Keledén, o la medicina del espíritu

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 31 diciembre, 2018
Edith Sánchez · 31 diciembre, 2018
La filosofía del Keledén fue propuesta por John C. Perkin en un libro. Tiene que ver con un grito de libertad para, de una vez por todas, dejar que el corazón, y no la ambición o la conveniencia, guíen nuestros pasos.

La palabra Keledén es una traducción cuestionable de la expresión inglesa “F**k it”. Significa algo así como “A la mi…”, o “¡Me vale un higo!. Comenzó a volverse popular a raíz de la publicación de un libro que llevaba ese mismo nombre y que fue escrito por John C. Perkin en 2013.

Perkin hizo del Keledén una filosofía de vida. No tiene una definición exacta, pero significa algo así como dejar de tomarse en serio lo que habitualmente nos tomamos en serio, pero que solo termina constriñéndonos y amargándonos la vida. Como cuando nos demoramos demasiado en escoger la ropa que debemos ponernos con la pretensión de agradar a quien nos mire. Ahí es cuando decimos “¡Keledén!” y ya está. Nos vamos con lo que mejor nos sintamos.

Obviamente la expresión se aplica también a todo tipo de situaciones. A ese cúmulo de preocupaciones cotidianas que se nos cruzan por el camino. También a los grandes aspectos de la vida. El propio John Perkin dijo un día: ¡Keledén! Renunció a su trabajo en una gran empresa londinense y se fue a vivir con su pareja en un pueblito italiano, donde sigue perfeccionando las ideas que le permitan vivir sin demasiada disonancia entre lo que piensa y lo que hace.

Cuando dices ¡Keledén!, te abandonas al flujo de la vida: dejas de hacer lo que no quieres, haces por fin lo que siempre has querido y ya no escuchas a la gente, sino a ti mismo”.

– John C. Perkin-

La filosofía del Keledén

El principio básico del Keledén es el de restarle seriedad a las cosas. John Perkin asegura que todo aquello que nos tomamos muy en serio, se vuelve pesado y agobiante. Por el contrario, al dejar de verlo como algo importante, se vuelve más ligero, de manera que no tenemos que hacer tanta fuerza para controlarlo. Además, eso es lo que nos permite, de tanto en tanto, acariciar la sensación de libertad.

Lo que nos importa demasiado siempre termina siendo un poco esclavizante. Es eso lo que da origen a los sentimientos de angustia y preocupación. Una vez dejamos que esas emociones emerjan, se arruina nuestro estado de ánimo, nuestra frescura y vitalidad. De uno u otro modo, el Keledén coincide con la filosofía zen del desapego.

El Keledén es una especie de mantra, que busca conjurar tres de los grandes males modernos: tensión, ansiedad y necesidad de control. Las dos primeras, tensión y ansiedad, nacen de la última: ese profundo deseo de controlarlo todo. Como eso es imposible, se nos queda solo en deseo frustrado, pero además acompañado de estrés.

Chico pensando mirando por la ventana

Una apuesta por la anarquía

El Keledén se define también como una apuesta por la anarquía. Esta no debe ser vista como caos y desorden, sino simplemente como una renuncia a las normas inmutables, a los objetivos a toda costa e incluso al sentido común. Todo ello, normas, grandes objetivos y sentido común, con frecuencia no hacen más que convertirse en una asfixiante cadena.

La filosofía del Keledén es, en cambio, un poco hippie. Llama a la espontaneidad. A no dejarse cercar por las normas, las conveniencias o las lógicas imperantes. Es una ruptura con los convencionalismos, con esos “deber ser” que en incontables oportunidades nos son impuestos desde fuera. Muchas veces somos lo que debemos ser y no lo que queremos ser.

La anarquía no es desorden, ni exceso, sino libertad. También frescura y espontaneidad. Cobrar conciencia de que siempre tenemos elección, en cada cosa que hacemos en nuestro día a día. Desde lo más pequeño a lo más grande. Y que la mejor opción siempre es la que está guiada por el corazón, por lo que de verdad deseamos hacer.

El exceso de sentido y el tedio

El tedio es uno de esos grandes males de nuestra época. Tanto es así, que la gente paga lo que sea y hace lo que sea para evadirse de su realidad cotidiana. Muchos solo quieren escapar a ese día a día que viven, pero no encuentran la forma de hacerlo. Por eso simplemente “aguantan” y se evaden cada vez que pueden. Dedicando horas y horas a comprar, perdiendo el tiempo en redes sociales o intoxicándose de televisión.

Persona con un móvil

Cuando la vida está muy cuadriculada, lo que comienza a invadirnos es la sensación de que nada tiene sentido. Sin embargo, lo que ocurre es exactamente lo contrario. Todo tiene ya tanto sentido, que no hay lugar ni para la novedad, ni para la magia, ni para esa libertad que nos da el ser espontáneos. Cada cosa está en su lugar y eso termina volviéndose muy aburrido.

Keledén es un grito que llama a la novedad. No hay novedad, si no hay cambio. Así que en últimas, todo se trata de zafarnos de las ataduras y permitirnos ser y hacer algo nuevo. Hacer una ruptura con esa persona condicionada en la que a veces nos convertimos. No respetar los razonamientos utilitarios y asfixiantes para dejar que el corazón tome el timón y nos lleve a donde quiera.

  • Hayek, F. A. (1997). Los fundamentos de la libertad (No. 330.91/B58coE/v. 1).