La cultura del victimismo

29 mayo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Laura Rodríguez
¿Conoces la cultura del victimismo? ¿No paras de quejarte continuamente o de recibir quejas? ¿Sabes qué significa ser victimista? La victimización es un rasgo psicológico que afecta a las relaciones personales.

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos asumido el rol de víctimas en situaciones dolorosas o traumáticas, ya que nos sentimos vulnerables y desprotegidos y necesitamos que nos cuiden y nos protejan. La cultura del victimismo refuerza esto haciendo sentir acompañada a la persona que asume el rol victimista.

Cuando hemos experimentado el cuidado y la protección de las personas de nuestro alrededor, descubrimos que es placentero sentir la atención de los demás, que nos agrada la sensación de ser el protagonista de nuestro entorno y que estén pendientes de nosotros continuamente.

Ocurre que algunas personas toman este papel como identidad, se convierten en victimistas crónicos. Esta identidad está arropada por la cultura del victimismo en la que nos encontramos: está bien visto ayudar al que lo necesita, aunque suponga perderse a sí mismo. Por el contrario, no ofrecer ayuda supone una crítica social negativa.

Cabe destacar que el victimismo crónico no es en sí una patología clasificada en el DSM-5, aunque podría sentar las bases psicológicas para desarrollar un trastorno paranoide de la personalidad.

Mujer llorando abrazada a su pareja

¿En qué consiste el rol victimista en la cultura del victimismo?

Refuerzo continuo

Si bien es cierto que cuando asumimos el rol de víctimas es debido a un sentimiento de malestar, existen ciertas personas que convierten ese rol en estilo de vida, ¿a qué motivo se debe?, ¿qué impulsa a alguien a recrearse en su malestar?

La respuesta es sencilla: el refuerzo y la atención continua. El refuerzo que se produce cuando una persona es víctima provoca la entrada a un “bucle continuo”. Me siento mal, me refuerzan mi papel, por lo que me permito quedarme en ese rol.

La cultura del victimismo: el papel de la sociedad

La sociedad juega un papel clave. Según Giglioli, experto en literatura comparada y autor de la obra Crítica de la víctima, el victimismo es un añadido cultural de las leyes sociales que rigen nuestra cultura. La cultura del victimismo viene a decir que mostrarse ante el papel de víctima está bien visto socialmente, ya que se valora de forma positiva el hecho de ayudar al que lo necesita.

En la cultura del victimismo existe cierta tendencia a reforzar ese papel victimista, de “pobrecito”, “no tiene a nadie”, “¿cómo no voy a ayudarle si es mi madre?”, “eres mal hijo por dejarla sola”. Todo ello unido al miedo del qué dirán “van a decir que soy mala persona, ¿qué pensarán de mí si no le ayudo?”.

Locus de control externo

Las personas victimistas creen realmente que todo lo que les ocurre es culpa de los demás o de las circunstancias. Piensan que “tengo muy mala suerte”, “todo me pasa a mí”. Es lo que se conoce como locus de control externo, donde no se asume la responsabilidad de las acciones como propias. Por el contrario, se achaca esa responsabilidad a factores ajenos y externos a ellos mismos.

“Las personas que creen que tienen la facultad de ejercer cierto grado de control sobre sus vidas son más saludables, más eficaces y más exitosas que aquellos que no tienen fe en su capacidad para llevar a cabo cambios en sus vidas”.

-Albert Bandura-

Victimismo y negativismo

Los victimistas tienden a exacerbar lo que les ocurre, generando aún mayor sensación de gravedad en relación a lo que está sucediendo, lo que les impide ver el lado positivo. Están completamente enfocados en lo negativo, tanto es así que lo bueno pasa desapercibido. Por consiguiente, sus estrategias de afrontamiento de problemas son erróneas, lo que les impide plantear alternativas diferentes, posibles soluciones a sus dificultades y tomar las riendas de su vida.

“El optimismo es muy valioso para una vida significativa. Con una firme creencia en un futuro positivo, se puede redirigir el servicio de nuestra vida hacia aquello que es más importante”.

-Martin Seligman-

Chantaje emocional como forma de comunicación

Los victimistas crónicos intentan manipular a las personas que le rodean para conseguir sus objetivos. Por esta razón, suelen reconocer fácilmente a las personas más empáticas que son su foco principal, utilizando esa empatía en beneficio propio para obtener aquello que desean.

Cuando esa persona no hace lo que ellos esperan, la sitúan en papel de verdugo y a sí mismos como víctimas. Utilizan frases como “con todo lo que yo he hecho siempre por ti y así me lo pagas”, “me dejas solo/a”, “si no lo haces es porque no me quieres”, lo cual provoca sentimientos de culpabilidad en la persona que recibe esos mensajes. En pocas palabras, intentan llevar a cabo lo que desean a través del chantaje emocional.

Mujer triste abrazada a su novio

¿Cómo actúo si me encuentro ante una persona victimista?

  • No darle lo que desea, ya que refuerza al victimista a seguir en su papel y si las personas de su alrededor siguen haciendo “más de lo mismo”, provoca que siga ocurriendo. Seguir cuidando y ofreciendo una atención que busca, aumenta y/o mantiene la respuesta del victimista.

  • Explicarle al victimista crónico las razones por las que cambias tu conducta para ayudarle a salir de su zona de confort. De tal manera que la persona victimista entienda los motivos por los que se produce ese cambio en ti y los beneficios para él mismo. «No ayudándote, no dándote lo que quieres, es cuando te ayudo realmente».

  • Mantener distancia emocional. Estar rodeados de personas tan negativas desgasta y para protegerse a uno mismo es importante mantener límites, dado que nosotros y nuestro propio bienestar también somos importantes.

  • Plantearle posibles alternativas a su comportamiento: «¿qué puedes hacer diferente respecto a lo que has hecho hasta ahora?», «¿qué parte de responsabilidad tienes tú?». ¿Estás dispuesto a asumir que tú tienes un papel activo en lo que te ocurre y no todo es fruto de la mala suerte o de los demás?».

  • No involucrarse en exceso si esa persona no quiere cambiar. Recuerda que “para que otro esté mejor, no puedo sacrificarme a mí mismo”. Es importante ofrecerle nuestra comprensión y nuestro afecto, pero que eso no suponga sacrificar nuestro bienestar.

  • No eres culpable. La culpa es una de las armas principales del victimista, por lo que es común sentirse culpable al no satisfacer los deseos de esa persona. Recuerda que está usando tu culpabilidad para obtener lo que quiere.

  • Utiliza el “no”. Cuando no estés dispuesto a hacer algo, di no con amabilidad, claridad y firmeza. No des demasiadas excusas, pues el victimista puede usarlas en tu contra.

  • Instarle a buscar ayuda de un profesional. Ante personas victimistas de forma crónica es recomendable la asistencia psicológica por parte de un profesional especializado que pueda realmente ayudarle.

Como vemos, la cultura del victimismo nos aboca a renunciar muchas veces a nuestros deseos y necesidades en pro de ayudar a los demás. Es importante que seamos conscientes de ello para protegernos y promover el cambio en la persona que asume el rol de víctima.