La ansiedad secundaria: características y peligros asociados

28 junio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Respiración acelerada, el corazón que se desboca, sensación de fatalidad... La ansiedad secundaria es la angustia por los propios síntomas ansiosos. Es miedo al miedo y esa sensación desesperada a volver a perder el control sobre nosotros mismos.

La ansiedad secundaria aparece como consecuencia del propio sufrimiento de vivir con ansiedad. Pocas realidades llegan a ser tan desgastantes como situarse en ese punto en el que la persona tiene la sensación de no tener control sobre sí misma. Es vivir con temor a que en cualquier momento, aparezca de nuevo un ataque de pánico y que los síntomas ansiosos se intensifiquen aún más.

Ahora bien, es importante destacar a su vez lo que nos señalan desde las instituciones médicas. Es común llamar también ‘ansiedad secundaria’ a ese universo de emociones contradictorias y angustiantes surgidas a raíz de una enfermedad. Así, trastornos neurológicos, como el Parkinson, vivir con fibromialgia o lidiar con un cáncer, derivan a menudo en más de un trastornos psicológico.

Sea como sea, hay algo evidente: todos somos candidatos a padecer ansiedad primaria en algún instante. Es algo normal, un hecho que puede surgir como consecuencia de nuestra presión laboral, de nuestras relaciones o de nuestra incapacidad para afrontar el estrés. En caso de que logremos manejar estas dimensiones de manera hábil y efectiva, no derivará en ansiedad secundaria.

Ahora bien, si nos sentimos superados, si llega ese momento en que no podemos lidiar con tantas sensaciones,  pensamientos y emociones contrapuestas, la ansiedad se autoalimenta de manera desproporcionada. Los efectos además, pueden ser bastante significativos. Conozcamos más datos sobre el tema.

«No siempre se puede controlar lo que sucede afuera. Pero siempre puedes controlar lo que pasa dentro”.

– Wayne Dyer-

La ansiedad secundaria: ¿qué síntomas tiene?

Hay quien señala a la ansiedad como edificada a base de muchas capas de estrés superpuestas unas sobre otras. Esto es especialmente común, por ejemplo, en el trastorno de ansiedad generalizada, ahí donde ya desde la adolescencia, la persona presenta una tendencia a preocuparse en exceso de las cosas, a sentirse superada por las obligaciones, a experimentar excesivos miedos, a tener problemas para manejar las emociones…

Poco a poco, esa ansiedad primaria se va incrustando en cada recoveco mental hasta que un día, surge el primer ataque de pánico. Esta experiencia suele ser siempre muy aterradora. Hay quien tiene la clara sensación de que va a morir, de que está sufriendo un infarto de miocardio. Sin embargo, cuando el médico les aclara que lo sucedido tiene su origen en lo psicológico y no en lo físico, la persona pasa a una nueva etapa. Esa donde aparece ya la ansiedad secundaria (o el miedo a la propia ansiedad y sus consecuencias).

Estos son los síntomas más comunes.

  • Por término medio, las personas que sufren ansiedad secundaria son muy exigentes consigo mismas. De ahí, que el hecho de sufrir ansiedad y ataques de pánico las sitúe en un estado de cierta ira y rechazo de sí mismas por no poder ‘controlar’ esa realidad. La propia ansiedad acaba generando así una mayor ansiedad.
  • Se caracterizan a su vez por una gran hipervigilancia. Es decir, siempre están alertas ante posibles amenazas en su entorno, reaccionan de manera sobredimensionada ante sonidos, olores, sensaciones…
  • Se sienten derrotados y superados la mayor parte del tiempo.
Mujer con ansiedad

¿Qué peligros se derivan de la ansiedad secundaria?

Albert Ellis, creador e impulsor de la Teoría Racional Emotiva, ya señaló en su día que es importante diferenciar entre ansiedad primaria y ansiedad secundaria. De hecho, los casos más acusados, como son los trastornos de pánico y la ansiedad generalizada, tienen como origen a un paciente que ha terminado habituándose a su ansiedad primaria hasta derivar en una realidad más profunda, compleja y peligrosa en muchos casos.

Así, es importante saber que un ataque de pánico nunca aparecerá si somos capaces de manejar ese estado interno antes de que aparezca de forma definitiva, la ansiedad secundaria. Ahora bien ¿qué pasa cuando esta ya ha hecho su acto de presencia y la hemos internalizado?

  • La ansiedad secundaria termina quitándonos toda sensación de control sobre nosotros mismos. Mina la autoestima y la autoconfianza por completo.
  • A su vez, en este estado nos cuesta mucho hacer uso de un enfoque racional y reflexivo para entender la razón por la que hemos llegado a este punto. Sobredimensionamos la ansiedad de manera que llegamos a decirnos a nosotros mismos que ya no hay solución. Se crean por tanto, enfoques psicológicos muy rígidos.
  • Otro hecho importante es que la ansiedad secundaria es la base para que aparezcan otros trastornos. Así, es común que se derive en agorafobia, depresión mayor o incluso que algunos pacientes recurran al abuso de sustancias.

¿Cómo se trata la ansiedad secundaria?

Por término medio, el enfoque terapéutico para la ansiedad secundaria demanda antes de nada conocer la realidad individual del paciente. Se hará un diagnóstico, se profundizará en sus características, contexto, circunstancias, historial médico, etc. En segundo lugar, se combinan tratamientos específicos (en ocasiones será necesario un enfoque farmacológico) con otros más amplios dependiendo siempre de las necesidades de la persona.

Por ello, es común que se hagan uso de las siguientes estrategias:

  • Informar al paciente sobre qué es la ansiedad, qué son los ataques de pánico y acercarle a su vez realidad de su diagnóstico (bien si padece ansiedad generalizada, fobias, etc.).
  • Identificar las conductas y enfoques erróneos que usa el paciente y que intensifican su ciclo de ansiedad.
  • Entrenar en estrategias y técnicas cognitivas para evitar la preocupación, los pensamientos catastrofistas y automáticos.
  • Entrenar en técnicas de relajación y respiración.
  • Exposición controlada a las situaciones o estímulos temidos.
  • Ofrecer estrategias de gestión del tiempo, de habilidades sociales,  planificación de actividades placenteras, trabajar objetivos vitales, etc.

Para concluir, lo ideal es que fuéramos capaces de solicitar ayuda antes de que la ansiedad primaria se convierta en secundaria. De este modo, evitaríamos llegar a situaciones de elevado desgaste psicológico donde en muchos casos hay otras realidades latentes, como puede ser una depresión. No obstante, con la ayuda de un buen profesional siempre podremos lidiar mucho mejor con estas dimensiones para ganar en bienestar y recuperar el control de nuestras vidas.

 

  • Rogers, M. P. et. Al. (1999) Comparing primary and secondary generalized anxiety disorder in a long-term naturalistic study of anxiety disorders. Depress Anxiety; 10(1): 1-7.