La adversidad no siempre nos hace más resilientes

13 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
No todo el mundo que pasa por un momento difícil sale siendo más fuerte, más sabio o más hábil. Muchos quedan atrapados en la tormenta bastante tiempo. Porque la resiliencia no es algo que aparezca de manera automática, hay que saber desarrollarla.

La adversidad no siempre nos hace más resilientes. Hemos llegado a un punto en el que el concepto de resiliencia se ha revestido de un envoltorio excesivamente luminoso y hasta alejado de la realidad. No todo el que transita por una época de dureza y dificultades logra activar esta maravillosa competencia. A veces, los días duros nos hunden y que esto suceda, también entra dentro de la normalidad.

Vivimos un momento de transformación a todos los niveles. Quizá, por ello, enfoques como el positivismo más optimista ya no nos sirven del mismo modo que en años pasados. Así, el clásico Always look on the bright side of life (mira siempre el lado bueno de la vida) que cantaban en la Vida de Brian, ya no resulta tan efectivo en las actuales circunstancias.

Ahora mismo, estamos obligados a divisar las dificultades y los riesgo que tenemos frente a nosotros. No podemos girar el rostro, no basta solo con decirnos aquello de «todo va a salir bien y de esta salimos siendo más fuertes». Es momento de dejar espacio a otras posibilidades, aprender a procesar la adversidad, las emociones negativas y ese lado menos amable de la vida.

La resiliencia existe, pero no funciona como piloto automático. No se activa sola y no siempre lo hace cuando más lo necesitamos. Es por ello que debemos entender cómo funciona realmente esta valiosa competencia psicológica.

Chica triste en el campo simbolizando que la adversidad no siempre nos hace más resilientes

La adversidad no siempre nos hace más resilientes, pero podemos aprender

Nos hemos acostumbrado a etiquetar las experiencias -como las emociones- en «buenas» o «malas». Algo así provoca que muchas personas se hayan vuelto intolerantes a todo aquello que queda en este último extremo. Y en sí mismo, es comprensible.

Preferimos la estabilidad, la complacencia, la armonía de ese día a día en el que darnos placeres, disfrutar de esa normalidad en la que nada desafina y todo está en equilibrio.

Sin embargo, cuando llega lo imprevisto, el filo de los problemas y el estruendo de la dificultad en cualquiera de sus formas es común que aparezca el bloqueo. Uno queda sin respiración y sin recursos psicológicos para avanzar entre la tormenta.

La adversidad no siempre nos hace más resilientes porque no todos sabemos cómo activarla. Es más, hay veces en que lo que tenemos delante es un momento de gran dureza que no todos logran superar. Profundicemos un poco más.

Resiliencia no es hacer frente a la adversidad es «navegar» con ella

A menudo, cuando hablamos de la resiliencia es común hacer uso de la metáfora del faro. Visualizamos un mar agitado y con violento oleaje embistiendo esta construcción, cuya resistencia, es infinita. No importan los vientos, las tormentas y la fuerza de mil océanos, ese faro aguanta cualquier cosa.

Bien, esta metáfora sobre la resiliencia es errónea. En su lugar, debemos usar una visión algo menos heroica, algo menos reluciente e inspiradora. Lo más adecuado es seguir la lección de la «boya de mar». Consiste en lo siguiente:

  • En lugar de luchar contra las olas (la adversidad), hay que moverse con ellas como hacen las boyas de mar.
  • Hay que mantener la flotabilidad, es decir, la claridad mental y la templanza para transitar entre esos días de tormenta.
  • La auténtica clave es tener algo a lo que aferrarse (tener un ancla).
  • Esa ancla interna también se compone de nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos. Ellos son quienes nos aferran y quienes nos ayudan a movernos en esos días complicados.

La adversidad no siempre nos hace más resilientes (hay procesos que llevan tiempo)

La adversidad no siempre nos hace más resilientes. En ocasiones, los días duros son solo eso, días complicados que nos hacen caer durante un momento y que luego pasan, sin darnos ninguna lección. Otras veces, no nos es posible activar la resiliencia porque carecemos de esas anclas, de recursos de afrontamiento:

  • Hay veces en las que en medio de la adversidad caemos hundidos. El hecho de que esto suceda es más normal de lo que pensamos.
  • Si no fuera así, no existirían los psicólogos, los psiquiatras y todos los especialistas en salud mental. Porque no somos héroes, no somos faros que todo lo resisten. Somos humanos, personas falibles que a veces caen.
  • Necesitar que otras personas expertas nos doten de herramientas para que afrontemos lo que duele es algo perfectamente normal.
Hombre frente al mar simbolizando que la adversidad no siempre nos hace más resilientes

Hay quien puede con todo y ve oportunidades, otros solo aspiran a sobrevivir (y todo es igual de aceptable)

La adversidad no siempre nos hace más resilientes, es cierto. Es más, hay quien es inmensamente hábil en estas circunstancias; no solo hace frente a cualquier dificultad sino que incluso le saca provecho. Ahora bien, otros en cambio, se limitan a estar en modo supervivencia. Es decir, a soportar lo que ocurre, a mantenerse a flote para no ir a la deriva.

Tengámoslo claro, ambas situaciones son igual de aceptables y admirables. El objetivo en todos los casos cuando llegan los días oscuros, es salir de ellos con salud física y mental. Ese es el auténtico éxito y nuestro verdadero objetivo.

Habrá quien cruce ese umbral con mejores recursos y nuevas ganancias. Otros solo sentirán alivio de haber dejado esa niebla para iniciar una nueva etapa. 

Cualquiera de estas dos circunstancias son adecuadas. Lo importante es seguir navegando, seguir avanzando hacia un horizonte de esperanza.