Ketamina: más allá de la anestesia

25 marzo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Andrés Navarro Romance
Clásicamente utilizado como anestésico quirúrgico, el fármaco ketamina -que es también una droga de abuso- está mostrando efectividad en campos alternativos a los clásicos de aplicación.

“He visto una luz al final del túnel”. Esta es la consabida frase que los medios de masas, a través de la cultura popular, nos han hecho llegar como representación de lo que algunos consideran “experiencias extracorpóreas” o “cercanas a la muerte”. Pero, más allá de consideraciones sobrenaturales, hay un conocido fármaco anestésico que puede estar detrás de algunas de estas experiencias: la ketamina.

Algunas de las personas que relatan estas experiencias de escape extracorpóreo y percepción del mismo -desde un punto de vista alejado al propio cuerpo físico- estaban en ese momento siento sometidas a una intervención quirúrgica bajo los efectos sedantes de la ketamina.

Hablamos de un fármaco que posee potentes propiedades psicotrópicas; esos populares fenómenos de escape y viaje por el túnel en el momento de la muerte encontraron así una lógica científica.

La ketamina es capaz, al igual que otras drogas de recreo, de generar fenómenos de disociación perceptiva en los que la composición de percepciones, en la modalidad sensorial que sea -incluyendo la percepción del tiempo y la de uno mismo como ser íntegro, pero diferenciado- se produce de manera desordenada o ilógica.

Por eso, el fenómeno perceptivo final emerge distorsionado, entremezclado; se producen transferencias sensoriales intermodales (como oír un color, degustar un sonido, etc.) y, en casos algo más extremos, el sentido direccional del tiempo cambia o se revierte, se expande o contrae, y la persona deja de reconocer sus propios límites físicos e integrantes corporales.

Las alucinaciones multisensoriales -visuales, auditivas, gustativas, táctiles y olfativas- se dan entonces de manera frecuente, al igual que la vivenciación ‘in situ’ de verdaderos episodios espaciales y temporales alejados de la temporo-espacialidad del momento y lugar presentes del individuo –fenómeno informalmente conocido como ‘viaje’-.

Muy frecuentemente, y según los propios relatos de las personas afectadas, se desarrollan verdaderos intercambios dialécticos y experienciales con personas ya fallecidas, personajes ficticios, o incluso una versión diferente de uno mismo; es común también que surja la creencia subjetiva de haber fallecido y que el individuo experience exaltación ansiosa y emociones desorbitadas –sobre todo las relativas al miedo-.

Fórmula química de la ketamina

A dosis terapéuticas y controladas, como en una mesa de quirófano, estos efectos psicoactivos son reversibles y transitorios, mientras que ingerida en dosis distintas, la ketamina puede inducir un profundo estado disociativo (conocido popularmente como “agujero K”).

Puede también inducir a la percepción de cosas, personas y situaciones no reales hasta un extremo difícil de conciliar con la propia realidad, y bajo un gran riesgo de provocar secuelas o promover brotes psicóticos en personas predispuestas biológicamente a ello.

Esta problemática hizo del uso de la ketamina una cuestión altamente controvertida, y por ello su utilización legal en humanos se ha restringido en los últimos años –empleándose, en ocasiones, sólo como último recurso-, manteniéndose como anestésico de elección en cirugía veterinaria de grandes animales.

¿Qué es la ketamina?

La ketamina es un tipo de medicación empleada esencialmente para la inducción y mantenimiento de la anestesia en cirugía humana, tanto adulta como pediátrica. Tiene la capacidad de inducir un estado similar al trance, a la vez que proporciona:

  • Alivio del dolor.
  • Sedación.
  • Pérdida de memoria.

Además de este uso quirúrgico, que también es extensivo a la ciencia veterinaria, la ketamina se emplea en el abordaje del dolor crónico y para sedación rápida en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

Mientras el fármaco ejerce sus efectos, se observa una conservación relativa de la función cardíaca, respiratoria y de varios reflejos. Normalmente, no es hasta que los efectos comienzan a debilitarse que aparecen reacciones secundarias poco deseables, como por ejemplo:

  • Elevación de la presión arterial.
  • Depresión respiratoria.
  • Contracciones musculares involuntarias.
  • Agitación.
  • Confusión.
  • Alucinaciones.

Estos son los efectos atribuibles a este fármaco cuando se emplea, de manera ilegal y con fin recreativo, a dosis mayores o administradas de forma diferente a las estrictamente clínicas.

Usos alternativos de la ketamina

Pese a su mala fama, a los impedimentos políticos y legales que envuelven a esta sustancia -considerada ahora ampliamente como una droga adictiva-, a las reticencias de la esfera clínica, farmacéutica y del propio colectivo de pacientes, son numerosas las investigaciones que se han hecho acerca de usos alternativos.

“Declara el pasado, diagnostica el presente, predice el futuro”.

-Hipócrates-

Su mecanismo de actuación pasa por bloquear selectivamente el conocido receptor NMDA (N-metil-d-aspartato), que además de reducir globalmente la actividad cerebral dificulta también la retención mnésica y palía temporalmente los síntomas depresivos.

Esta acción, junto con su farmacocinética y su farmacodinámica, hace de la ketamina un potente anestésico y sedante; muy práctico para aplicaciones médicas, pero también la convierte en una contundente droga disociativa, precisamente por su vínculo con el receptor NMDA.

Además de los usos mencionados –considerados como ‘típicos’ en práctica clínica-, existen otros usos menos explotados para los que la ketamina parece ser una alternativa efectiva:

  • Como coadyuvante en el tratamiento de la depresión.
  • Como hipnótico o inductor al sueño.
  • Para reducir la incidencia de crisis epilépticas.
  • Como neuroprotector, sobre todo en casos de daño cerebral.
  • Para colaborar en mitigar los efectos del trastorno por estrés postraumático y también en el tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo.
  • Como reductor de la sintomatología asmática.

Hombre triste y preocupado

Ketamina y depresión

De entre todos los nuevos y sorprendentes usos atribuibles a la ketamina, el que más interés parece estar despertando, y el que según todos los indicios más tempranamente recibirá aplicación clínica y comercialización, es su uso como complemento a la terapia antidepresiva

A este respecto, y muy al margen de la tan aceptada hipótesis monoaminérgica que durante tantas décadas ha alimentado la investigación y generación de familias de fármacos antidepresivos, la verdadera nueva noticia es que, precisamente, los más beneficiados son los que peor han respondido a los antidepresivos comunes.

Es decir, la ketamina actúa allí donde otros antidepresivos no lo hacen; está dando unos buenos resultados en personas cuya depresión se muestra resistente a fármacos habituales. Un resultado que muy pocos científicos pensaron en contemplar.

En ocasiones, las soluciones se encuentran mucho más próximas de lo que pensamos; nuestro afán por las grandes hazañas nos hace mirar hacia nuevos horizontes cuando, posiblemente, tengamos una respuesta delante mismo de nosotros.