La conspiración del tabaco: ¿verdad o mentira?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 10 junio, 2019
Edith Sánchez · 10 junio, 2019
Debido a la conspiración del tabaco, muchos fumadores en el mundo jamás conocieron el peligro real de su consumo. Otros, fueron manipulados para incrementar su adicción. El cigarrillo electrónico pareciera ser un capítulo más en esta historia.

Con el nombre de la conspiración del tabaco se conoce a un conjunto de estrategias llevadas a cabo por las industrias tabacaleras. Se sospecha que han pretendido manipular a las personas para que se vuelvan adictas, esconder los datos médicos acerca del daño que produce el cigarrillo y emplear mecanismos de presión para impedir legislaciones contrarias a sus intereses.

Son muchas e intrigantes las llamadas teorías de la conspiración que circulan por ahí. Nos hablan de amenazas globales, de acciones secretas y procederes del estilo. La mayoría de ellas son falsas y únicamente sirven para cautivar el interés de incautos y ganar dinero con las publicaciones.

Sin embargo, la conspiración del tabaco sí cuenta con evidencia que la apoya. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado estudios y evidencias al respecto. Hoy por hoy, dicha conspiración parece haber quedado al descubierto. Sin embargo, se avecinan nuevas amenazas.

El amor, el tabaco, el café y, en general, todos los venenos que no son lo bastante fuertes para matarnos en un instante, se nos convierten en una necesidad diaria”.

-Enrique Jardiel Poncela-

Cigarros contaminando de humo la bola del mundo

El tabaco, una mina de oro

Para los indios americanos el tabaco era (y, de hecho, es) una planta sagrada. Por lo mismo, no es de uso cotidiano, sino que se emplea en rituales y momentos específicos. Cuando Colon llegó a América vio que los indígenas fumaban, aunque en mayor medida masticaban la hoja.

Los españoles llevaron el tabaco a Europa. En principio, no se empleó para fumar, sino para esnifar, o sea, aspirarlo por la nariz. Su uso se extendió rápidamente. Tan es así que los sacerdotes esnifaban mientras decían su misa, hasta que el Papa Urbano VIII tuvo que prohibir esa práctica.

A partir del siglo XVIII, se extendió el uso del tabaco y se comercializó en todo el planeta. Su nivel de rentabilidad era/es altísimo, ya que se trata de una planta que crece en prácticamente cualquier clima. Cultivarla es barato y el resultado es muy productivo.

Un negocio masivo

Las tabacaleras hicieron todo lo que estaba a su alcance para masificar el consumo del tabaco, especialmente entre los jóvenes. Durante la Primera Guerra Mundial, los cigarrillos formaban parte de la ración que se le entregaba a los soldados. En los años 20, se difundió la idea de que fumar era una señal de igualdad entre los géneros.

Pronto comenzaron a aparecer los casos de problemas respiratorios en todo el mundo. La ciencia alertó sobre la situación. El cigarrillo era el causante de muchas de esas enfermedades. Se descubrió que la nicotina era altamente adictiva.

El punto más problemático está en lo que llaman “la salsa”. Un cigarrillo no está compuesto por tabaco solamente, sino por otra gran cantidad de elementos. Estos son “la salsa”, e incluyen mercurio, amoniaco, acetona y otros compuestos peligrosos.

Allí comenzó una nueva fase de la conspiración del tabaco. Sus productores emplearon medios como el soborno, la falsificación y la mentira directa para ocultar o minimizar los daños generados por el tabaco. Solo mucho tiempo después fueron realmente descubiertos.

La conspiración del tabaco

Una de las vías favoritas de los tabacaleros para asegurar su supervivencia frente al movimiento social en contra fue la de penetrar las propias estructuras del Estado. De un momento a otro se convirtieron en patrocinadores de programas estatales en muchos lugares. Pusieron a personas serviles a sus intereses en diversos gobiernos e incluso en la Organización Mundial de la Salud.

Al mismo tiempo, se cree que comenzaron a usar concentraciones y combinaciones cada vez más adictivas para los usuarios. Engañaron a los consumidores haciéndoles creer que los cigarrillos ligth o “bajos en nicotina” causaban menos daño. Todo era mentira.

Uno de los momentos cruciales en la conspiración del tabaco fue cuando Ian Uydess, ex empleado de la Philip Morris (la mayor tabacalera del mundo), reveló las prácticas de esa compañía para hacer más adictivo el cigarrillo. El tema terminó en los tribunales terminando el pleito con una sentencia a su favor.

Hombre rompiendo un cigarrillo

Una nueva amenaza

Una vez se comprobó el efecto nocivo del tabaco, las legislaciones de la mayoría de los países se tornaron más rígidas para frenar su consumo. Esto incidió en el mercado. Luego, en todo el mundo, comenzaron a abrirse paso iniciativas con tendencia a cambiar las formas en que se consume el tabaco, empleando para ello la tecnología.

La conspiración del tabaco entró en una nueva etapa. Comenzaron a promover la idea de que el problema era el humo. Así que se enfocaron en el desarrollo de cigarros, o elementos similares, que no produjeran humo. Así nacieron los cigarrillos electrónicos.

La propia Philip Morris emprendió una campaña llamada “Un mundo libre de humo” y ya tiene un cigarrillo electrónico en el mercado. Los conocedores del tema han dicho que dichos artefactos no son seguros. De hecho, pueden ser peligrosos por su alto contenido de nicotina. Aún así, ya cuentan con millones de consumidores en todo el mundo. Al parecer, la conspiración del tabaco no ha terminado y aún sigue produciendo «éxitos».

  • Soto-Mas, F., Villalbi, J. R., Granero, L., Jacobson, H., & Balcázar, H. (2003). Los documentos internos de la industria tabaquera y la prevención del tabaquismo en España. Gaceta Sanitaria, 17, 09-14.