La curiosidad nos ayuda a aprender

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 16 octubre, 2017
Raquel Lemos Rodríguez · 25 febrero, 2017

Muchas personas gozan de una increíble curiosidad. Un interés muy fuerte por algo que les ha llamado poderosamente la atención y de lo que desean aprender mucho más. Este tipo de “coleccionistas de intereses” suelen tener conocimientos sobre diferentes temas, retienen muy bien la información y parecen contar con una motivación incansable.

Cuando la curiosidad se potencia, un nuevo mundo lleno de oportunidades se abre ante nosotros. Porque no existe aburrimiento posible, ni siquiera se necesita una fuerza de voluntad tremenda para seguir adelante con lo que queremos. La curiosidad se convierte en el motor, en el impulso y en la motivación para aprender, recordar y probar novedades.

“Dicen que la curiosidad mató al gato, pero no dicen si lo que descubrió valió la pena”

-José Saramago-

El origen de la curiosidad

Uno podría pensar que la curiosidad nace solo del interior de uno mismo, es decir, que es una conducta natural que algunas personas tienen más o menos potenciada. Sin embargo, los estímulos externos también ayudan y de hecho pueden llegar a ser grandes despertadores de curiosidad. Por ejemplo, imaginemos que estamos leyendo este artículo ahora mismo y que, de repente, algo se cae o se mueve a nuestro lado. Puede ser un estuche, un libro u otro elemento que conocemos.

En función de nuestra manera de percibir el mundo, los objetos no se mueven por sí solos a menos que exista otro factor (viento, movimiento por nuestra parte) que los obligue a ello. Por lo tanto, nuestra atención se dirigirá hacia ese objeto y la curiosidad se cernerá sobre nosotros para encontrarle una explicación a desafío tan repentino de la gravedad. Así, este interés tiene un desencadenante externo.

Cerebro en el agua

Por otro lado, las personas tenemos una tendencia natural a desear aprender, a adquirir nuevos conocimientos y a vivir experiencias “refrescantes”. Rara vez nos sentimos a gusto en un mismo lugar, con las mismas cosas de siempre y con nuestro aprendizaje congelado por completo. De hecho, hay una frase que siempre nos acompaña y que dice así: “nunca te acostarás sin haber aprendido algo nuevo”.

“No tengo ningún talento en especial, solo soy apasionadamente curioso”

-Albert Einstein-

La curiosidad es insaciable. Esta es una consecuencia del hecho de que no podremos nunca saberlo todo. Es decir, por mucho que nos especialicemos en determinada materia o que tengamos muchos conocimientos sobre varios temas, lo cierto es que siempre habrá algo novedoso y que nunca hayamos visto por descubrir.

La curiosidad favorece el aprendizaje

Es entonces un hecho de que la curiosidad favorece el aprendizaje. Debido a que nos alienta a profundizar e investigar. De hecho, esta motivación intrínseca es muy poderosa. No estamos buscando por buscar, sino por una necesidad, un deseo de saber más acerca de lo que nos ha cautivado.

Cuando esto sucede la información o el conocimiento se instala mucho mejor en nuestra mente. De hecho, un estudio muy reciente publicado en la revista Neuron expuso unas conclusiones muy interesantes. La investigación dio a conocer tres increíbles descubrimientos con respecto a la curiosidad de las personas que participaron en ella.

Vela y mariposa con curiosidad

En primer lugar, los participantes aprendían mucho mejor cuando sentían mucha curiosidad por saber la respuesta a determinadas preguntas. En segundo lugar, se dieron cuenta de que había un aumento de la actividad en el cerebro en las áreas relacionadas con la recompensa cuando había una motivación intrínseca, pero también extrínseca, por saber más sobre lo que captara su interés.

En tercer lugar, los investigadores se centraron mucho en aquellos individuos más curiosos, en los que observaron que la actividad del hipocampo era mucho mayor. Esta zona del cerebro está muy relacionada con la formación de nuevos recuerdos y el aprendizaje. Por lo que no quedó ninguna duda de que las personas más curiosas aprendían mucho mejor.

“La curiosidad puede llevar al cerebro a un estado que le permite aprender y retener cualquier tipo de información”.

-Matthias Gruber, autor del estudio-

En nuestros primeros años de vida somos muy curiosos porque todo es nuevo para nosotros, de hecho se dice que es la etapa más intensa por es la que hacemos la mayor cantidad de “primeras veces”. Sin embargo a medida que pasa el tiempo, las preocupaciones, los problemas y demás circunstancias dejan en un segundo lugar esta tendencia tan natural y beneficiosa. Quizás, también, porque en las propias escuelas se “mata” de alguna manera la curiosidad animando e incentivando que los alumnos inviertan su energía en tareas que consideran aburridas.

Hombre tocando el violín encima de la cola de una ballena

Sin embargo, la curiosidad es una excelente herramienta para aprender. Si sabemos sacarle el máximo partido a esta motivación intrínseca que nos lleva a desear saber más ejercitaremos nuestra memoria y dejaremos a un lado el aprendizaje aburrido. Porque la novedad siempre será algo de lo que vamos a querer conocer más y, si es posible, experimentar.

Imágenes cortesía de Vladimir Kush