¿Por qué soy insensible al sufrimiento de los demás? - La Mente es Maravillosa

¿Por qué soy insensible al sufrimiento de los demás?

Edith Sánchez 24 julio, 2017 en Emociones 638 compartidos
Mujer con los ojos cerrados pensando en sus excesos

Todas las especies de animales que viven en grupo están dotadas de la capacidad para sensibilizarse ante el dolor o el sufrimiento de sus pares. La solidaridad forma parte de su equipo genético porque en la mayoría de los casos es una garantía para la supervivencia de la especie. ¿Por qué entonces algunas personas son básicamente insensibles al sufrimiento de los demás? ¿Cómo es posible que se cierren emocionalmente a lo que está fuera de ellos mismos? ¿Qué sucede para que una persona se vuelva insensible?

Hay varias respuestas posibles para estas preguntas. Las causas que están detrás de la insensibilidad van desde la existencia de graves patologías hasta una vulnerabilidad extrema. Los caminos para hacerse insensible también son muchos y abarcan diferentes manifestaciones.

Por lo general, la insensibilidad no se aplica a todo. Es decir que, salvo que exista una enfermedad mental muy incapacitante, las personas no son totalmente insensibles. Varía el grado, varía el objeto y varían las circunstancias. En otras palabras, se puede ser completamente insensible al sufrimiento de algunos y, al mismo tiempo, muy sensible al dolor de otros en un determinado momento y a al inversa en otro.

Causas y manifestaciones de la condición insensible

En el caso de que vivas en una avenida muy transitada, lo más probable, salvo que tu casa se encuentre muy aislada, que te pases el día escuchando ruidos de la calle. Además, si no estás acostumbrado/habituado, puede que cada uno de esos ruidos haga que te sientas molesto. Sin embargo, después de un tiempo puede ocurrir todo lo contrario. Básicamente dejas de prestar atención y, de hecho, llegas a experimentar una sensación de alarma cuando todo queda en silencio. Dicho de otro modo, te vuelves insensible al ruido.

ballena debajo del agua

En el mundo de las emociones ocurre algo similar, pero no igual. Quienes han experimentado grandes sufrimientos emocionales suelen ser más empáticos y sensibles al dolor de los demás. Pero si ese dolor ha rebasado ciertos límites o si se ha dado en el marco de una extrema vulnerabilidad, ocurre el efecto contrario: se vuelven insensibles.

Lo desconcertante es que también ocurre el fenómeno opuesto. Esto quiere decir que quien no ha experimentado sufrimiento, o lo ha hecho en mínima medida, también se vuelve insensible. No logra atribuirle un significado o una valoración emocional al sufrimiento de los otros. Su capacidad de empatía no se ha desarrollado y ostenta una suerte de ignorancia afectiva que le impide solidarizarse con el sufrimiento o la alegría de los demás…. porque no solo se da una insensibilidad para las emociones negativas.

El ser insensible al sufrimiento de otros se manifiesta de diferentes maneras. No solo tiene que ver con permanecer indiferente ante el estado de necesidad o la solicitud de ayuda de alguien. También se incluye allí toda conducta en la que otro ser humano es abordado como organismo, instrumento o medio sin ser un fin al mismo tiempo.

Cuando se es sensible e insensible a la vez

Lo usual es que una persona sea sensible e insensible al mismo tiempo. También es frecuente que aparezcan etapas de insensibilidad en quienes normalmente son sensibles y empáticos. Hay muchos factores que se mezclan para que esto ocurra. Si alguien atraviesa por un grave sufrimiento, probablemente no tenga la energía emocional suficiente para empatizar con el sufrimiento de otros.

hombre con puntos de luz en el rostro

Hay personas que le temen al sufrimiento y sin darse cuenta desarrollan estrategias, mecanismos o vías para insensibilizarse. Esto ocurre, por ejemplo, en el caso de las adicciones.

El consumo de drogas psicoactivas levanta una barrera de insensibilidad frente al sufrimiento de los demás. Es una burbuja que actúa como aislante. Construir y nutrir un carácter excesivamente rígido es también una estrategia de insensibilización. De hecho, es una manera de tomar un control severo sobre las emociones, de modo que toda la energía se invierta en contenerlas.

Erich Fromm señalaba que el amor y la solidaridad, si son genuinos, también son universales. Decía que si uno ama a un ser humano, también ama a la humanidad. Haciendo una analogía de esos postulados, podría decirse que es imposible ser sensible al sufrimiento de un ser humano sin al mismo tiempo sensibilizarse al dolor de todos los demás seres humanos. Suele ocurrir así, aunque en diferentes intensidades.

En este sentido, el que no es receptor de sensibilidad puede verses afectado, pero el que seguro que se va a ver afectado es aquel que no tiene o manifiesta sensibilidad. La inclinación instintiva hacia la solidaridad no es un capricho de la naturaleza. En nuestra dotación genética hay una información que quedó instalada allí como garantía de supervivencia. Ayudar y ser ayudados es, por mucho, una de las estrategias que tiene la vida -y por lo tanto, nosotros- para perpetuarse.

Imágenes cortesía de Elicia Edijanto, Molly Strohl

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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