¿Cómo influye el clima familiar en la educación de los más pequeños?

Laura Reguera · 13 enero, 2018

Educar a los hijos no es tarea fácil. Los pequeños son seres humanos en desarrollo que van aprendiendo, con ayuda de sus padres y poco a poco, a regular sus emociones y controlar sus conductas. Los progenitores pueden verse en este proceso sin saber cómo hacerlo, cansados o estresados por otros factores. Así, pueden llegar a exaltarse y a perder la paciencia, sobre todo cuando aparecen rabietas u otros comportamientos considerados como inadecuados.

Todo esto influye en el clima familiar, algo que también es fundamental en la educación de los menores. Sin embargo, aunque el efecto del clima familiar es conocido, tradicionalmente se le ha prestado más atención a otros aspectos, como la manera que tienen los padres de poner límites o de hacer que sus hijos cumplan con ciertas normas. Así, en este artículo vamos a hablar precisamente de esa influencia que ha sido menos estudiada y considerada, la que ejerce el clima familiar sobre los más pequeños.

“Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos y sabrás cuánto debes a tus padres”.

-Proverbio oriental-

¿Qué es el clima familiar?

Para comprender mejor cómo influye el clima familiar en la educación de los más pequeños, el primer paso consiste en identificar exactamente a qué nos referimos cuando hablamos de ese “clima familiar”. Así pues, es el bienestar o malestar que resulta de la interacción entre los distintos miembros de la familia.

Estas interacciones son muy variadas. Van desde sanciones, reproches o límites hasta ayudas, calificaciones o refuerzos. Es decir, en general hablamos de comportamientos de interacción. Como es fácil de imaginar, dichas conductas pueden tener efecto en los demás familiares.

Familia

De esta manera, los niños influyen en los padres y estos en los pequeños a su vez. En cuanto a la educación de los menores, el clima familiar puede influir en el sentido de autoeficacia de los pequeños, en su implicación y su motivación, en sus logros académicos y en qué comportamientos adopten como hábitos o rutinas.

¿Cuándo hay un clima familiar negativo?

Ahora bien, esta influencia puede ser positiva o negativa. Así, hablamos de clima familiar negativo cuando estas interacciones favorecen comportamientos egocéntricos, violentos, disruptivos o intolerantes en los miembros de la familia, de forma que interfieran en su bienestar.

De hecho, cuando esto sucede, encontramos una baja cohesión entre los miembros de la familia y un elevado número de conflictos. Como es fácil de imaginar, se convierte así en una fuente de estrés que conlleva malestar emocional para hijos y padres. Pero no solo eso, también puede producir problemas de conducta en los pequeños, por lo que es un claro factor de riesgo para el bienestar de todos.

¿Qué es lo que propicia este tipo de clima familiar? Hay ciertos hábitos de los padres que van a favorecerlo. De hecho, se ha encontrado que tener una excesiva autoridad, usar de forma reiterada, única y desproporcionada el castigo contra los hijos o la falta de reglas claras puede favorecer precisamente que se desarrolle un ambiente familiar negativo.

“Yo sé porqué las familias han sido creadas con imperfecciones. Te humanizan. Están hechas para que te olvides de ti mismo de vez en cuando, para que el hermoso equilibrio de la vida no se destruya”.

-Anais Nin-

¿Cuándo hay un clima familiar positivo?

Pero, al igual que el clima familiar puede ser negativo, también puede ser positivo. Esto se consigue cuando los padres establecen unas reglas claras, usan el tiempo fuera y los refuerzos con más frecuencia que el castigo, tratan de razonar con los pequeños, les escuchan, les elogian y apoyan aquellas conductas positivas que quieren que el niño asimile como hábitos.

De esta manera, aparecen conductas prosociales y actitudes de interés, respeto, ayuda, participación, cooperación y flexibilidad. Los niños tienen mayor autonomía, autoestima iniciativa y confianza, de forma que se desarrollan de manera más estable y competente, tanto a nivel social como físico, intelectual, comportamental y afectivo.

Padre con hijo

En definitiva, el ambiente familiar es una de las variables que más puede sumar o restar a la educación de los más pequeños. El desarrollo y fomento de unas adecuadas relaciones y lazos familiares es una parte esencial para que los niños asimilen patrones de interacción que en un futuro favorezcan sus relaciones sociales y la seguridad con la se desenvuelvan en el medio social.

Imágenes cortesía de Kevin Delvecchio, John Mark Kuzniet y Sebastian León Prado.