La formación de impresiones

6 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
El ser humano forma impresiones de otras personas constantemente. Ahora bien, ¿qué factores influyen? ¿por qué un mismo rasgo puede producirnos impresiones totalmente diferentes en dos personas?

La impresión, esto es, la primera opinión que solemos tener de las personas que observamos, conocemos o simplemente nos cruzamos es un fenómeno estudiado por la psicología social.

Además, la formación de impresiones no es un proceso sujeto al azar. Dicho proceso ha sido expuesto en teorías sociales y cognitivas que procederemos a explicar, donde los sesgos toman un papel esencial en el desarrollo de una impresión inicial.

Las impresiones son tan relevantes porque van a condicionar la interacción posterior y nuestra actitud hacia la misma. Dependiendo de los sesgos, los heurísticos o los estereotipos, la impresión tomará un cariz que puede llevarnos a conocer a nuestro nuevo mejor amigo o peor enemigo.

Chicas hablando en el campo

¿Qué es una impresión?

Una impresión viene definida como el resultado final de un fenómeno interactivo donde hay un individuo que percibe, una persona que es percibida e información que emana de esta.

Esta información puede provenir, entre otras cosas, de las teorías implícitas de la personalidad del perceptor, teorías que son personales e idiosincráticas.

Cuando se observa, para después concluir, se ha formado una impresión. No obstante, ¿qué ocurre durante ese proceso encubierto? ¿Cómo es posible que solo mirando a una persona sepamos si nos cae bien o mal? Estas son las preguntas que tratan de responder los paradigmas de la impresión que se expondrán a continuación.

Las teorías implícitas de la personalidad de Kelly

Kelly (1955) estudió la formación de impresiones en relación a las teorías implícitas de caracterizar a la gente. Por ello, los constructos personales de cada uno —cuya medida no es dimensional, sino que suelen estar basados en categorías binarias— influyen en que una persona tenga un tipo de impresión u otra.

Así, uno puede considerar la característica de la introspección como el organizador aislado más importante para la formación de una impresión; mientras, para otra persona, el organizador podría ser el humor o la inteligencia. Por ello, suelen existir impresiones muy diferentes en relación a una misma persona.

Los constructos personales suelen desarrollarse de forma adaptativa —a partir de las experiencias— y suelen ser bastante estables en el tiempo. Además de los constructos personales, Kelly encuentra que las personas también tienen sus propias teorías implícitas de la personalidad (TIP).

Estas se refieren a principios generales acerca de las características de ciertos tipos de personas u otras. Así, una persona puede tener una TIP donde las personas inteligentes suelen ser egocéntricas o que los sujetos tímidos son buenas personas. Suelen estar basadas en experiencias personales.

El modelo de configuración de Asch

Según el modelo de Asch (1946), en la formación de impresiones la información recogida del individuo puede ser catalogada en función de su «importancia». Por ello, defiende que existen rasgos centrales —que ejercen una mayor influencia en la impresión final— y rasgos periféricos —que, aunque se encuentran allí, no parecen tan relevantes—.

Asch defiende que la impresión es una configuración compleja de información —aspecto físico, conducta no verbal, comunicación verbal…— organizada gestálticamente. Esto significa que cada rasgo influye y se ve influido por los demás.

Asch estudió también cómo la presentación de la información es relevante para la configuración compleja de información. Llevó a cabo un experimento en el que dividió a los participantes en dos grupos.

  • Al primer grupo se le presentaron seis rasgos de la personalidad de un individuo hipotético en el siguiente orden: inteligente, trabajadora, impulsiva, crítica, terca y envidiosa. En este caso los adjetivos «negativos» se colocaron al final.
  • En el segundo grupo se hizo al revés.

Asch obtuvo evidencia del efecto de primacía en la formación de impresiones: la persona fue evaluada de manera más favorable cuando los adjetivos buenos se presentaron al principio. Sucedió lo contrario en las impresiones del segundo grupo, que fueron peores.

También puede surgir el efecto contrario, el efecto de recencia, cuando la persona que tenemos delante nos interesa poco o nos encontramos distraídos; en este caso, la información que prevaldría sería la presentada en última posición.

El álgebra cognitiva de Anderson

Los modelos de combinación lineal o algebra cognitiva de Anderson (1965) son paradigmas que se han descartado por tener muy poco en cuenta el contexto de la persona; son muy mecanicistas.

El álgebra cognitiva se refiere a la combinación de atributos con diferentes valencias en una impresión positiva o negativa. Así, Anderson consideraba que la formación de impresiones es el resultado de una contabilidad matemática mental. Los rasgos tienen una ponderación en una impresión positiva o negativa en función del contexto en el que nos encontramos.

Por ello, según este modelo, los rasgos pueden ser cuantificados, y tienen un valor constante que puede cambiar según el perceptor. Asimismo, las impresiones pueden predecirse siempre y cuando se conozca el valor que los perceptores asignan a cada rasgo.

El modelo de la media ponderada

Este modelo, que se encuentra dentro de los modelos de combinación lineal, es el que más sentido tiene puesto que considera que la situación en la que uno se forma una impresión es relevante.

En este paradigma, se trata de buscar una fórmula matemática que pueda predecir el resultado positivo o negativo de las impresiones. Se busca ponderar y promediar la valencia de todos los componentes de la persona.

Asch propone la siguiente fórmula matemática que predeciría el resultado de una impresión:

p0 i0  + Σ pi / p0 + Σ p

La importancia que se le da a cada rasgo no varía. Por ejemplo, una persona puede considerar (del uno al 10) la importancia de ciertos rasgos de esta manera:

  • Ingenioso: 8.
  • Atractivo: 5.
  • Entretenido: 10.
  • Expresivo: 6.
  • Dulce: 4.

Aunque estas puntuaciones no varían, sí lo hacen la importancia de cada rasgo según el contexto. Así, la ponderación del rasgo «atractivo» en la impresión general de un compañero de trabajo es de 0,2; mientras que el mismo rasgo «atractivo» en un acompañante a una fiesta puede ponderar 0,9.

El resultado final de la operación matemática será distinto, puesto que 5 x 0,2=1 y 5 x 0,9=4,5. Dependiendo del contexto el atributo «atractivo» influirá más o menos en la formación de una impresión positiva.

Amigos hablando en una cafetería

Conclusiones: ¿por qué estudiar las impresiones?

En general, las personas pasamos mucho tiempo pensando en otras personas. Algunas son conocidas de forma íntima, de manera que la impresión ya perdió su significación inicial; otras son simplemente vecinos, compañeros, amigas de amigas, cuya información que tenemos acerca de ellas se materializa en nuestra impresión. Además, estas impresiones son comunicadas a otras personas, influyendo en la manera en la que ellas crean su propia impresión.

De esta manera, las impresiones son aspectos importantes para la cognición social y las relaciones sociales. Conocer el proceso de formación de impresiones puede ayudarnos a evitar los estereotipos o las atribuciones causales nocivas, a aprender a dar una impresión buena en función de la información que damos (y cómo la damos) o a saber identificar la influencia de nuestras teorías.