La acción es la verdadera medida de la inteligencia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 25 marzo, 2017
Fátima Servián Franco · 25 marzo, 2017

Cada vez que actuamos o hacemos algo estamos transmitiendo y dejando un impacto en los demás y en nosotros mismos. De ahí la importancia de tener una perfecta sintonía entre lo que sentimos, pensamos y hacemos. La acción nos define; pensemos que si queremos transmitir algo, serán nuestros hechos los primeros que hablarán por nosotros.

Actuar es dejar de tener un rol pasivo para pasar a tener un rol activo. Se trata del efecto que una persona tiene sobre una determinada situación. La última instancia de la inteligencia está en lo que hacemos. Podemos pensar que alguna vez haremos eso que tanto anhelamos, fantasear con posibles hechos que deseamos hacer, pero solo se podrán llevar a cabo si actuamos.

Cualquier comportamiento que repitamos regularmente construye nuestra identidad, estilo de vida, y la actitud que tendremos ante la vida. Por eso es tan importante incluir en nuestros hábitos diarios actividades que nos acerquen a nuestros objetivos. Estos no se conseguirán por el simple hecho de pensarlos o por golpes de suerte: actuemos para lograr nuestras metas.

Somos más que lo que hacemos, sin embargo, nuestras acciones definen nuestra identidad.

Cuando la acción se queda en intención

La intención es la voluntad, es el pensamiento, es la idea. Se trata de un fenómeno mental que necesita de hechos para hacerse realidad. Podemos tener la intención de mejorar o progresar, pero si no llevamos a cabo acciones, la intención solo se quedará en un puñado de ilusiones.

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Si buscamos el momento perfecto para actuar, ese momento nunca llegará. Para que la acción no se quede en mera intención, tenemos que creer que el momento para actuar es hoy. Un hecho, por más pequeño que sea, siempre será mejor que la intención más grande.

Muchas de las intenciones y promesas -que se nos hacemos a nosotros mismos y a los demás- no se llegan a cumplir porque no somos capaces de pasar a la acción. A veces la dificultad de nuestras decisiones se ve multiplicada por el miedo a equivocarnos; pero más vale actuar y arrepentirnos, que arrepentirnos de no haber hecho nada.

“Nuestra naturaleza está en la acción. El reposo presagia la muerte”

-Séneca-

La recompensa de una acción está en haberla hecho

¿Qué nos lleva a actuar de una manera u otra? ¿Cuáles son los motivos que nos llevan a actuar tal como lo hacemos? Las motivaciones que nos guían en nuestra vida diaria las podemos encontrar entremezcladas, siendo las motivaciones internas más poderosas y efectivas que las externas.

Cuando actuamos para superarnos a nosotros mismos, estamos reforzando lo que hacemos solo por habernos puesto en marcha. Si la realización de la conducta en sí misma es lo que nos mueve, los motivos que conducen a la activación de este patrón conductual son inherentes a nuestra persona sin necesidad de estímulos externos. Este tipo de motivación es la que nos lleva a la acción y esta acción es la que nos llevará al éxito en aquello que nos propongamos.

La motivación interna es el arte de motivarnos para la acción. Esta no nace con el objetivo de conseguir un beneficio económico ni resultados inmediatos. Emerge del interior de la persona con el fin de satisfacer sus deseos de autorrealización y crecimiento personal.

Mujer saltando

La sensación de estancamiento suele aparecer cuando no hay una motivación clara y definida para actuar para actuar. Esta apatía suele ir acompaña de una creciente negatividad anímica. Así, las barreras mentales que nos impiden pasar de las palabras a los hechos pueden convertirse en nuestro enemigo más peligroso.

Piensa que los cambios que quieres para ti nunca llegarán si no diseñas un plan y lo ejecutas. Quizás te equivoques haciéndolo, pero el aprendizaje que obtengas no dejará de ser un paso más en la dirección que anhelas, aunque necesites un tiempo para levantarte y volver a intentarlo. Entonces serás más fuerte, más sabio.

“El hablar que no termina en acción, mejor suprimirlo”

-Thomas Carlyle-