La falsa autoestima: una máscara para ocultar que la tenemos baja

Cristina Pérez · 29 marzo, 2013

La falsa autoestima es un mecanismo de defensa, una máscara que actúa como protección para que no nos hagan daño y, sobre todo, para aparentar que no tenemos problemas de inseguridad.

A menudo, las propias personas que crean esta sofisticada coraza psicológica ni tan solo son conscientes de que presenta una autoestima baja. Son tan firmes sus recursos, tan solventes sus herramientas cotidianas para esconder la verdad, que incluso ellos mismos acaban creyéndose que gozan de gran amor propio.

Por otro lado cabe destacar un aspecto importante. Hay determinados tipos de personalidad que son plenamente conscientes de ese vacío, de esa debilidad en el tejido de la autoestima. Siendo conocedores de ello, hacen uso de sus  máscaras para tapar esa debilidad pero desplegando a su vez dinámicas abusivas y hasta controladoras. Veamos más datos a continuación.

“La autoestima baja es como conducir por la vida con el freno de mano puesto”

-Maxwell Maltz-

La falsa autoestima: una relación negativa con uno mismo

 En 1890, William James definió la autoestima como una necesidad humana fundamental para transitar en la vida, ahí donde poder manejar mejor emociones como la rabia, el miedo o la violencia. Llama sobre todo la atención que el célebre psicólogo relacionara la ausencia o la debilidad en esta dimensión como un camino peligroso, como un modo de acercarnos a la infelicidad o incluso a no respetar a los demás.

Esta enfoque, esta idea tiene su base de razón. De hecho, estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Colorado, nos indican que la personalidad narcisista, por ejemplo, encierra tras de sí una falsa autoestima. Este tipo de personas son las que dificultan el trabajo en una organización, las que no construyen relaciones sólidas y las que al fin y al cabo, presentan serios problemas para ser felices.

La autoestima por tanto, es un mecanismo inigualable para relacionarnos de forma saludable con nosotros mismos. Si nos respetamos, atendemos y valoramos como merecemos también lo haremos en aquellos que nos rodean. En caso de no hacerlo y refugiarnos en la falsa autoestima daremos forma a alguna de las siguientes máscaras o apariencias.

5 apariencias de la falsa autoestima

Mujer reflejada en un espejo con falsa autoestima

1. La belleza y la aparente seguridad

Muchos piensan que una persona atractiva y bella es el claro reflejo de una autoestima fuerte y solvente. Ahora bien, esta relación no siempre se cumple. La autoestima no depende de que una persona sea más guapa o más fea. Hay bellezas con baja autoestima y personas un físico menos agraciado con una alta autoestima.

Una persona es mucho más que un físico, es un alma y una personalidad que dirige el cuerpo.

A menudo, las personas guapas con la falsa autoestima tienen la creencia de que si les conocieran de verdad defraudarían. Se perciben a sí mismas como un engaño. Cualquier imperfección (ojeras, peinado descuidado, falta de maquillaje) les creará inseguridad. Por ello, es común que vivan obsesionadas con su imagen, porque es a través de su físico donde intentan mostrar la solvencia de su carácter.

Mostrar un físico mínimamente descuidado, afecta a su autoconfianza. Se agarran a la imagen porque dudan de su valía personal. Esto puede ser contraproducente, porque a medida que el físico cambie con la edad, también la seguridad irá decayendo.

2. Éxitos profesionales

No hay nada mejor que un puesto de trabajo de poder y distinguido para refugiarse en él y olvidar que no nos valoramos por lo que somos de  verdad. Las personas con falsa autoestima se escudan a menudo en sus éxitos profesionales. Más allá de ese ámbito laboral no son nada porque no se encuentran a sí mismas, no perciben su poder ni pueden hacer uso de su posición de autoridad.

Hombre de éxito sin falsa autoestima

El trabajo les da una identidad que les aporta seguridad. “Soy abogado, soy médico, soy director, soy…” palabras mágicas con las que se sentirán valorados exteriormente. Necesitan sentirse “alguien” porque si les apartamos de ocupación sienten que no tienen valor. Recordemos que no somos nuestro trabajo.

Un buen puesto no debería ir ligado a la identidad, lo importante es quien seas como persona, sin importar a lo que te dedicas. Alguien con una sana autoestima y un buen puesto, no se sentirá superior, disfrutará de su suerte pero sin alardear ni aprovechar su éxito laboral para sentirse “alguien”.

En cambio, una persona con falsa autoestima necesitará presumir de su ocupación para sentirse superior. El complejo de superioridad esconde debilidad, es como un mecanismo de defensa que la mente pone en marcha para contrarrestar la falta de autoestima. Las debilidades son enmascaradas y se produce el autoengaño como medida de salvación.

3. Economía y posesiones

Igual que con el aspecto laboral, quien tiene una rica economía y muchas posesiones materiales, puede cegarse y unir su identidad a toda la riqueza material. El rasgo de una persona con una autoestima baja de economía alta, sería presumir de sus pertenencias y, sobretodo, comprar todo lo necesario para estar a la última moda en todos los sentidos, ya sea en la ropa, en la electrónica, etc…

Necesitarán tener lo mejor porque así se sentirán valiosos. Asimismo, es común que necesiten exponer lo que tienen y presumir, para recibir reconocimiento de la sociedad. La valoración que no tienen de sí mismos la esperan de los demás. Así se alimenta la falsa autoestima, agarrándose a cosas exteriores que se pueden perder, como el trabajo, dinero, posesiones, etc.

Las personas con autoestima alta no necesitan acumular o tener cosas par sentirse bien. No les importará llevar un móvil que no está a la última, tampoco necesitarán vestir de marcas caras como hábito, ni tener un coche lujoso, etc… No precisan ni presumir ni destacar, disfrutarán de lo que poseen, con humildad y sin sentirse superiores a nadie.

Como gozan de una buena autoestima, no les importará lo que opinen los demás, no necesitan alardear de nada ni enseñar sus pertenencias. No buscan el reconocimiento de nadie, lo poseen ellos mismos en su interior.

4. Narcisismo

Otra manera de ocultar inseguridades sería la de ponerse una careta de narcisismo. Estas personas piensan que hinchando el ego y sintiéndose los mejores, solucionarán su problema. Al no sentirse valiosos necesitan crearse una identidad falsa para sentirse bien en sociedad.

Mujer narcisista

Dan esa imagen de creerse los mejores, pero en realidad por dentro no se sienten a gusto con ellos mismos. Pueden llegar a ser crueles, porque una persona que no se ama a sí misma, que no cree en su persona, tratará de atacar a las debilidades de los demás, para así situarse en una posición de poder.

5. Inestabilidad en el amor y falsa autoestima

Las personas inseguras le temen al compromiso. Algunas lo que hacen es buscar a una especie de pareja líder y segura de sí misma para entregarse y dejar que les lleven. Otras para esconder el miedo al compromiso, optan por relaciones fugaces y desechables.

Pocas dimensiones son más peligrosas que la baja autoestima en las relaciones afectivas. Es foco de infelicidad propia y ajena, es no sentirse merecedor de un amor firme y comprometido. Es también hacer daño al otro por no saber implicarse, por no ser auténticos.

Desenmascarar la falsa autoestima

Sentimiento de superioridad, envidias, crueldad, falta de compromiso y respeto... El hecho de no quererse a uno mismo trae sin duda serios efectos colaterales. Otros síntomas asociados a estas situaciones son la prepotencia, el orgullo, la crítica, el no ser capaz de reconocer si se ha cometido un error y mucho menos de pedir perdón.

Las personas que hablan en exceso poniendo mucho énfasis en ser el centro de atención, al tener una autoestima baja, necesitan “lucirse” y fanfarronear sobre su vida, hacer promesas y montarse proyectos a lo grande que no verán la luz.

Mujer narcisita con falsa autoestima

Cuanto más nos despojamos de posesiones y apegos, cuando dejamos caer máscaras y artificios podemos por fin acercarnos a nuestro “yo”. Es entonces cuando tenemos la oportunidad de vernos con autenticidad para descubrir las carencias, vacíos como esa autoestima débil, esa falta de un amor propio saludable y respetuoso.

Sanar ese tejido psicológico lleva tiempo, es una artesanía delicada pero necesaria. Fortalecer nuestra imagen, sentirnos merecedores de nuestro propio respeto es clave para entender también realidades ajenas. Cuando yo me nutro y me confiero afecto, empiezo a entender que también los demás merecen el mismo trato. La autoestima es al fin y al cabo ese puente de poder hacia nosotros mismos pero también la pasarela para comprender al otro.