Grupo mínimo, el experimento de Jane Elliot

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Francisco Roballo
1 mayo, 2019
El experimento de Jane Elliot marcó un antes y un después en la psicología social. En este artículo te contamos por qué y cuáles fueron sus consecuencias.

El paradigma del grupo mínimo ha dado forma a un método en la psicología social. Se basa en el establecimiento de diferencias entre sujetos con el fin de establecer grupos separados. Es una técnica que sirve para demostrar cuántos rasgos diferentes son necesarios para crear grupos definidos y a partir de allí analizar el comportamiento de los sujetos.

En la década de los 60, Estados Unidos estaba inmerso en una crisis social de carácter racial. La profesora Jane Elliot llevó a cabo un experimento basándose en el paradigma del grupo mínimo que sus alumnos nunca olvidarían. La idea era tan simple como compleja, demostrarle a los niños que una diferencia establecida arbitrariamente podría separarlos y enfrentarlos entre sí.

El experimento de Jane Elliot

Jane Elliot, maestra y activista contra el racismo, experimentó directamente con la clase de niños que tenía a cargo. Elliot estableció arbitrariamente que las personas de ojos azules eran mejores que las personas con ojos marrones. La maestra les otorgó un collar discriminante a los chicos de ojos azules para que se lo colocaran a los de ojos marrones.

Niños trabajando en grupo en la escula

El color de los ojos

Con un par de ejemplos básicos y arbitrarios, Elliot defendió que las personas con ojos azules eran mejores. Los alumnos, aunque sorprendidos, no opusieron mayor resistencia a nivel argumentativo. Es así que Elliot había creado dos grupos:

  • Ojos azules. Eran mayores en número, se sentían superiores y tenían el respaldo de la autoridad (la profesora). Por otro lado, habían experimentado cierto poder sobre los niños de ojos marrones cuando les pusieron el collar.
  • Ojos marrones. Era un grupo de cantidad inferior, identificados por ser aparentemente más tontos y desdichados. No solo eran inferiores numéricamente, sino que también tenían a la autoridad en su contra.

La discriminación

Poco a poco, las consecuencias del grupo mínimo se hicieron evidentes. Una diferencia tan simple como el color de ojos, al ser establecida por la autoridad, provocó una grieta entre ambos grupos.

Los niños de ojos azules empezaron a tratar de forma agresiva y peyorativa a los niños de ojos marrones. Estos últimos comenzaron a sentir la discriminación y el abuso por parte del otro grupo.

¿Cómo se expresa la discriminación?

En principio que nos llamen «ojos marrones» no tendría que ser un insulto. Pero en esta escuela, tener ojos marrones había sido establecido como condición de inferioridad. Por esta razón, el adjetivo «ojos marrones» era un insulto utilizado por los niños de ojos azules. Los niños de ojos azules comenzaron a no querer jugar con los de ojos marrones en el descanso y a hostigarlos constantemente.

El resultado del experimento

Las consecuencias de esta división arbitraria llegaron a su cúspide cuando hubo violencia física. Generalmente los niños pelean, discuten y se golpean, pero esta vez el motivo era el color de los ojos.

Fue entonces cuando el grupo de ojos marrones denunció los abusos en clase. Lo hacían desde una posición de víctimas, intuyendo que no iban a tener el respaldo de la autoridad.

De la escuela a la sociedad

Es difícil no cuestionar los roles sociales; si una diferencia arbitraria creó tantos problemas en un grupo de niños, ¿qué ocurre a gran escala y teniendo en cuenta los estereotipos que manejamos?

No es de extrañar que diferentes grupos sociales desprecien a otros en base a diferencias étnicas, religiosas o culturales. Estas diferencias han llevado a guerras y odio entre amigos y familiares, que antes del establecimiento de tales diferencias como negativas, podían convivir perfectamente.

«Esto es lo mismo que cuando otra gente negros a las personas de color».

-Niño participante del experimento-

Una cuestión de educación

La maestrea Jane Elliot reflexiona sobre las consecuencias del grupo mínimo. Es llamativo como niños que antes eran amables, cooperativos y amigables, se transforman en soberbios, discriminatorios y hostiles al pertenecer al grupo superior.

Las expresiones de odio y discriminación de los adultos actuales, tiene origen en una educación en la que les hicieron creer que eran mejores que otros por aspectos arbitrarios, como el color de piel o el género.

Árboles con forma de cabezas de personas

El grupo mínimo en la actualidad

Este paradigma nos ayuda a entender las problemáticas actuales entorno a la discriminación. En el mundo actual, se están sucediendo grandes movimientos migratorios.

En muchos casos, las culturas autóctonas se sienten amenazadas y para revertir ese sentimiento crean sentimientos de superioridad junto a símbolos asociados. Así en muchos casos, y sin pasar demasiado tiempo, estos sentimientos desembocan en expresiones de odio, como la discriminación racial o el terrorismo.

La necesidad de una educación sin discriminación

El objetivo del grupo mínimo es establecer diferencias exentas de objetividad, creando un clima de favoritismo. Es así que el grupo dominante sacará siempre más provecho de todas las situaciones, al estar respaldado por la autoridad. Como pudimos ver, este procedimiento puede ser tan sutil que escapa a la vista de cualquiera. Algunas pautas para evitar o reducir este efecto son:

  • Naturalizar las diferencias. En los contextos educativos la naturalización de diferencias superficiales entre niños evita el sentimiento de superioridad.
  • Actividades de integración. Es bueno mezclar lo mejor posible a los individuos con diferentes rasgos, creencias y cultura en una tarea de objetivo común.
  • El rol del maestro. El autoritarismo suele provocar que el grupo más afín al profesor, tenga cierto sentimiento de superioridad y respaldo. El rol del maestro debe ser más conciliador que discriminatorio.

El experimento de Jane Elliot es importante para demostrar lo frágil que puede ser la convivencia y cómo aspectos arbitrarios y poco objetivos pueden enfrentar a amigos, familiares y ciudadanos.

«La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo».

-Eduardo Galeano-