Inventores que murieron con sus propias creaciones

Yamila Papa · 11 febrero, 2014

 

Antes de que un invento pudiera ser comercializado o mostrado en público, los creadores tuvieron que probarlos miles de veces. En muchos de ellos, las cosas no salían tan bien como lo esperaban, ocasionando heridas, siniestros y hasta la muerte. 

El primer caso es el de Franz Reichelt (mediados del 1800 – 1912), un sastre que falleció al saltar de la Torre Eiffel de París queriendo probar su invención, parecido al paracaídas que conocemos en la actualidad. Era su primer intento con el objeto, pero le había dicho a las autoridades que usaría un maniquí. El dispositivo no se abrió y Reichelt cayó al vacío desde cientos de metros.

El físico Alexander Bogdanov (1873 – 1928) era un científico y físico quién ideó un experimento para rejuvenecer. Para ello debía realizarse una transfusión de sangre de una persona que padecía tuberculosis y malaria. Sin embargo, murió por causa de la infección sufrida.

William Bullock (1813 – 1867) murió por una infección que se provocó luego de que sus pies fueran aplastados mientras quería reparar la máquina rotativa de su invención.

El capitán naval inglés Cowper Phipps Coles (1819 – 1870) diseñó un barco al que le colocó el nombre de HMS Capitain en 1866. Cuatro años más tarde se quebró por los errores de fabricación y murieron en este accidente 483 personas, entre ellas, Coles.

La química y física polaca Marie Curie (1867 – 1934) falleció de anemia aplásica, consecuencia de la radiación a la que se vio expuesta durante sus investigaciones sobre radiografías y radiactividad. Todavía no se conocían los efectos de la radiación en los seres vivos.

Otto Lilienthal (1848 – 1896) murió por causa de las heridas que sufrió en un accidente con uno de sus planeadores.

El diseñador del Titanic, Thomas Andrews, (1873 – 1912) murió en el hundimiento del barco.

El ingeniero mecánico Thomas Midgley (1889 – 1944) contrajo la polio y esto lo dejó muy mal herido. Esto lo llevó a diseñar un sistema de cuerdas y poleas para poder levantarse de la cama. Se enrolló con estas y falleció por estrangulación, tenía 55 años.

El inventor y empleado de General Electric, William Nelson, perdió la vida luego de caer rodando de una colina mientras probaba un nuevo motor que había creado para su bicicleta.

Aurel Vlaicu (1882 – 1913) falleció con su propio avión, llamado Vlaicu II tratando de cruzar los Montes Cárpatos.

Por su parte, Henry Winstanley (1644 – 1703) falleció dentro de un faro que él mismo había inventado durante una gran tormenta. Sus últimas palabras fueron “es la mayor tormenta que jamás había visto en mi vida”.

Finalmente, Charles Justice murió electrocutado en 1911 en la misma silla eléctrica que él había ayudado a construir y luego instalar en una prisión.

Hay algunas creencias en relación a otros  hechos desafortunados entre los inventores y sus creaciones, como es el caso de Joseph Ignace Guillotin (1738 – 1814), un diputado y médico francés, quién no fue el que realizó la guillotina, pero sí el que propuso su utilización en su país de origen, a diferencia de lo que se piensa popularmente. Tampoco es verdad que falleció ejecutado en esa misma máquina, sino que la causa de su muerte fue un carbunco en el hombro.

Se dice también que el oficial de la Dinastía Ming, Wan Hu, murió mientras intentaba lanzarse a si mismo al espacio utilizando un cohete, pero no hay ninguna prueba de ello o por lo menos no se ha encontrado todavía.

Por último, tenemos el caso de Jimi Heselden (1948 – 2010), quién era propietario de Segway, falleció mientras conducía uno de sus artilugios. Pero el creador de esta máquina fue Dean Kamen y no Heselden.