La desesperanza aprendida

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 5 octubre, 2018
María Hoyos · 5 octubre, 2018
Pensar que no se puede hacer nada ante las situaciones adversas se conoce como desesperanza aprendida. Se trata de un estado psicológico de indefensión que puede llegar a ser muy incapacitante.

La desesperanza aprendida, también llamada indefensión aprendida, es la condición de aquel que se comporta pasivamente porque así lo ha aprendido. De esta forma, esta persona piensa que no puede hacer nada ante todo tipo de situaciones adversas, cuando en la mayoría de ellas sí podría sobreponerse.

Esta dificultad se ha visto relacionado con la depresión y otros trastornos de la mente que llevan al paciente a reafirmarse en la idea de que no existe solución para sus problemas, pese a que el escenario real sea otro.

¿Qué es la desesperanza aprendida?

La desesperanza aprendida o indefensión aprendida es el resultado de estímulos negativos o aversivos, generalmente incontrolables, que desembocan en una carencia de iniciativa por parte de quien la sufre.

Por tanto, no es el estrés el que ocasiona que la desesperanza se desarrolle, sino la imposibilidad de controlar el motor que desencadena ese estrés. Esta dinámica surge, por ello, a menudo en familias con padres muy autoritarios, cuyos hijos terminan por aceptar toda clase de situaciones (también fuera de casa), por sentir que no merecerá la pena tratar de controlarlas.

Ese aguante de las situaciones negativas no solo genera la incapacidad de iniciativa; a menudo nos encontramos con personas que no son capaces de aprender nuevas conductas. Su estado será de desmotivación y relajación, aunque mentalmente no se encuentren tranquilas.

Mujer triste para representar la desesperanza aprendida

¿Qué provoca la desesperanza aprendida?

Como su nombre indica, este estado se “aprende”; como humanos, tendemos a estudiar cautelosamente las consecuencias de nuestras acciones, desechando las conductas que desembocan en consecuencias negativas y abrazando las que llevan a consecuencias positivas.

Esto puede parecer beneficioso, pero no siempre lo es. Por ejemplo, cuando un niño suspende un examen de matemáticas y sabe que en casa le espera una buena reprimenda, no por ello comenzará a aprobar; en cambio, comenzará a buscar formas de no asistir a los exámenes, y creerá que no es diestro en esa asignatura.

Si la situación persiste, el niño se estaría exponiendo a un bucle continuo de ansiedad y tristeza, un cuadro muy relacionado con la depresión (y posiblemente que desemboque en ella).

¿Cómo abordar los síntomas?

Para tratar de controlar y curar este trastorno, es muy importante acudir a un especialista que nos asesore sobre lo que nos sucede y cómo podemos abordarlo. Nunca debemos autodiagnosticarnos, por muy evidentes que sean los síntomas.

Como complemento de un tratamiento o unos ejercicios recomendados por un psicólogo o psiquiatra, podemos ayudarnos a progresar siguiendo algunas pautas:

  • Involucra a tus seres queridos: si sospechas que tú o algún ser querido sufre de desesperanza aprendida, no lo ocultes. Puede que ellos sean los causantes de tu problema, y necesitéis una terapia conjunta; si no lo son, desde luego te apoyarán en tu camino hacia la cura.
  • Pon tus emociones por escrito: puedes escribir un diario, o simplemente apuntar en una nota en tu móvil cómo te sientes ante situaciones concretas. Releer esas líneas puede hacerte discernir entre una causa razonable u otras no razonables de estrés.
  • Asume retos que sabes que son solucionables: ante la incertidumbre que se puede sufrir debido a las consecuencias incontrolables de algunos actos, plantéate retos cuya resolución sabes que es posible. Puede parecer algo ridículo, pero tu autoestima e iniciativa mejorará.
  • Pregúntate siempre tres cosas ante un problema: ¿Cómo puedo evitarlo? ¿Qué he aprendido de esta situación? ¿Existen otras soluciones que yo no me he planteado? Ante un problema ya ocurrido y finalizado, es útil imaginar un escenario en el que aún no ha terminado, para pensar sin estrés en las soluciones que le daríamos.
  • Piensa en ti: muchas veces, las personas son indefensión aprendida han desconectado de sí mismos y se han desatendido, pensando más en las consecuencias de sus actos y en complacer a los demás. Es importante reflexionar acerca de uno mismo y tomarse a diario un momento para estar a solas.

Mujer con gafas feliz

Es fundamental ser pacientes

La indefensión aprendida tiene cura, y aunque parece complejo e imposible, siempre contaremos con ayuda. Ya sea la de un profesional, o el apoyo de un familiar o amigo, no estamos solos.

Es importante, a su vez, tener paciencia. Entiende que un comportamiento aprendido, probablemente desde la infancia, no es fácil de sobrellevar y superar; no seas injusto contigo mismo y date el tiempo que mereces.