El valor de la convivencia: la armonía social que necesita el mundo

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Saber convivir es ese componente esencial que debería venir de fábrica en nuestra mente y corazón. Solo así daríamos forma a escenarios sociales más empáticos, preparados a su vez para poder llegar acuerdos, solucionar problemas y avanzar como grupo.
 

La convivencia es ese pilar sobre el que debería sustentarse cualquier aspecto de nuestra vida. Como figuras sociales que somos no hay prioridad más esencial que la de lograr esa coexistencia pacífica, efectiva y dotada de armonía en la cual garantizar no solo nuestra supervivencia como grupo, sino también nuestro bienestar y capacidad de progresar.

Señala el psiquiatra Enrique Rojas que la convivencia es básicamente saber compartir, ser partícipe de la existencia ajena y lograr, a su vez, que el otro se involucre en la nuestra. Como bien sabemos, esto casi nunca es fácil de lograr en todos los casos. Si, a veces, ya resulta complicado lograrlo en la unidad familiar, podemos entender el desafío que supone conquistar este fin a nivel mundial y entre países.

Se necesita algo más que compromisos, que buenas palabras y acuerdos firmados en cumbres internacionales a favor de la paz. Lo que se necesita en materia de convivencia son voluntades y ahí, en ese aspecto, todos somos importantes. Porque las grandes revoluciones no se logran movilizando montañas, sino cambiando de lugar las piedras que las conforman.

 

Los auténticos cambios son silenciosos, pequeños pero cotidianos y es ahí donde nos podemos involucrar cada uno de nosotros.

Niña con flores en las manos representando el representando el valor de la convivencia

Los pilares que sostienen la convivencia

Señalaba Lawrence Kohlberg en su teoría del desarrollo moral que la etapa más decisiva del niño llegaba a partir de los 10 años con la conocida como etapa autónoma. Ese es el momento en que nos damos cuenta de que más allá de las normas impuestas de una sociedad, están las necesidades humanas. Solo entonces tomamos conciencia del valor de las acciones individuales, del altruismo, de la compasión…

La convivencia no parte solo de la necesidad de respetarnos los unos a los otros y de vivir en paz. De hecho, va mucho más allá de estas dimensiones. Es esencial, a su vez, añadir cierto activismo y una actuación real y comprometida que se vea en casi cualquier escenario de nuestro día a día. No solo las grandes naciones deben saber convivir entre ellas reduciendo conflictos y diferencias.

El valor de saber convivir vertebra cada área de nuestra existencia. Es esencial para ser feliz en pareja, para formar una familia y criar a los hijos. La convivencia debe estar patente en cualquier finca de vecinos, oficina de trabajo, así como en cualquier umbral que crucemos en el que haya personas.

 

La convivencia es la responsabilidad de conocer y comprender al otro, viéndonos, a su vez, reflejados en los demás. En esta dinámica social hay grandes dosis de empatía, de sentimientos y de tolerancia.

Veamos qué más componentes la integran.

La no violencia en cualquiera de sus formas

Cada 16 de mayo se celebra el día de la convivencia en paz. Es un momento idóneo para reflexionar de qué manera contribuimos a ese objetivo cada uno de nosotros.

Una dimensión que deberíamos atender por encima de todo es la no violencia. Así, deberíamos comprender que la violencia como tal no se refiere únicamente a la agresión física, mucho más visible y evidente para todos.

  • Saber hablarnos con respeto sin usar la comunicación agresiva es un ejemplo.
  • Ser capaces de comprender sin discriminar, de aceptar las diferencias sin atacarlas, criticarlas o invisibilizadas son otros aspectos que deberíamos cuidar.
  • El arte de la no violencia de la que nos hablaba Gandhi es el único modo de favorecer la convivencia entre las personas y los pueblos.
Manos unidas de muchas personas representando el representando el valor de la convivencia

Compasión y solidaridad

 

La convivencia nunca será posible si no logramos apreciar al otro, a esa persona que, como yo, tiene sus puntos de vista, sus orígenes, sus valores y necesidades. Todos somos diferentes e iguales a la vez, todos somos dignos de aprecio, respeto y de la oportunidad de construir la vida que deseemos.

Algo así exige sin duda de mayor compasión y solidaridad entre nosotros.

La convivencia y el valor de avanzar unidos por unos mismos propósitos

Para convivir en un escenario cambiante, lleno de incertidumbres y amenazas, los seres humanos han tenido que actuar en grupo a lo largo de nuestra historia. Es así como sobrevivimos como especie y así como deberemos hacerlo en momentos de dificultad.

Para conseguir tal elevado fin, es esencial dejar a un lado las diferencias, los egoísmos e intereses particulares.

El cuidado de nuestro planeta, el hogar que nos acoge

Sería casi imposible hablar del valor de la convivencia si no tuviéramos en cuenta el contexto, el hogar que nos acoge y que hace posible que cada uno de nosotros estemos aquí. Todos comprendemos la relevancia de atender aspectos como la paz, la igualdad social, la no discriminación, la no violencia en cualquiera de sus formas…

 

Bien, un aspecto capital que es imposible dejar de lado en estos momentos es la necesidad de atender, cuidar y proteger a nuestra madre tierra y sus ecosistemas. Si la vida es equilibrio y el equilibrio lo trae la armonía de saber convivir entre nosotros, es urgente también que atendamos al hogar que nos tiene hospedados tanto a nosotros como a las próximas generaciones.

Reflexionemos en cada uno de estos aspectos entendiendo, sobre todo, que la convivencia empieza en casa, en los escenarios más próximos a nosotros. Todos somos importantes en ese engranaje social, emocional y existencial.