La eyaculación femenina según la ciencia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 18 octubre, 2018
Beatriz Caballero · 15 diciembre, 2017
Durante mucho tiempo se pensó que el líquido expulsado en la eyaculación femenina inducida durante el orgasmo, era simplemente orina. En la actualidad, la ciencia nos ha demostrado que no es así.

La eyaculación femenina o squirt no solo genera controversia entre los expertos. De hecho, desde que Whipple y Perry (1981) publicaron un artículo sobre el tema, se ha avanzado mucho para intentar dar respuesta a las preguntas más habituales relacionadas con este tema.

¿Realmente pueden las mujeres eyacular al igual que hacen los hombres? Si es así, ¿por dónde sale el fluido exactamente? ¿Es el don de unas pocas mujeres?

La discusión acerca de la eyaculación femenina surge a raíz de las confesiones de un grupo significativo de mujeres (según algunos estudios, entre un 40-54% de la población femenina). Muchas chicas comenzaron a reconocer que expulsaban líquido en el momento de su orgasmo, de forma similar a la eyaculación masculina.

Tal y como muestra Gilliland (2009), este suceso puede tener una gran influencia en la vida sexual de las mujeres que lo viven. Para algunas resulta vergonzoso y humillante, y para otras es fuente de interés y orgullo. Sin duda, la falta de información resulta un gran obstáculo para entender y asimilar este suceso, e incluso poder definirlo.

¿Existe la eyaculación femenina?

El fenómeno de la eyaculación femenina está documentado desde hace siglos. De hecho, estudios como en la Universidad Hamburg-Eppendorf, en Alemania, nos señala que en la antigua Asia, este tipo de realidad era muy conocida y mencionada en varios textos taoístas chinos a partir del siglo IV.

Asimismo, Reinjier De Graaf, médico holandés del siglo XVI nos facilitó a primera descripción científica de la eyaculación femenina y fue el primero también en referirse a las glándulas periuretrales como la próstata femenina.

Lo que nos dice la ciencia

Por otro lado, si buscamos documentación científica en la actualidad, podemos referirnos a dos trabajos. El primero es el realizado por los doctores Rubio-Casillas y Jannini, de la Universidad de Guadalajara, en México. El otro, el del laboratorio de bioquímica del Hospital Van Buren. Ambos estudios coinciden en datos y análisis.

Para entender mucho mejor el proceso debemos recordar un aspecto: el sustrato fetal en su origen es femenino. Es decir, la mujer debe poseer una estructura prostática embrionaria para que el hombre pueda desarrollar la correspondiente próstata masculina.

Mano de una mujer cogiendo la sábana

Las investigaciones sugieren que la existencia de tejidos prostáticos femeninos pueden producir una descarga genital no urinaria y sexualmente inducida durante el orgasmo (Venegas, Carmona Mena, Alvarez, & Arévalo, 2006). Esta descarga es lo que se denomina como “eyaculación femenina”.

  • La mayor parte de los expertos coincide en que el líquido expulsado no es orina, tal y como se pensaba antes. También hay acuerdo en que el tejido prostático de las mujeres (o glándulas de Skene) es el principal responsable de esta expulsión.
  • Las glándulas de Skene son homólogas a la glándula prostática de los hombres, por lo que han sido llamadas “la próstata de la mujer”. Son secretoras de antígeno prostático específico, y su función está relacionada con la lubricación uretral y la eyaculación femenina.

Cada mujer es un mundo, y su sexualidad también lo es. No existe un tipo específico de líquido eyaculado. En la práctica real, algunas afirman expulsar solo unas gotas mientras que otras expulsan una cantidad equivalente a varias tazas de café.

Algunas lo describen como espeso y blanquecino, y otras en cambio lo observan transparente y acuoso.

“En algunas mujeres, la estimulación del punto G, el orgasmo y la eyaculación femenina están relacionadas. Mientras, en otras mujeres esta relación no existe. Algunas mujeres han reportado orgasmo con eyaculación por estimulación del clítoris y otras han tenido eyaculación sin orgasmo”.

-Whipple y Komisaruk-

La eyaculación femenina y el punto G

Masters y Johnson (1966) sostenían que el único órgano erógeno primario en la mujer es el clítoris. Actualmente se acepta que tanto la vagina como el clítoris son zonas erógenas primarias (Zwang, 1987).

Anatómicamente el punto G no forma parte de la vagina, sino de la uretra (la próstata femenina). Puede ser estimulado por los movimientos del pene o digitalmente. Se puede percibir mediante el aumento del volumen de una zona de pocos centímetros en la pared anterior de la vagina, produciendo intensos orgasmos femeninos (Arango de Montis, 2008).

Estas conclusiones significan que la adecuada estimulación de cualquiera de estos dos órganos femeninos puede conducir al orgasmo.

“El punto G no es un punto concreto sino una estructura funcional. Es una zona eréctil, difusa, y erógena, que constituye la fascia de Halban”.

-Tordjman-

El placer más allá del punto G

En un estudio llevado a cabo en la Universidad de Rutgers en Newark, Nueva Jersey, se encontró que el 72,7% de las mujeres alcanza el orgasmo mediante la estimulación de las distintas áreas de las paredes vaginales. El 90,9% de las mujeres evidencia erogenicidad mediante la estimulación digital de estas áreas.

  • Cuando el clítoris se estimula digitalmente, las proporciones son las mismas. Cabe destacar, que los investigadores observaron la duración de los orgasmos generados por estímulo digital del clítoris y la vagina.
  • A través de los resultados descubrieron que el clítoris tiene aproximadamente el doble de sensibilidad erógena que la vagina (Useche, 2001). De hecho, un estudio demostró que la mayoría de las mujeres precisan únicamente de la estimulación del clítoris para lograr eyacular (Álvarez, s. f.).
  • Muchos sexólogos y feministas están de acuerdo en el absurdo de reducir la sexualidad femenina al punto G. En 1950, el propio Ernest Grafenberg (que presta su nombre al famoso punto G) afirmó que no existe ninguna parte del cuerpo de la mujer que no proporcione respuesta sexual.

Es decir, el sexo ocurre en muchos lugares, empezando por nuestros propios pensamientos (García, 2005).

Mujer sintiendo placer

La eyaculación: semejanzas y diferencias entre sexos

No hay duda de que el orgasmo llega acompañado de contracciones rítmicas en los órganos internos sexuales, tanto femeninos como masculinos. A diferencia de los hombres, la eyaculación femenina no siempre acompaña al orgasmo, y en la mayoría de los casos ocurre en las primeras etapas de la respuesta sexual. Principalmente en la primera fase, la excitación.

Otra diferencia encontrada por Amy Gilliland (2009) es que el volumen de la eyaculación femenina se incrementa cuanto mayor número de orgasmos experimente una mujer durante la relación sexual. Esto puede verse influido por la etapa del ciclo menstrual en la que se encuentre y en función de la estimulación que necesite para que esto ocurra.

Al igual que el feto en sus comienzos de formación es femenino, la eyaculación femenina contiene sustancias que también contiene el semen: fructosa, antígeno prostático específico y la fosfatasa ácida (Álvarez, s. f.)

Derrumbando mitos sobre la eyaculación femenina

Durante la antigüedad, se creía que sin eyaculación no podía haber fecundación. Esto era aplicable tanto a hombres como a mujeres, en un intento de homologar la respuesta sexual. Por otra parte, algunos psicoanalistas de la época consideraban que el orgasmo vaginal en la mujer era “el orgasmo maduro”(García, 2005). Pero sin duda la mayor de las falacias es la que afirma que cuantas más eyaculaciones logra una mujer, mayor y mejor es su satisfacción sexual (Álvarez, s. f.).

El hecho de visibilizar el placer femenino a través de una eyaculación invierte el convencionalismo respecto al género (García, 2005). En definitiva, el progreso del conocimiento científico derriba mitos y expande las mentes, permitiendo liberar de las mujeres de los antiguos estándares sexuales.

Venegas, J. A., Carmona Mena, C. A., Alvarez, A., & Arévalo, M. (2006). Contribución a la discusión de la próstata femenina y la eyaculación en la mujer. Rev. chil. urol, 71(3), 217–222. Álvarez, P. M. (s. f.). Apuntes sobre la eyaculación femenina. Archivos Hispanoamericanos de Sexología, 17(1). Arango de Montis, I. (2008). Sexualidad humana. García, M. I. G. (2005). Valores de una ciencia impura. Arbor, 181(716), 501–514. Useche, B. (2001). El examen sexológico en las disfunciones excitatorias y orgásmicas femeninas. Rev Terap Sex Clín. Pesquisa e Aspectos Psicossociais, 1, 115–31.