alto.

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  • Pérez, A. R., & Comeig, I. R. (1998). Efecto de la información asimétrica sobre el riesgo y el comportamiento de las sociedades de garantía recíproca: un análisis empírico. Revista Española de Financiación y Contabilidad, 469-497.