La gran pregunta que acompaña a la adopción

Yamila Papa · 26 junio, 2016

Los padres adoptivos suelen ser reacios a decirle a sus hijos que son adoptados por temor a que no les quieran más o que intenten buscar a su familia biológica y regresar con ella. Sin embargo es un derecho de cada individuo saber de dónde viene y quiénes han sido sus antepasados.

La adopción sigue siendo un tema tabú en muchas culturas y hasta hace algún tiempo solo un puñado de allegados íntimos conocían la verdad sobre el origen de ese niño que llegaba al hogar. La psicología e incluso las leyes han cambiado y hoy en día afortunadamente se habla más sobre el tema.

Saber que es adoptado: ¿en qué afecta?

Las parejas o personas que por un motivo u otro deciden adoptar a un niño suelen ser algo reticentes en relación a decir la verdad sobre este maravilloso acto de amor. Algunos esperan a que el hijo sea mayor de edad, otros directamente callan hasta sus últimos días e incluso están los que llegado el momento, si el pequeño se da cuenta o lo intuye, se habla al respecto.

Mano de un niño agarrando a un adulto

Se cree que cuando una persona se entera que es adoptada inmediatamente abandonará el hogar y emprenderá una búsqueda desesperada por hallar a sus progenitores. Si bien esto puede ser verdad, en parte, en la mayoría de los casos se trata más que nada de una necesidad de completar espacios vacíos en la historia personal o de saciar una curiosidad, que de encontrar unos padres, porque a los que ya tienen los siguen considerando como tales.

¿Cómo es mi madre? ¿tengo hermanos? ¿por qué me han dado en adopción? Estas suelen ser las preguntas habituales que no siempre se pueden responder.

Revelar o no revelar la adopción

Hasta hace poco tiempo esta decisión quedaba en manos de los padres adoptivos. Ellos eran los que elegían qué verdad decirle al hijo o hasta qué punto ocultarle sus orígenes o pasado. Sin embargo esto ha cambiado notablemente en los últimos años.

En primer lugar porque el área de la psicología infantil ha hecho avances en relación al tema de la adopción y en segundo término porque la legislación así lo manifiesta. Ahora bien, en última instancia siempre queda supeditado a los padres no biológicos la gran responsabilidad de informar o callar, al menos durante la niñez.

En las leyes referidas a la adopción se indica que el individuo tiene “derecho” a conocer sus orígenes biológicos cuando cumple la mayoría de edad (Ley de adopción internacional, capítulo III). Pero no expresa quién tiene “obligación” de comunicarlo. Por ello hay tantos interrogantes y páginas en blanco en las historias de los adoptados.

El miedo de los padres adoptivos

Quizás se haya avanzado mucho en la materia, pero no obstante siguen habiendo muchos casos donde los padres adoptivos tienen miedo de revelar la verdad a sus hijos. Si bien hasta hace algunas décadas el mayor estigma era social (al aceptar problemas de concepción y esterilidad) ahora el temor está dentro del propio entorno.

Niña corriendo hacia sus padres adoptivos

La frase “quiero saber más de mi familia biológica” es una de las peores pesadillas de los padres adoptivos, así como también las recriminaciones del tipo “me has ocultado la verdad todo el tiempo” o “tú no eres mi padre por lo tanto no puedes obligarme a hacer nada”.

Pero, detrás de todo ello se encuentra otro miedo más grande: el de ser abandonados. En el caso de que el hijo llegue a contactar con su familia de origen -lo que sucede sólo en la mitad de las búsquedas- se cree que decidirá regresar con ellos. Esto no suele ocurrir salvo en contadas ocasiones.

Es preciso entender que una persona tiene el derecho de conocer sobre su pasado, ya no para formar parte de él, sino para armar un rompecabezas con todas las piezas. No es algo malo ni de alguien desagradecido con la infancia o las oportunidades que le han brindado. Es una necesidad de comprender lo que ha sucedido y de vivir sin tantos interrogantes.

Quizás para aquellos donde el árbol genealógico está bien definido sea un poco difícil comprender cuál es la “urgencia” de saber sobre padres o abuelos, sin embargo todos necesitamos de esa información, la utilicemos o no después. en cualquier caso, esta es nuestra libertad.