Cuando las emociones te llevan a perder dinero

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 9 noviembre, 2017
Edith Sánchez · 9 noviembre, 2017

Acciones, como las de ganar o perder dinero, están estrechamente relacionadas con las emociones. En la mayoría de las ocasiones, no se obtiene o se dilapida este recurso por razones objetivas. En este sentido, podríamos decir que el dinero es un objeto simbólico; como tal, origina en nuestra mente diferentes maneras de significarlo y de administrarlo, teniendo en cuenta que es una forma de trueque prácticamente universal.

Lo que nos lleva a ganar o perder dinero son las decisiones que tomamos. Más allá de las eventuales faltas de recursos, o de su exceso, lo que define todo es la forma en la que lo administramos. El dinero ha adquirido el estatus de fetiche, en tanto vivimos en un mundo en el que todo, poco a poco, ha ido convirtiéndose en objeto de comercio.

Muchas personas han sido marcadas por una suerte de combinación entre falta de dinero y carencias afectivas. Quizás sus padres tuvieron que dejarlos solos para ir a trabajar, con el objetivo de conseguir dinero para sobrevivir. También es probable que en algún punto se hayan sentido humillados por la falta de recursos. En esos casos, particularmente, el dinero se vuelve un problema complejo que muchas veces lleva a más y más problemas.

Al perro que tiene dinero se le llama señor perro”.

-Proverbio árabe-

hombre con la cartera abierta representando el acto de perder dinero

Perder dinero y la simulación

Uno de los factores que nos lleva a perder dinero es el rechazo o del desprecio por la vida que llevamos. De manera equivocada, se llega a la convicción de que es la falta de recursos económicos lo que da origen a esa insatisfacción vital.

También aparece la fantasía de que la valía personal aumentaría si contáramos con más dinero. De esto se desprende una fuerte tendencia a ligar el dinero con la satisfacción. La persona se vuelve incapaz de imaginar situaciones gratas que no impliquen un gasto de dinero. Y como sus recursos son limitados, la insatisfacción de convierte en un modo de vida.

Muchas veces “resuelven” el problema intentando simular una vida sin carencias. Sienten una poderosa atracción por todos aquellos objetos que sean símbolo de estatus. Llegan a perder dinero gastándolo en objetos o empresas innecesarias. Su objetivo es experimentar “qué se siente al tener mucho dinero” y percibirse, aunque sea por un momento, como alguien más pleno.

La pérdida de dinero como compensación

Es una situación similar a la anterior. La diferencia está en que en este caso la frustración conduce a comportamientos impulsivos o compulsivos. Bajo esta categoría están quienes no soportan, literalmente, ver un producto en rebajado y no comprarlo. Los acumuladores de objetos inservibles que son gobernados por la sensación de que tienen que comprar más de eso.

Están tratando, inconscientemente, de satisfacer otras carencias más profundas. Pero como no se han percatado de ello, lo suyo es un barril sin fondo. Su apetito por adquirir nuevos productos, o más dinero, es insaciable.

Los supermercados adoran a este tipo de consumidores y les ayudan a perder dinero con pequeños trucos. Les bombardean con publicidad de rebajas inexistentes (suben el precio artificialmente, para luego hacer pasar al precio normal como una gran oferta). Les dan facilidades para que lo adquieran todo. Al final, estos compradores logran pagar las cuentas, pero siguen sintiéndose vacíos. Y vuelven a comenzar el ciclo perverso.

Carteles con rebajas

El retorno de la carencia

Hay muchos factores inconscientes involucrados en la gestión del dinero. En la actualidad, cada vez aparece más relacionado con el concepto de felicidad a través del consumo. También prima la fantasía de que el vil metal tiene el poder para reparar una autoestima resquebrajada. O que permite otorgarle significado a una realidad que se nos figura desalentadora.

Por lo anterior, perder dinero suele ser la consecuencia de haberle reservado un lugar protagonista. Resulta paradójico, pero el deseo desmedido de tener dinero, lleva a perder dinero. La diferencia entre el valor real de este recurso y el significado que se le otorga conduce a acciones erráticas o poco inteligentes. En esos casos, el dinero, especialmente mediante el consumo, se usa como medio para resolver dificultades de otro orden.

Sin embargo, los asuntos económicos son los menos indicados para que entren en juego las emociones. Y cuando se trata de emociones confusas y neuróticas, el peligro es todavía mayor. El problema es que quienes son víctimas de estas lógicas no se dan cuenta de ello. Por eso, perder dinero termina convirtiéndose en algo normal. Finalmente esto reafirma la insatisfacción y hace que las carencias vuelvan a experimentarse con toda su crudeza.

La palabra sí es “aumentaría”. Lo que se dice ahí es precisamente que el dinero no es el problema, sino ese deseo insatisfecho que aumenta y aumenta porque no termina de llenar ese vacío. Y que el dinero es solo una cortina de humo.

Puede que en el fondo ganar y perder dinero sea solo una cortina de humo. Quizás el dinero en el fondo no sea el problema, sino que lo sea ese deseo insatisfecho que aumenta y aumenta porque no termina de llenar ese vacío. Sería este vacío el que mantiene precisamente al deseo insatisfecho. Así, el dinero contribuiría, eventualmente, a encubrir dificultades y sufrimientos que no se saben o quieren encarar.