La amabilidad, una fuerza que derriba cualquier muro

Edith Sánchez · 14 mayo, 2018

En la actualidad, parece que la amabilidad está en peligro de extinción, sobre todo en las grandes ciudades. Esto tiene una explicación antropológica, ya que las grandes concentraciones de población generan mayores tensiones y promueven un trato impersonal. De hecho, es uno de esos factores que dificulta la salud psicológica y emocional en esos espacios.

Existen muchos lugares en los que por ejemplo, saludar al vecino es algo extraño. Se asume como una pérdida de tiempo, o una zalamería innecesaria. Cada quien va a lo suyo. En este tipo de luagres no se valoran los gestos de amabilidad de los demás, siendo más proclives a que las personas que allí habitan desarrollen problemas relacionados con la ansiedad, la depresión o dificultades para sobrellevar la vida con buena actitud.

La amabilidad es como una almohadilla, que aunque no tenga nada por dentro, por lo menos amortigua los embates de la vida”.

-Arthur Schopenhauer-

Incluso dentro de las mismas familias a veces se pierden esos gestos cariñosos, debido al trato diario y la confianza excesiva. Ahora bien, las expresiones de amabilidad no son un lujo, sino un estilo de vida que se imprime en las relaciones con los demás. Nutren las emociones positivas y nos protegen de las negativas.

El gen de la amabilidad

La ciencia ha demostrado que todos venimos al mundo con un gen de la amabilidad incorporado. En otras palabras, somos una especie que necesita de los otros para sobrevivir y tenemos la marca biológica de ello. El altruismo y la cooperación han sido decisivos para que el ser humano haya evolucionado.

mamá con sus hijos simbolizando la amabilidad

Algunos estudios demuestran que desde los 6 meses los niños ya expresan comportamientos afables hacia otros. Hacen elecciones entre cerrarse o abrirse a los demás. Con frecuencia eligen interactuar y ser generosos con los otros. También son muy receptivos a las expresiones de amabilidad.

Por lo tanto, lo natural es que seamos agradables con los demás. La falta de amabilidad es el resultado de una civilización que promueve el individualismo al extremo. Vamos en contra de nuestro fuero interno cuando vemos a los demás como unos perfectos extraños que nada tienen que ver con nosotros.

La amabilidad es una fortaleza

La amabilidad es una actitud sumamente elaborada. Implica autocontrol, seguridad en sí mismo, empatía, valoración de los demás y conciencia respecto a la relación entre el individuo y el grupo. Es también una enorme fuerza dentro de las relaciones sociales. Se gana muchísimo más siendo amable, que con la indolencia o la sequedad en el trato.

Una persona amable es alguien con la inteligencia emocional desarrollada. Es una de esas actitudes que se contagian. Lo usual es que alguien amable genere amabilidad y buena voluntad a su alrededor. Esto es una excelente manera de prevenir conflictos, o de impedir que tomen grandes dimensiones.

Dos personas abrazándose simbolizando la amabilidad

La amabilidad promueve el buen carácter. Supone expresar cariño y consideración por los demás, sin descuidarnos a nosotros mismos. Es una actitud capaz de calmar a alguien furioso y consolar a quien está triste. Por algo amabilidad es una palabra que viene del latín amabilis, que significa: digno de ser amado.

Los beneficios de la amabilidad

Si partimos del hecho de que somos seres sociales y naturalmente predispuestos a cooperar con otros, de lo que se trata entonces no es de aprender a ser amables, sino de desaprender las conductas de hostilidad o indiferencia. Vale la pena.

Las ventajas de la amabilidad son enormes. Estas son algunas de ellas:

  • Protege la salud física. Una persona amable tiene un menor número de conflictos con los demás y con el mundo. Esto, en términos cerebrales, implica menos producción de cortisol y más oxitocina (la hormona “de la felicidad”) a disposición.
  • Preserva la salud mental. Ser amable con otro estabiliza nuestro estado de ánimo y previene los estados de estrés y ansiedad. Los actos de bondad nos hacen sentir mejor con nosotros mismos. Nos hacen más seguros y confiados.
  • Contribuye con las buenas relaciones sociales. La amabilidad nos saca del ensimismamiento y nos ayuda a conectar con los demás. Nutre los entornos para que sean más colaborativos y acogedores. Ayuda a que todo fluya adecuadamente.
  • Es un mecanismo de protección contra la “mala vibra” de otros. La amabilidad tiene el poder de desactivar actitudes negativas en los demás. En esa medida, es una barrera y una respuesta eficaz contra las agresiones y los rechazos.

Amigos abrazados

Antes de terminar, es importante hacer una aclaración. Ser amable no es ser servil. Tampoco acostumbrarse a “poner la otra mejilla”. Más bien se trata de un estilo de conducta y de comunicación, que reafirma a la persona cuidando de no pasar por encima de nadie, ni de ser insensible con los demás.