La educación vista a través de los asombrosos ojos de John Dewey

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 3 octubre, 2017
Alejandro Sanfeliciano · 3 octubre, 2017

John Dewey (1859-1952) es considerado uno de los más importantes psicólogos educativos. Sus modelos en este campo fueron parte de la revolución de la pedagogía que se dio en el siglo pasado. Incluso en la actualidad parte de nuestro sistema educativo todavía no conoce o no está actualizado por las aportaciones de Dewey.

En este artículo os voy hablar de una de sus obras clásicas, su libro Experiencia y educación. En este libro muestra la síntesis de su pensamiento acerca de la educación. John Dewey siempre creyó que debíamos educar a las personas en democracia, para así hallar el método para lograr un pensamiento crítico en los alumnos que fuera a favor de nuestra sociedad. Para lograr esto, Dewey nos habla de 3 principios importantes a tener en cuenta en la educación: (a) la continuidad de la experiencia, (b) el control social y (c) la naturaleza de la experiencia.

La continuidad de la experiencia

Dewey parte de la base de que la educación y la experiencia mantienen entre ambas una conexión orgánica. Con esto quería decir que nuestras vivencias son las que nos educan. Pero esto no quiere decir que todas las experiencias sean verdaderas o igualmente educativas. Algunas de estas experiencias nos estorbarán en nuestro desarrollo, convirtiéndose en “antieducativas”.

Niño zurdo buscando en un cubo

Aquí es donde entra el concepto de continuidad de la experiencia que utiliza Dewey. Una experiencia se volverá “antieducativa” cuando revierte el impacto positivo de experiencias anteriores. En cambio irá a favor de la educación cuando las experiencias ayuden a enfrentarse a las experiencias posteriores, logrando así una continua experiencia enriquecedora. Para Dewey lograr esta continuidad de experiencias positivas era esencial para la educación.

La educación tradicional que vivimos hoy en día esta llena de experiencias que dificultan esta continuidad. ¿Cuántos alumnos piensan que el aprendizaje es cansado y fastidioso? La escuela hoy en día supone una fuente de ansiedad para una gran parte del alumnado, lo que provoca por su parte una actitud que les hace rechazar las posibles experiencias educativas, rompiendo así con la continuidad de la experiencia.

Control social

La educación no es algo que el individuo haga solo o que no pueda ser facilitado por otros (especialmente cuando hablamos de niños), es un proceso de carácter social. Y debido a que implica a una comunidad, hacen falta unas reglas para mantener el control social de la actividad educativa. Ya que, si no existiesen estas normas, no habría actividad; es igual que intentar jugar a un juego sin reglas, perdería el sentido.

Ahora bien, ¿qué normas deben ser esas y cómo se deben aplicar? La escuela tradicional parte de la base de que hace falta una normativa firme que impida que los alumnos se salgan de un mismo camino, sea este más o menos acertado. Dewey observó que este tipo de control social generaba una relación jerárquica entre profesores y alumnos, que convertía a estos últimos en sujetos pasivos de la educación.

Dewey creía que el control social debía venir dado por la situación. Una normativa flexible que se adapte al avance de los alumnos y a la situación del profesorado sería lo idóneo. Y es importante tener en cuenta que en la educación toda la comunidad educativa tiene que ser partícipe. La gestión de la normativa debe ser trabajo conjunto de los alumnos y profesores en pro de crear un ambiente escolar que estimule el aprendizaje.

La naturaleza de la libertad

Siempre que hablamos de control social y normativas, también aparece la palabra libertad. Hay una sensación de que a mayor control social menos libertad, pero eso no es del todo cierto. Eso va a depender del tipo de control social que se ejerza y de la naturaleza de la libertad de la que hablemos. John Dewey divide el concepto de libertad en: (a) libertad de movimiento y (b) libertad de pensamiento.

La libertad de movimiento es el potencial que nos permite realizar cualquier tipo de conducta, a mayor libertad de movimiento mayor rango de conductas posibles. La libertad de pensamiento es algo más complejo, es aquella capacidad que nos permite evaluar de manera crítica una situación y las opciones que tenemos para enfrentarnos a ella; a mayor libertad de pensamiento, más opciones valoraremos para enfocar nuestra conducta.

Ambas libertades no tienen por qué ir unidas, incluso puede que la libertad de movimiento coarte la libertad de pensamiento. Esto es justo lo que le criticaba Dewey a la escuela progresista, él veía que el objetivo de esta escuela era la libertad de movimiento de sus alumnos. Dar una libertad de movimiento sin tener en cuenta la libertad de pensamiento puede llevar a que los alumnos se dejen llevar por sus impulsos y no piensen acerca de sus opciones.

Un aspecto importante relacionado con esto es que la libertad nunca debe de ser un objetivo. La libertad es una herramienta que ayuda a los alumnos a desarrollarse. Si se dota de libertad de pensamiento a los alumnos, estos podrán dirigir sus experiencias de manera autónoma hacia una continuidad educativa.

Jóvenes alumnos rodeando a un profesor

La educación de John Dewey

John Dewey hizo una fuerte crítica a los modelos educativos tradicionales y también a algunos de los más progresistas. Veía en los modelos tradicionales un sistema rígido, que tenía unos objetivos educativos muy alejados de sus principios democráticos. Además, con los modelos progresistas, Dewey sentía que se quedaban cortos en sus iniciativas y que no lograban lo que buscaban.

Dewey nunca llego a completar un modelo educativo ideal. Sin embargo, sí dejó clara la idea de que para mejorar los modelos educativos ya postulados era necesaria la investigación científica y rigurosa en este campo, en contra de la especulación que estaba tan de moda y que de alguna manera lo sigue estando.

A través de la toma de datos de nuestras escuelas, podríamos ir viendo qué cambios son necesarios. Así, en un continuo aplicación-investigación-aplicación, nuestro sistema avanzaría hacia un sistema educativo digno y verdadero. La pregunta que subyace a este planteamiento es: ¿la educación actual está basada en la investigación científica o está a cargo de poderes económicos y políticos?