La falta de tiempo: una nueva forma de "pobreza" que nos pasa factura

La pobreza de tiempo existe. Los horarios laborales y el modo en que se articula la sociedad ocasionan una falta endémica de calidad de vida, horas de ocio y conexión con las personas que queremos.
La falta de tiempo: una nueva forma de "pobreza" que nos pasa factura
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 03 diciembre, 2020.

Última actualización: 03 diciembre, 2020

La falta de tiempo genera un paulatino y evidente sufrimiento psicológico. Somos casi como ese conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas que corre con un reloj repitiendo una y otra vez aquello de “llego tarde, llego tarde a una cita muy importante, no hay tiempo, no hay tiempo…”. La sensación de que siempre nos faltan de horas para casi todo es ya una constante en gran parte de nosotros.

Vivir supeditados a las obligaciones, a una rutina estricta y a esas tareas que se extienden hasta el infinito y lo indecible, pone muros al bienestar y al crecimiento personal. A veces, estamos tan focalizados en un tipo de realidad que no atisbamos que a nuestro alrededor, hay más puertas, más mundos y oportunidades. El tiempo no es oro, es vida y la acabamos perdiendo de múltiples formas.

Se nos va la salud por esa escasez endémica de descanso, de satisfacción y de ese bienestar psicológico que se inscribe en los instantes de ocio. Perdemos cuota existencial porque los años a veces pasan en un suspiro y con ellos, los sueños que ya no podrán realizarse, experiencias que ya no viviremos en piel propia y lo más importante… Se nos escapan instantes compartidos con las personas que amamos.

Mujer mirando el reloj agobiada

La falta de tiempo es ya una nueva forma de “pobreza”

Todos hemos oído alguna vez aquello de que no existe la falta de tiempo, existe la falta de interés. Bien es cierto que a veces puede darse esta realidad. Sin embargo, en los últimos años vemos un escenario tan complejo como problemático en el que vale la pena detenernos. En primer lugar, vivimos en una sociedad que concibe el hecho de estar “ocupado” con ser “productivo”. 

Integramos desde bien temprano la idea de que ocupar nuestra jornada con múltiples tareas nos dignifica. Cuantas más cosas hagas, más dices de ti mismo y cuidado con estar ocioso, porque quien se permite descansar es porque tal vez escabulle responsabilidades. Todas estas ideas han socavado durante años la salud física y psicológica.

Ahora bien, en los últimos tiempos se añade otro factor: las condiciones de trabajo son más complejas y ejemplo de ello es el teletrabajo. Esta modalidad laboral, carente aún de una adecuada regulación, nos supedita (por término medio) a una situación de elevada sobrecarga en la que se diluyen los horarios y pueden alargarse más allá de las jornadas estipuladas.

Si además le añadimos las responsabilidades familiares y del hogar, la falta de tiempo no solo es evidente, es un hecho abrumador.

La sensación de culpa

Ocupamos gran parte de las horas de vigilia con el trabajo. Más allá de este horario, aprovechamos el tiempo restante para obligaciones ineludibles, como hacer la compra, atender a los hijos o cumplir esas otras tareas que son imprescindibles. Tras todo ello, solo nos queda el cansancio y las ganas imperiosas de ir a la cama y descansar.

Cuando esta dinámica se repite día tras día asoma de manera inevitable el sentimiento de culpa. Culpabilidad por no atender a los nuestros como nos gustaría, por no tener más tiempo para la pareja, los amigos, los niños, las mascotas… Asimismo, ese sentimiento también se proyecta sobre uno mismo.

Lamentamos la falta de tiempo para hacer lo que nos gusta, lo que nos identifica. Aplazamos escapadas, viajes, cursos que nunca haremos, libros que se acumulan y que no llegaremos a leer…  Todas estas realidades minan la autoestima y socavan el ánimo.

Las redes sociales y las vidas que nos gustaría tener

La falta de tiempo y su relación con el sufrimiento psicológico se intensifican a su vez con el uso de las tecnologías. A pesar de estar casi siempre ocupados y con la lista de nuestras tareas pendientes por cumplir, siempre encontramos un momento para ojear nuestras redes sociales. 

En esos universos virtuales suele relucir la felicidad, imágenes de parajes que desearíamos visitar, experiencias que probar, cosas que descubrir, gente que conocer… Esas ventanas virtuales pueden motivarnos en ciertos momentos, pero también hundirnos. Porque esa realidad no es nuestra realidad, porque nuestras obligaciones no siempre nos permiten esas escapadas, esas oportunidades…

La falta de tiempo y la pobreza personal

Uno puede tener un excelente trabajo, disponer de un buen sueldo y a pesar de ello ser pobre. Porque la pobreza de tiempo es otro tipo de miseria emocional, personal y psicológica que cala de manera profunda en la sociedad actual. Pensemos en ello, de nada nos sirve una buena cuenta bancaria si carecemos de tiempo para disfrutar, para descansar, para relacionarnos…

Carecer de tiempo nos roba la felicidad y también la vida. Tengamos en cuenta por ejemplo, el término karoshi, esa palabra que designa en Japón a las personas que fallecen como consecuencia del exceso de trabajo. Pero cuidado, no todos lo hacen por efecto del burnout o de los infartos cardíacos o cerebrales. Tras muchas de esas pérdidas están los suicidios.

Hombre que sufre el efecto de falta de tiempo

¿Cómo empezar a ganar tiempo para ganar vida?

La falta de tiempo tiene un coste para la salud mental y esto es algo que requiere cambios. Lo complejo es que no todo depende de nosotros. El modo en que se articula la sociedad y nuestros horarios no siempre nos permite conciliar lo laboral con lo personal, lo profesional con lo familiar y lo obligatorio con lo deseable.

Trabajos de investigación como los realizados por la doctora Therese Macan de la Universidad de Missouri nos señalan incluso que, en estos contextos, ni siquiera las estrategias de gestión del tiempo son siempre útiles. Nos puede permitir liberar algo de tensión, pero el agotamiento laboral, por ejemplo, seguirá presente.

Bien es cierto que hace falta una reformulación profunda de nuestro estilo de vida. No obstante, y en la medida de lo posible, también nosotros podemos reflexionar en algunos aspectos. Estas serían algunas ideas:

  • Diferenciar entre lo urgente y lo importante.
  • Procurar organizarnos el día nada más levantarnos, tratando de situar en la agenda tiempos de ocio y descanso. Es imprescindible tener una o dos horas para hacer aquello que nos guste.
  • Aprender a delegar responsabilidades.
  • Buscar a lo largo de la semana tiempo para compartir con la familia y amigos.

Para concluir, no nos olvidemos de reflexionar una vez más en esta idea: la falta de tiempo también es pobreza y este tipo de miseria emocional y existencial también nos quita la vida poco a poco.

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  • Macan, T. H. (1994). Time Management: Test of a Process Model. Journal of Applied Psychology79(3), 381–391. https://doi.org/10.1037/0021-9010.79.3.381
  • Rimmer AbiHow do I improve my time management skills?