La depresión duele físicamente, así lo explica la ciencia

30 abril, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
La depresión duele físicamente. Es más, los estudios nos dicen que casi el 50% de las personas que son diagnosticadas con algún trastorno del estado del ánimo padecen también dolor crónico.

La depresión duele físicamente. Los trastornos del estado de ánimo, más allá de lo que muchos puedan pensar, también afectan al cuerpo. Cefaleas, dolor muscular y articular, pesadez en las extremidades… Toda esta compleja sintomatología es algo recurrente en casi el 50% de los pacientes que son diagnosticados a diario con algún tipo de depresión.

Es más, una buena parte de los profesionales de la salud saben que un porcentaje elevado de las consultas de atención primaria evidencian este tipo de realidad. Ahora bien, no siempre es fácil acertar en el diagnóstico o, al menos, hacerlo a la primera. Así, tras ese agotamiento, esa debilidad y esos dolores puede haber desde una alteración en la tiroides hasta una diabetes tipo 2.

Pero, ¿qué ocurre cuándo no se halla un origen orgánico claro ante ese dolor general que dicen sentir los pacientes? ¿Qué pasa cuando una persona va de especialista en especialista sin hallar remedio a su malestar? Las depresiones, a menudo, navegan de manera subyacente en la vida de la persona, empañando su día a día, pero sin invalidarla por completo. Es el caso, por ejemplo, de las depresiones atípicas o de las distimias.

Los profesionales de la salud deben estar atentos a estas sintomatologías. Es más, especialistas en el tema como David Gitlin, presidente del Consejo de Medicina Psicosomática de la Asociación Americana de Psiquiatría, nos señala algo interesante.

Hasta el momento, se disponía de abundante evidencia científica sobre cómo los trastornos de ansiedad afectan a nuestro cuerpo (taquicardias, problemas digestivos, musculares, etc); sin embargo, cada vez tenemos más datos sobre cómo la depresión se vincula con los centros neurales relacionados con el dolor. Es un hecho que cuenta ya con abundante documentación científica. Veamos más datos sobre el tema.

«En cierta parte, tú construiste tu depresión. No te fue dada. Por tanto, tú la puedes destruir».

-Albert Ellis-

Mujer con dolor en el cuello para representar cómo la depresión duele físicamente

La depresión duele físicamente y el culpable es nuestro cerebro

La depresión duele físicamente y quien esté en estos momentos afrontando este trastorno del estado del ánimo lo sabe. No obstante, es importante empezar aclarando un aspecto. A menudo, se relaciona la depresión con el dolor crónico. Sabemos que las personas que sufren dolor crónico tienen un riesgo mayor de acabar sufriendo algún trastorno del ánimo.

Ahora bien, en este caso se parte de un hecho muy concreto: hay condiciones mentales que ocasionan dolor físico sin que halla previamente otra enfermedad, como es el caso del lupus o la fibromialgia. Un ejemplo, la depresión atípica cursa con parálisis plúmbea. Se trata de una característica prototípica de este tipo de depresión donde el paciente sufre dolor intenso en brazos y piernas. ¿Por qué ocurre entonces? ¿Por qué la depresión duele físicamente, qué procesos están implicados en ello?

La depresión y los trastornos de ansiedad cursan con enfermedades psicosomáticas

Parece una relación más que evidente: tanto la ansiedad como la depresión se manifiestan de manera psicosomática. Así, hechos como las clásicas cefaleas, cansancio físico, problemas digestivos, afecciones en la piel, etc. cuentan ya con abundante evidencia científica. Estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Manitoba, en Canadá por el doctor Lewis McWilliams nos recogen evidencia de este vínculo.

Esta relación además pone de manifiesto otro dato para la reflexión: necesitamos más mecanismos a la hora de abordar y tratar estas condiciones psicológicas. Muchos profesionales recomiendan incluso crear unidades del dolor para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Cerebro con conexiones para representar cómo la depresión duele físicamente

La respuesta inflamatoria de la depresión

Si la depresión duele físicamente, una de las explicaciones más plausibles estaría en la teoría inflamatoria. Esta es, de hecho, una de las explicaciones más conocidas, lo que también ha contribuido a que sea también una de las que más críticas ha recogido. Así, estudios como el publicado en la revista Neuroscience y llevado por la doctora Jennifer Felger, nos señalan lo siguiente:

  • Existen ciertos mecanismos neurobiológicos que estarían detrás del dolor durante una depresión.
  • La clave de estos procesos estarían en las citoquinas (proteínas que coordinan la respuesta del sistema inmunitario ante la presencia de un patógeno o elemento que amenaza nuestra salud).
  • Cuando el ser humano sufre una depresión, aparece un desequilibrio en nuestros neurotransmisores. Asimismo, surge también un aumento del cortisol en sangre, y todo ello, es visto como una amenaza para nuestro sistema inmunitario. Es entonces cuando entran en acción las citoquinas, impulsando una respuesta inflamatoria.
  • Dicha inflamación genera dolor físico, aumentando así la probabilidad de sufrir desde cefaleas, dolor muscular, articular, etc.
Mujer practicando mindfulness

La depresión también duele ¿qué podemos hacer ante el dolor físico?

Sabemos ya que la depresión duele físicamente, que supone un verdadero lastre que hace más cuesta arriba las tareas del día a día. ¿Qué enfoques terapéuticos existen por tanto ante esta evidencia? La ciencia acaba de encontrar evidencia en esa relación existente entre los trastornos del estado de ánimo y el dolor; por tanto, aún estamos en las primeras fases y no existen análisis concluyentes que nos digan qué estrategias terapéuticas serían las más adecuadas.

  • En la actualidad, la ciencia busca mejores tratamientos para las afecciones físicas y mentales, partiendo de una idea: el uso de psicofármacos no resuelve el problema no resuelve el problema.
  • Necesitamos enfoques más holísticos. Atender aspectos psicológicos, como los sociales y los relativos al estilo de vida e incluso la alimentación, sería un buen punto de partida.
  • Se deben priorizar las terapias psicológicas. Si mejoramos el estado de ánimo del paciente y le facilitamos estrategias adecuadas de afrontamiento, aparece ese bienestar progresivo que tarde o temprano revierte en el plano físico.

Por último, sería muy recomendable crear programas multidisciplinares donde el producto sea el trabajo conjunto de psicólogos, médicos, fisioterapeutas o nutricionistas. De este modo, garantizaríamos que cada paciente recibiera un apoyo integral y más adaptado a sus circunstancias. Son sin duda muy interesantes que supondrían un avance notable en el tratamiento de los trastornos del estado del ánimo.

  • Melanie S.Askaria, Laura Helena Andrade. Dual burden of chronic physical diseases and anxiety/mood disorders. Journal of Affective Disorders Volume 220, 1 October 2017, Pages 1-7 DOI: https://doi.org/10.1016/j.jad.2017.05.027
  • McWilliams, LA, Cox, BJ, & Enns, MW (2003). Trastornos de ánimo y ansiedad asociados con dolor crónico: un examen en una muestra representativa a nivel nacional. Dolor , 106 (1–2), 127–133. https://doi.org/10.1016/S0304-3959(03)00301-4