La depresión por bullying

28 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Marta Bermejo Victoriano
Un niño o adolescente que sufre o ha sufrido bullying puede convertirse en un adulto con depresión si no recibe la ayuda adecuada. Por ello, es necesario estar atentos y atender el problema lo más pronto posible.

La depresión por bullying es un problema común hoy en día que se manifiesta a menudo en las consultas de psicología. Los casos pueden corresponder a niños o adolescentes que sufren de acoso en la actualidad o lo han sufrido en algún momento de su vida, o bien, a adultos que fueron víctimas cuando eran pequeños.

Sí, el bullying escolar tiene repercusiones.

El bullying, palabra inglesa que significa ‘intimidación o acoso’, consiste en cualquier forma de maltrato o imposición de poder sobre el otro, de manera sistemática, a través de insultos, amenazas, agresiones o vejaciones, hasta tenerlo bajo su dominio.

El acoso tiene 3 componentes:

  • Se da un comportamiento agresivo de forma constante sobre una misma víctima.
  • Existe un desequilibrio entre acosador y víctima, ya sea real o percibido por la propia víctima.
  • La agresión es llevada a cabo con intención de dañar.

Niño representando el bullying

La depresión como consecuencia del bullying

Después de haber sufrido acoso escolar, una persona puede sufrir diferentes efectos negativos, los cuales pueden llegar a permanecer durante años (si no son tratados). Los síntomas que suelen darse son:

  • Insomnio.
  • Baja autoestima.
  • Ansiedad extrema.
  • Ideación suicida.
  • Dificultades sociales.
  • Dificultades escolares.
  • Trastornos psicosomáticos.

A lo largo de estas líneas nos ocuparemos de una de las consecuencias más preocupantes, como lo es la depresión por bullying.

El acoso escolar deja secuelas

El niño o adolescente que ha sufrido bullying puede ser más propenso a sufrir depresión en la adultez.

Diversos estudios demuestran que existe una relación causal entre acoso escolar y el riesgo de padecer depresión. Experimentar durante un tiempo, de forma continua, amenazas, insultos y agresiones de diversa índole, hace que la víctima se sienta cada vez más indefensa, desesperanzada, incapaz de cambiar su situación, y finalmente, deprimida.

En vista de que un niño o adolescente aún no cuenta con los recursos y mecanismos suficientes para defender sus derechos de forma adecuada, es aún más vulnerable al acosador. Esta viene a ser uno de los puntos más graves de la situación y una de las causas de la depresión por bullying.

Hay que tener en cuenta que, si en esas etapas tan importantes, como lo son la infancia y la adolescencia, un niño empieza a tener un mal concepto de sí mismo, se verá incapaz de afrontar la situación, se creerá aquello que le diga el acosador (o acosadores) y muy probablemente termine siendo un adulto con una gran inseguridad en todo. 

También puede ser que en la adultez la persona tenga sentimientos muy negativos hacia sí mismo y culpa, además de diversas dificultades con su entorno social, laboral, personal, etc. En definitiva, un adulto con depresión.

Hay que tener en cuenta que todo lo que vivimos a lo largo de los años influye en cómo aprendemos y resolvemos los problemas, y más todavía en la infancia y la adolescencia, etapas clave de la vida.

Las consecuencias del bullying en la adultez

Afortunadamente, ya se trata el problema del acoso escolar con la seriedad y gravedad que requiere, aunque siempre haya existido. Y gracias a la importancia que se le otorga, cada vez existen más estudios que concluyen que, quien ha sufrido bullying escolar, padece una serie de secuelas que pueden afectar significativamente su vida adulta, incluso pudiendo desencadenar trastornos psiquiátricos como la depresión por bullying.

El daño que se sufre en la autoestima cuando todavía se es un niño, puede reforzarse aún más en la edad adulta, si el problema no se trata.

En las consultas, se puede apreciar (a medida que se hace la historia de evaluación clínica con el paciente) un elevado porcentaje de personas que han sido víctimas de bullying en la infancia o la adolescencia.

Mujer apoyando a hombre que piensa en el suicidio

Según investigaciones recientes, el bullying triplica el riesgo de padecer depresión de adultos a diferencia de en el resto de la población.

Una de las características de las víctimas de acoso escolar es que tienden a vivir su problema en el silencio, es decir, no se suele hablar con otros de lo que les ocurre, y esto puede traer una serie de consecuencias muy negativas.

Por otra parte, el silencio hace que el problema se vaya agravando pudiendo incluso hacer que la depresión por bullying se manifieste con síntomas más graves, como por ejemplo sintomatología psicótica o pensamientos e intentos suicidas.

Además de las secuelas psicológicas, la persona afectada puede experimentar secuelas físicas que, a su vez, pueden influir a modo de círculo vicioso en la parte mental. Entre las secuelas físicas más comunes se encuentran los problemas o enfermedades psicosomáticas:

  • Cefaleas.
  • Trastornos del sueño.
  • Problemas gastrointestinales.
  • Problemas de sobrepeso.
  • Trastornos de alimentación.
  • Entre otros.

Mujer tapándose los ojos

La importancia de la ayuda psicológica

La intervención psicológica en el momento que sucede el acoso sería lo ideal para atajar la sintomatología emocional y trabajar la mejora de la competencia social del menor.

Cuando esto no es así y ya nos encontramos al adulto con depresión por bullying, vamos a trabajar exactamente estos dos mismos aspectos, teniendo en cuenta las experiencias vitales que se han ido sumando en la vida de la persona, la situación emocional que se presente y las carencias o dificultades en cuanto a habilidades sociales para el desempeño adecuado, saludable y ajustado a la realidad del paciente.

Cuando se ha padecido acoso escolar, el rechazo social y personal puede hacer que la víctima tenga una imagen negativa de sí misma, como si fuese alguien “fácilmente rechazable” o que nadie va a poder quererle por ser “defectuoso”.

Todo ello produce muchas dificultades a la hora de relacionarse con los demás de manera eficaz. Lo más habitual es que la persona con depresión por bullying se aísle y a no mantener relaciones de amistad o de pareja duraderas en el tiempo.

Los sentimientos de inferioridad no permiten que la persona se relacione de manera natural, tendiendo a estar en hiperalerta y con miedo a que el otro pueda hacerle daño. Como víctima ha aprendido, de una manera incorrecta, a protegerse a sí misma, lo cual hace que la interacción social sea ineficaz, dolorosa en muchos casos, y además le haga con vivir un miedo intenso.

Por todo esto, para realizar un buen tratamiento para la depresión por bullying, además de abordar la problemática y sintomatología actual que manifiesta la persona, es necesario trabajar la experiencia vivida, recolocarla emocional y mentalmente, de modo que se pueda eliminar la culpa, los sentimientos de inferioridad y baja autoestima, la sensibilidad hacia el rechazo por parte de los demás, etc., y se ponga la responsabilidad de lo sufrido en la causa correcta, ya que las víctimas de acoso suelen creer que son los causantes del problema.