La escuela estructural de Minuchin

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
2 mayo, 2019
Minuchin, con su terapia estructural, señala la necesidad de romper con el equilibrio de determinados sistemas para que estos mismos núcleos pongan en marcha medidas que den como resultado un estado de estabilidad mejorado. En este artículo, profundizamos en la terapia que prepone tomando como base esta idea.

La escuela estructural encaja dentro del bloque sistémico. Históricamente, los modelos de esta corriente se aplicaban en terapia familiar, pero hoy su ámbito de aplicación se ha extendido. Destacar, en primer lugar, que el modelo sistémico concibe a la familia como un sistema en el que la conducta de un miembro no se puede entender de manera aislada, independiente de lo que hace el resto.

En general, se puede decir que tiene en cuenta tres aspectos del funcionamiento familiar: la estructura de la familia, determinada por sus límites, jerarquías y grado de identidad de los miembros; la regulación o el modo en el que la familia mantiene el balance de sus interacciones y la información o cómo se comunican los miembros entre sí.

En los años 70, Salvador Minuchin funda la escuela estructural a partir de su práctica clínica en el abordaje de problemas de salud mental de poblaciones marginales. El principal giro dado por Minuchin fue incluir como variable importante el contexto y la responsabilidad de cada uno de los miembros de la familia. Señala que en ocasiones el síntoma que padece la familia es la consecuencia de la actuación de alguno de los miembros de la familia destinada a mantener la estabilidad familiar u homeostasis.

Entiende que a veces estas medidas son, precisamente, el origen del problema y defiende que quizás sea necesario desequilibrar el sistema para que remita el síntoma. Esta forma de hacer terapia, aunque resulte paradójica, lleva consigo que la familia aprenda alternativas de solución y empiece a investigar otros recursos y caminos.

Mano sujetando unas figuras con forma de familia

El objetivo de la escuela estructural de Minuchin

Para la escuela estructural, los síntomas que porta la familia aparecen cuando hay un retraso o detención en el ciclo vital familiar. Es decir, el sistema se queda atascado y no avanza como consecuencia de diferentes pautas transaccionales que se han ido repitiendo a lo largo del tiempo y no son funcionales.

Las pautas repetidas establecen reglas acerca de qué manera, cuándo y con quién relacionarse, y estas pautas son marcadas por la familia.

En este sentido, los procesos del sistema familiar se reflejan en su estructura. Las estructuras se componen de una jerarquías, los límites entre subsistemas y fronteras con el exterior, así como las reglas que rigen el poder y la comunicación. Además, existen alianzas -unión entre individuos- y coaliciones -alianzas entre miembros en contra de un tercero-.

Si cambiamos las reglas sobre límites y jerarquías, es probable que también cambiemos los patrones de interacción -las pautas- que mantienen el síntoma en la actualidad. Por lo tanto, el objetivo terapéutico es cambiar esa organización familiar, los límites que se han ido creando entre los subsistemas y las jerarquías y adecuar las pautas transaccionales a las necesidades que tiene la familia.

Minuchin pretende desafiar la estructura disfuncional creada por la familia para generar un desequilibrio y empezar a desarrollar nuevas pautas de interacción y, por lo tanto, nuevas soluciones.

Las fases de la terapia de Minuchin

Minuchin establece diferentes momentos en la terapia familiar. Al comienzo se realiza un diagnóstico, pero, al contrario que otros enfoques, el diagnóstico es sobre la estructura del sistema. Como hemos comentado anteriormente, desde la escuela estructural se asume que cada miembro de la familia tiene su parte de la responsabilidad debido a que está participando en la interacción y en el mantenimiento del síntoma.

Tras el diagnóstico, identificamos una primera fase en la que el terapeuta entra en el sistema. Una vez dentro del sistema, lleva a cabo tres técnicas: el rastreo -recogida de información-, el mantenimiento -respetar las reglas del sistema sin introducir aun ningún tipo de cambio y el mimetismo -potenciar elementos de similitud entre terapeuta y familia-.

Ya en la segunda fase y una vez que el terapeuta se encuentra dentro del sistema familiar, se ponen en marcha una serie de técnicas. En la técnica del desafío, se practica la escenificación por parte de la familia de alguna pauta de comunicación disfuncional. El terapeuta le pide a la familia que representen una escena familiar y el terapeuta recoge información no solo de lo que ocurre, sino también de cómo ocurre.

Tras esta escenificación, se realiza el enfoque o focalización. Esta técnica trata básicamente de enfocar la atención en algún punto concreto de la escenificación para resaltar algún aspecto importante de la misma: «Parece que lo que habéis representado es un motivo distinto al que planteabais al comienzo de la terapia…»

Además, el terapeuta utiliza en esta fase la técnica de la intensificación, en la que repite un mensaje a la familia que considera necesario tantas veces como haga falta hasta que el sistema lo interioriza.

Familia en terapia

Por otro lado, estarían las técnicas de reestructuración cuyo objetivo es el cambio del sistema. Para llegar a este cambio, se realizan una serie de estrategias. La redefinición positiva del síntoma consiste en una relectura relacional alternativa para cuestionar las definiciones de la familia.

A su vez, se prescriben tareas con el objetivo de que se vayan modificando ciertos aspectos del sistema. También se suele mandar a la familia que algunos de los miembros realicen una tarea juntos para fomentar alianzas nuevas.

Por último, se realiza el desequilibrio. Esta es la parte más importante de la terapia y la que supone el cambio. El terapeuta se alía con algunos miembros de forma temporal para desequilibrar el sistema y provocar crisis. Un ejemplo de este desequilibrio podría ser: «Celia, es usted muy inteligente, es protectora, amorosa y siempre busca la unión de la familia. No cree que es hora de dejar de vivir la vida de sus hijos y vivir la propia…»

La escuela estructural supone un enfoque de gran utilidad. Fue diseñado específicamente para abarcar todo el sistema familiar. Uno de sus puntos más interesantes es aceptar la responsabilidad de cada miembro en el mantenimiento del problema. Es una terapia bastante directiva, que busca movilizar el sistema para generar un cambio. Para ello, deja claro que conseguir o no los objetivos planteados va a depender en gran medida de la implicación de la familia en la terapia.

Feixas, G. y Miró, T. (2004): Aproximaciones la psicoterapia. Paidós. Barcelona. Minuchin, S. (1977). Familias y terapia familiar. Barcelona: Gedisa.