La consciencia de sufrimiento en animales

Sonia Budner · 8 febrero, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 8 febrero, 2019

¿Son los animales conscientes de su sufrimiento? Para cualquiera que conviva con uno sabe perfectamente la respuesta a esta pregunta. Pero ¿qué nos dice la neurociencia al respecto? ¿Podemos, por fin, asegurar que la ciencia avala la consciencia que los animales tienen de su propio sufrimiento y el ajeno?

Pues, como no podía ser de otra manera, la respuesta es sí. La neurociencia tiene pruebas más que contundentes de que todos los animales mamíferos, aves y otras especies son conscientes de su propio sufrimiento. La información no es nueva. En 2013 la Declaración de Cambridge ya puso sobre la mesa este asunto con pruebas innegables. Las investigaciones continúan y no hacen más que ratificarla.

Se han identificado circuitos homólogos, tanto en humanos como en animales cuya actividad coincide con la experiencia consciente. Parece que los circuitos neuronales que se activan mientras un animal siente una emoción son los mismos que se activan en humanos para la misma emoción. Reconocidos neurólogos de todo el mundo avalan este estudio y coinciden en que los animales experimentan consciencia de su propio sufrimiento.

La Declaración de Cambridge

Hace siete años, el 7 de julio de 2012, un grupo de reconocidos científicos firmó la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia. Este documento declara que no solo los seres humanos, sino también una cantidad significativa de animales, incluidos vertebrados e invertebrados, son seres conscientes. Esto quiere decir que son seres sensibles, es decir, experimentan lo que les sucede y tienen estados mentales que pueden ser positivos o negativos para ellos.

Existe consenso científico de la evidencia que demuestra que los animales no humanos poseen los sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de los estados conscientes junto con la capacidad de exhibir comportamientos intencionales. Es decir, los humanos no son los únicos en poseer los sustratos neurológicos que generan consciencia.

Perro triste

Philip Low, fundador y director ejecutivo de la compañía de neurodiagnósnico NeuroVigil, en California; Christof Koch, del Instituto Allen de Ciencias del Cerebro en Seattle; David Edelman, del Instituto de Neurociencias de La Jolla, California, y otros neurocientíficos de prestigio emitieron en la declaración de Cambridge. 

Es un mensaje nítido que confirma que la capacidad de tener experiencias positivas y negativas es lo que hace que un ser pueda ser dañado. Existen evidencias poderosas para pensar que esto es lo que debe tenerse en cuenta cuando se trata de darle a alguien una consideración no discriminatoria.

Los estudios recientes

Durante todo este tiempo se han realizado estudios que confirman una y otra vez estos hechos. Jarrod Bailey y Shiranee Pereira presentaron en 2016 una investigación sobre los circuitos cerebrales relativos a las emociones y la empatía en perros. Este estudio confirma y amplía las conclusiones de la declaración de Cambridge.

El INRA, en colaboración con de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, ha realizado una nueva evaluación científica actualizada de la literatura sobre la conciencia animal. Los resultados se presentaron en 2017 en Parma (Italia). Esta investigación corrobora que los animales están equipados con sistemas nerviosos que soportan procesos conscientes de información compleja, incluidas las emociones negativas causadas por estímulos nociceptivos.

El estudio contempla diferentes especies, entre primates, córvidos, roedores y rumiantes. La investigación concluye que debido a que los animales con memoria autobiográfica, como se observa en primates, córvidos y roedores, pueden tener deseos y metas que se extienden al pasado y al futuro, pueden ser afectados negativamente por la experiencia aversiva.

Mono sentado

Ya no hay excusas

Siete años después de la presentación de evidencias más que sólidas sobre la consciencia que poseen los animales sobre su propio sufrimiento y la multitud de estudios posteriores que lo avalan, ya no hay excusa para abanderar el maltrato animal alegando que no sufren.

Todos aquellos que abanderan y defienden su derecho a divertirse con el daño causado a otros seres deberán buscar otros argumentos porque la ciencia no les avala. De la misma manera, la regulación del derecho de estos seres vivos a su protección y bienestar está teniendo un importante eco en el campo jurídico, donde estas evidencias se están materializando en forma de leyes que afectarán a muchos otros campos.

A pesar de lo complejo que resulta el estudio de la consciencia en humanos, parece que, a partir de ahora, los estudios sobre consciencia humana irán de la mano junto con la de nuestros compañeros de planeta. Y esto, a pesar de las pocas voces disonantes ya, es una muy buena noticia.