Jugaste a perderme y acabaste perdiendo - La Mente es Maravillosa

Jugaste a perderme y acabaste perdiendo

Lorena Vara González 30, Diciembre 2016 en Emociones 2330 compartidos
Niña triste

Jugaste a perderme y acabaste perdiendo. Apostaste mi corazón en una partida que creías que iba a ser divertida y acabaste haciendo que los dos sufriéramos por amor. Porque si tratas el amor como un juego de azar, puede que la suerte te lo haga pagar caro.

Decidiste que conmigo ibas a fingir para conseguir pasar un buen rato. Pensaste que haciéndote pasar por caballero cerrarías el trato. Que si me embrujabas en base a palabras bonitas y promesas vacías conseguirías lo que quisieras. Pero, por sorpresas que guardaba el destino, un destino que no puedes controlar, ahora has tenido que tragarte tus propias palabras.

Porque las promesas, que fueron vacías en su momento, cambiaron su significado a media que aumentaban mis sonrisas. Te sentiste a gusto a mi lado y aquello para lo que jugaste se te fue de las manos. Y entonces llegó la pregunta que no tenía respuesta lógica, sino que era parte de un capricho ¿por qué jugaste con mi corazón?

Haga en una diana

No prometas las estrellas si no eres capaz de encender dos velas

Los encantadores de serpientes utilizan la música para conseguir lo que quieren, pero en tu caso jugaste con las palabras para intentar obtener lo que buscabas. Palabras bonitas que embrujaban la mente y asían mi rostro con dulzura para tomarlo como lienzo de amplias sonrisas. Y entonces perdía la razón escuchando el sonido de tu voz.

Pero tus actos no tenían nada que ver con lo que contaban, delataban el espejismo que se formaba con tu manera de enlazar las letras en sonidos. Tus acciones reflejaban tu corazón de piedra.

El amor son los pequeños detalles, no las grandes palabras. El amor no consiste en prometer las estrellas, sino en ser capaz de encender dos velas durante una cena. En apartar el pelo de la cara si a ella le molesta, en ser capaz de prestarle una chaqueta si de frío tiembla.

Por eso no conseguiste lo que te proponías, porque yo tengo amor propio y pedía algo real, no un espejismo a merced del calor, la aridez y la falta de agua. Y con eso no contabas, pero haciendo gala de tu gran cabezonería, decidiste que en tu misión no desistirías. Seguiste luchando por aquello en lo que apostabas y así jugaste aún con más ganas; no te tembló la mano al doblar la apuesta cuando intuiste haber escrito el final.

niña durmiendo en salón de juegos

Jugaste con fuego y acabaste ardiendo

Sin darte cuenta pasaron los días y aquello ya no se parecía a la partida que tu querías. Comenzaste a sentirte cómodo a mi lado. Empezaste a compartir pequeños detalles de tu día a día conmigo. Dejaste de jugar y bajaste la guardia, y fue entonces cuando me enseñaste tu alma.

Porque, ¿con cuánta fuerza se debe de dar un abrazo para suavizar un corazón de piedra? Yo no dejé nunca de abrazarte con todas mis fuerzas. Acabaste confesando aquello a lo que jugaste cuando empezaste a intentar conquistarme y yo llevaba todo corazones y tú todo tréboles y picas.

Eso me apartó de ti. Ya no sabía si algo de lo que decías era verdad o una simple artimaña más para obtener lo que te proponías. Perdí la confianza en ti y en todo lo que decías. Te odié con todas mis fuerzas mientras mi corazón rompías. Y tu aprendiste que, ni en un día se quiere, ni en dos se olvida.

Y mucho menos se perdona a quien ha jugado contigo como si no tuvieses corazón. Nadie está obligado a amar a nadie y si haces daño jugando con sentimientos ajenos es porque esa ha sido tu elección. Jugaste con fuego y has acabado ardiendo, porque nadie sabe lo que el corazón desea hasta que llega y no se puede controlar. Ahora ya no hay perdón, tú te has quedado triste y solo; yo sufro, pero al menos, conservo mi amor propio.

Lorena Vara González

Psicóloga General Sanitaria. La escritura es esa melodía que te transporta a otros lugares y la psicología el sendero que le da sentido. No somos etiquetas sino personas que buscan su camino.

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