4 claves para reducir las preocupaciones cotidianas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 26 julio, 2018
Óscar Dorado · 26 julio, 2018

Las preocupaciones nos abordan desde las primeras horas de la mañana. Y más cuando tenemos asuntos pendientes que resolver. El ritmo acelerado de vida en el que estamos inmersos, la mayoría de las veces, nos impide saborear esos momentos de calma desde los que observar aquello que nos sucede desde otra perspectiva. No obstante, no podemos olvidar que para reducir las preocupaciones cotidianas es necesario cambiar nuestra forma de pensar.

Ahora bien, en estos casos es importante abandonar la creencia de que la preocupación tiene un propósito positivo. No siempre es así. De hecho, cuando nos preocupamos lo que estamos haciendo es gastar parte de nuestro tiempo pensando. Una vez que nos demos cuenta de que preocuparnos es una trampa mental, poco a poco podremos ir desactivando los pensamientos negativos para recuperar el control de nuestra mente.

Esto no quiere decir que no existan preocupaciones positivas que nos estimulen a actuar y a resolver un problema. Claro que sí, el problema ocurre cuando estas se vuelven recurrentes e incontrolables y en lugar de impulsarnos nos paralizan. Además, las preocupaciones también pueden afectar de forma negativa tanto a nuestra salud emocional como física.

A continuación, proponemos algunas claves para reducir las preocupaciones cotidianas.

Meditar

La meditación es ideal para reducir las preocupaciones cotidianas, ya que nos ayuda a desconectar del ruido tanto interior como exterior y además nos permite cambiar el enfoque. El hecho de focalizar nuestra atención en el presente hace posible interrumpir el ciclo interminable de preocupaciones relacionadas con el pasado y el futuro.

Mujer meditando

Del mismo modo, la meditación es también una forma de observar cómo funciona nuestra mente y en consecuencia, comprender nuestros patrones de pensamientos más rígidos y negativos. Para ello, tan solo necesitas buscar un lugar cómodo y tranquilo y comenzar a centrar tu atención en la respiración.

Además, según algunos estudios, practicar meditación nos ayuda a reducir no solo las preocupaciones cotidianas sino también los niveles de estrés y ansiedad. 

Planificar momentos de preocupación

En ocasiones puede servirte reservar algunos minutos al día para preocuparte. Planificar en qué momento del día vas a dedicar tiempo a tus preocupaciones es un poderoso ejercicio que te ayudara a gestionar mejor esas creencias a las que tantas vueltas.

Ten en cuenta que dedicar un tiempo exclusivo a tus preocupaciones te ayudará además a ahorrar tiempo y a dejar los problemas a un lado hasta que llegue el momento de abordarlos. 

Hacer ejercicio

El ejercicio ayuda a relajarse, favorece el sueño, sirve como distracción de las preocupaciones cotidianas, aumenta la autoestima y facilita que nos sintamos mejor.

Además, los beneficios son más notables cuando es practicado de forma regular. Las personas que hacen ejercicio con asiduidad tienen menos probabilidades de experimentar ansiedad que aquellas que no llevan a cabo ningún tipo de entrenamiento físico.

Asimismo, los investigadores confirman que el ejercicio físico reduce la ansiedad, mejora el bienestar emocional y aumenta la energía. Incluso consideran que la práctica de ejercicio también tiene un papel importante en el tratamiento de personas que sufren depresión.

Hablar de tus preocupaciones

Otra de las claves para reducir las preocupaciones cotidianas es hablar sobre ellas con personas de confianza, esas que saben escuchar sin juzgar, criticar y que son capaces de prestar atención a lo que dices sin distraerse.

Pareja hablando de sus problemas

Cuando las preocupaciones comiencen a girar en espiral y esta se vaya haciendo cada vez más grande, intenta a hablar con esas personas. Seguro que te ayudarán a reducir tus miedos, a ver lo que te sucede desde otra perspectiva o simplemente te aliviará el hecho de sentirte escuchado. De esta forma, tus preocupaciones comenzarán a perder protagonismo en tu mente.

Mantenerse preocupado tan solo alimenta el circulo vicioso del miedo y la ansiedad. Por ello, es recomendable decirlo en voz alta. Además, cuando nos encontramos en mitad del mar de las preocupaciones es mucho más difícil encontrar momentos de calma. De hecho, la mayoría de las veces aquello por lo que nos preocupamos no suele suceder o al menos, no como imaginábamos.

Como vemos, lo importante es llevar a cabo estrategias que nos permitan cambiar nuestra perspectiva para observar lo que nos sucede a través de otra mirada, esa que nos permita tranquilizarnos para buscar alternativas y poner en marcha soluciones.

“La catástrofe que tanto te preocupa, a menudo resulta ser menos horrible en la realidad, de lo que fue en tu imaginación”.

-Wayne W. Dyer-