La dura coraza emocional del guerrero

12 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Es probable que en alguna ocasión hayas tratado de proteger tus sentimientos creando una especie de coraza, pero esto, aunque sea útil a corto plazo, puede tener consecuencias para tu salud emocional. ¿Cómo puedes deshacerte de ella? Aquí te lo explicamos

A lo largo de la vida nos enfrentarnos a situaciones o momentos que nos resultan duros e incómodos. Quizá simplemente son escenarios en los que nuestras emociones no saben actuar, no conocen las armas para combatirlos.

Este es un hecho muy natural, el ser humano aprende de la experiencia y de su entorno. A diario vivimos circunstancias que ponen a prueba lo más profundo de nuestro ser, pero no siempre el resultado de nuestras decisiones es positivo. Es natural desarrollar mecanismos de defensa para enfrentase a estas batallas. Somos guerreros que escogemos nuestras armas para la lucha y, en ocasiones creamos una coraza cuya protección altera nuestra calidad emocional.

La coraza emocional

La actitud defensiva ante la vida es una opción emocional que trabaja las 24 horas del día. Su función radica en sobrellevar las vicisitudes diarias, pero no significa que sea una forma sana y enriquecedora. Puntualmente son mecanismos que nos pueden ayudar a manejar situaciones. Pero ante la repetición continua de dichos escenarios, en un periodo a medio o largo plazo, iremos creando una coraza emocional. Las consecuencias de esta coraza emocional, entre otras, son:

  • La negación de dichas situaciones e incluso la negación de sentir emociones por ellas.
  • Evasión de la propia responsabilidad: tratar de buscar excusas o culpables añade más negatividad a la situación.
  • Baja autoestima e inseguridad. Renegar de los sentimientos propios es una forma de infravalorarlos y, en última instancia, a nuestra propia persona.
  • Se acaba por construir una identidad falsamente “perfecta”. Ocultando nuestras emociones o debilidades se intenta crear una imagen ideal, que no siente ni padece inmune a cualquier sentimiento, pero en el fondo realmente no funciona.
  • Débil conocimiento de uno mismo. Afecta a lo que somos, lo que queremos y cómo lo queremos. En definitiva mostramos un cuadro de nuestro yo poco definido y con sombras.
  • Debilita las relaciones sociales. Para los demás es difícil y arduo intentar conocer a alguien que tiene una coraza emocional, por lo que eventualmente se alejarán.

En general, puede distorsionar la visión de la realidad que nos rodea, limitándonos nuestra evolución personal. Por lo general, llegamos a convertirnos en personas ariscas, descreídas y con nula capacidad de generar ilusión. Poco a poco nos destruimos y vamos dejando víctimas en nuestro círculo más cercano.

Liberarse de ella

Ante cualquier sentimiento destructivo, que merme nuestra calidad emocional de vida, el primer paso para adminístralo es ser honesto con uno mismo. Aceptarse como uno es, no buscar un modelo de perfección irreal, entender que nadie es perfecto. Realizar un profundo estudio interior de lo que somos es primordial.

Estos conceptos no se adquieren de forma rápida, pero la constancia y la motivación por llevar el timón de nuestra vida es un premio que anima a intentarlo todos los días.

La comunicación es el pilar básico que moverá este camino para destruir la coraza emocional. Tan importante es hablar con nosotros mismos como lo es comunicarnos con los demás: nuestros deseos, miedos, dudas, ideas… son ingredientes esenciales para conseguir acercarnos al mundo, libres sin duras corazas que nos impidan avanzar en el largo aprendizaje de la vida.