La complejidad de las identidades sociales

14 junio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Roberto Muelas Lobato
La identidad social condiciona en buena medida cómo nos sentimos, pensamos o actuamos. Es sensible a los grupos a los que pertenecemos e influye sobre aquellos nuevos en los que nos integramos o sobre aquellos que abandonamos.

Nuestra identidad personal, en cierta medida, depende de nuestras identidades sociales. Quién soy depende de quiénes somos. Así, la pertenencia a distintos grupos va a tener efectos en diferentes planos, desde nuestra personalidad hasta niveles colectivos. Esto se debe a que no somos seres individuales, sino que además vivimos en sociedades en las que interactuamos con otras personas.

A fin de comprender la identidad social, es necesario distinguirla de la identidad personal. Por un lado, la identidad personal son las características que nos hacen únicos. Por otro lado, la identidad social es la parte del autoconcepto que deriva de la membresía en un grupo social y del significado emocional y el valor que acompaña esa membresía.

De esta forma, contamos con, al menos, dos tipos de identidades: la identidad personal y la identidad social. Sin embargo, en la realidad pertenecemos a más de un grupo, por lo que tenemos varias identidades sociales. ¿Cómo funcionan tantas identidades juntas? De una en una. La activación de una identidad, ya sea la personal o una de las sociales, va a llevar a que las demás se desactiven.

Legos en grupo representando la psicología social

Formación de la identidad social

La comprensión de la identidad social empieza por la autocategorización. Las personas tenemos tendencia a categorizar. A ordenar en categorías los objetos del mundo a fin de simplificar su comprensión. Esto aplica también a las personas. Dividimos a las personas en diferentes categorías, lo cual nos lleva a autocategorizarnos o incluirnos en algunas de esas categorías.

A partir de esta autocategorización, surge una preferencia por la propia categoría que nos lleva a distinguirnos de las demás categorías o grupos. De esta forma, la preferencia por el propio grupo se materializa en la preferencia por sus normas, valores y comportamientos. Finalmente, surge la conciencia grupal. Esto es, hacerse consciente de la pertenencia a un grupo y reconocer a sus miembros como tales.

El hecho de identificarse con un grupo no solo significa que pertenecemos a un grupo. La identificación también tiene efectos psicológicos que se da a diferentes niveles, lo que la convierte en un fenómeno multidimensional. A un nivel individual, podemos distinguir entre los efectos cognitivos, los emocionales y los motivacionales.

La identificación a nivel individual

En primer lugar, los dos efectos cognitivos más importantes son la autocategorización y la importancia de pertenecer al grupo. Por un lado, la autocategorización, que ya se ha explicado, puede resultar en la despersonalización que se da cuando… Por otro lado, la importancia se mide en términos de centralidad y de prominencia. En otras palabras, la importancia del grupo a la hora de tomar decisiones individuales y la probabilidad de actuar en línea con el rol que se ocupa en el grupo.

En segundo lugar, la identificación con un grupo despierta ciertas emociones y sentimientos. En general, positivos. Por ejemplo, el amor, la devoción, el cuidado y la preocupación; lo cuales son compartidos por los miembros de dicho grupo. En tercer lugar, todos tenemos una necesidad de pertenencia. En concreto, de pertenecer a un colectivo o grupo. Esta necesidad es la que despierta en nosotros la motivación por unirnos e identificarnos con un grupo.

«Me siento como una extranjera, y siempre me sentiré así. Nunca fui miembro de ningún grupo en particular».

-Anne Rice-

La identificación a nivel colectivo

Cuando los miembros de un grupo se definen como tales, se identifican con ese grupo, creen que la pertenencia es importante y son conscientes de que los demás miembros tienen creencias, sentimientos y comportamientos similares, el colectivo existe como una entidad psicológica. Dicha entidad, que solo es psicológica, proporciona significado al grupo.

En concreto, la identidad proporciona seis características:

  • La sensación de que existe un destino común.
  • La percepción de la unicidad del grupo y su distinción de los demás grupos.
  • La coordinación de las actividades de los miembros del grupo.
  • Compartir creencias, actitudes, normas y valores.
  • La preocupación por el bienestar del grupo y movilización y sacrificio por su bien.
  • La continuidad del grupo en el tiempo.
Muñecos de madera en grupo

El contexto

Finalmente, las identidades también se ven influidas por el contexto. De esta forma, las identidades se pueden asociar a ciertos territorios. Asimismo, las identidades sociales se relacionan con ciertas culturas y lenguajes. También existe una memoria colectiva: esta es la historia de cómo se formó el grupo y cómo ha evolucionado.

Por último, tenemos ciertas creencias sociales. Además de las creencias sociales sobre el territorio y la memoria colectiva, existen otras creencias que surgen de las experiencias compartidas y que distinguen al grupo de los demás grupos. Estas creencias forman el ethos que es un sistema coherente y sistemático de conocimientos sobre la sociedad.

Como se ha visto, las identidades sociales son complejas. Identificarse con un grupo no es solo la importancia que le atribuimos a este, es mucho más. Por tanto, las identidades sociales también son diferentes. Unos aspectos pueden ser más importantes para unas personas que para otras.

  • David, O., & Bar-Tal, D. (2009). A sociopsychological conception of collective identity: The case of national identity as an example. Personality and Social Psychology Review, 13(4), 354–379. doi:10.1177/1088868309344412