La ansiedad como aliada, no como enemiga

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Miriam Recio Ventosa
La mayoría de las personas ven a la ansiedad como su peor enemiga, como aquella sensación de la que escapar y huir. Sin embargo, si hacemos las paces con ella todo irá mucho mejor.
 

Muchas personas reprimen y niegan su ansiedad con el fin de evitar experimentarla. El malestar les resulta tan vergonzoso, que muchas veces no lo piensan dos veces y ponen todo su empeño en luchar contra él. Sin embargo, siempre queda allí. No desaparece ni disminuye su intensidad. Por esta razón, los expertos recomiendan tomar la ansiedad como aliada, en lugar de enemiga.

Pensar en la ansiedad como aliada es algo que a muchas personas les puede resultar difícil en primera instancia, puesto que desconocen los beneficios que esto puede brindarle a su vida. También porque pueden tener cierto miedo a intentar realizar ciertos cambios.

Profundicemos más en este interesante tema.

Mujer con ansiedad

La ansiedad es famosa, pero no siempre es bien entendida

El concepto de “ansiedad” está siendo muy escuchado desde hace un tiempo relativamente corto. Vivimos en una sociedad fugaz, de estrés, de rutinas, obligaciones y hábitos muy pautados que no nos permiten conectar con nosotros mismos.

Vivimos “hacia fuera”, conectados con el exterior. Un exterior cambiante, lleno de imprevistos e incertidumbre, muchas veces fuera de nuestro control. Esta forma de «correr» por el mundo, hace que nos sea difícil detenernos a preguntarnos qué necesitamos.

 

Vamos con el piloto automático puesto, sin cuestionarnos nada, pero eso sí, instalados en la queja y en el pensamiento negativo, llegando incluso a pensar: esta no es la vida que he escogido. 

Por no afrontar ese miedo a la incertidumbre, nos instalamos en una zona de confort que ni es confortable ni es sana, pero que al menos nos resulta conocida. 

Entonces, ese famoso más vale malo conocido que bueno por conocer nos lleva al conformismo y, por ende, a la ansiedad, ya que no estamos haciendo ni viviendo lo que necesitamos, siendo incoherentes con nosotros mismos. Lo que pensamos, sentimos y hacemos no está en consonancia.

Aunque no lo creamos, podemos hacer algo al respecto. En nuestras manos tenemos el poder para realizar algunos cambios, aunque estos nos den algo de miedo.

Tan mal vista como Maléfica

Figura de Maléfica

La ansiedad tiene mala fama. Y es normal, porque produce síntomas desagradables como: taquicardia, boca seca, presión en el pecho, dolor de cabeza, de barriga, dificultad para respirar, entre otros. 

Al igual que otras emociones, mientras más luchemos contra ella y la tomemos como una enemiga, más se va a quedar acompañándonos en nuestro día a día. Por ello, los expertos nos recomiendan intentar darle la vuelta a su imagen y significado, buscar entenderla y vivirla como una aliada, como alguien que “juega a nuestro favor”. 

 

Aunque al principio parezca imposible, es posible tener a la ansiedad como aliada. Para ello, podemos cambiar el concepto que tenemos de ella, poco a poco.

¿Cómo empezar a ver la ansiedad como una aliada?

Veamos la ansiedad como una sensación que nos advierte de que algo no va bien emocionalmente (y que podemos atajar y corregir). Es decir, podemos tomarla como una especie de alarma, como un conjunto de síntomas físicos que nos avisan y recuerdan que no estamos haciendo lo que necesitamos, que quizá estamos yendo en nuestra contra nuestra, sin escucharnos, ni hacernos verdadero caso, sino haciéndonos daño.

Entendamos la ansiedad como un aviso de que nos estamos olvidando de nosotros mismos y que estamos dando demasiada importancia a lo de fuera.

Cuando dejamos de luchar contra la ansiedad y escuchamos el mensaje que nos intenta dar, deja de lastimarnos. Ya no es el hada que viene a maldecirnos, sino la que se sitúa a nuestro lado para recordarnos que debemos cuidarnos mejor.

Veamos un ejemplo: si estamos trabajando demasiadas horas y no nos permitimos tener momentos con la familia, la pareja, los amigos o a solas, quizás no podamos parar por nosotros mismos, porque somos muy autoexigentes y creemos que al detenernos nos llenaremos de culpabilidad.

 

Para intentar que nos detengamos, el cuerpo nos va a enviar señales físicas desagradables de que debemos poner el freno. En este caso, el mensaje de la ansiedad es que necesitamos escucharnos y cuidarnos, descansar y disponer de tiempo libre para recargar pilas.

Pero, qué miedo da parar, ¿verdad? Evitamos hacerlo porque sabemos que si conectamos con nosotros, podemos ver que quizá hay algo en nuestra vida que no nos gusta y tendremos la responsabilidad de cambiarlo. Y esas decisiones muchas veces son difíciles de tomar, ya que conllevan cambios e incertidumbre. Entonces pensamos que es mejor no verlo «porque si no lo vemos, no existe». 

Maléfica abrazando a Aurora

¿Y si la ansiedad no nos avisara? Pues seguiríamos haciendo cosas para evitar mirar hacia nosotros mismos y las consecuencias físicas y emocionales serían más importantes que la ansiedad. No pararíamos y nos haríamos cada vez más daño.

Escuchemos a nuestra ansiedad para poder ser realistas y no autoengañarnos. Tomémosla como aliada. Recibámosla y apreciemos las ganancias que nos puede brindar. Solo así, se podrá ir.