La habitación de los secretos

Lorena Vara González · 5 mayo, 2018

Cuando una pareja se aventura a dar el paso hacia la convivencia, pueden surgir numerosos problemas. Uno de los más comunes tiene que ver con la dificultad de uno para adaptarse al otro (manías, horarios, costumbres). Este proceso de acople da lugar a una buena parte de la dinámica de convivencia y en él ambos intentarán realizar concesiones sin perder la identidad individual. Cuando esto no se logra, aparece -de forma literal o metafórica- “la habitación de los secretos”.

La habitación de los secretos es ese espacio donde guardamos poco a poco esas cosas que forman parte de nosotros, de nuestros hábitos, pero que molestan o no agradan del todo a nuestra pareja sentimental. Esta habitación puede empezar a llenarse de detalles sin importancia que no te importa cambiar: ese perfume que no le gusta, esas manualidades que ocupan espacio en el salón o esas series románticas que a él le aburren un montón.

El problema comienza a ser preocupante cuando, con el tiempo, la habitación de los secretos no se llena de sugerencias sino de obligaciones. Se llena de esas amenazas, de esos gritos, de esas costumbres que te hacen insoportable a los ojos de tu pareja y que decides cambiar por no perderle y, a cambio, te pierdes a ti.

Las parejas que realmente se aman no son aquellas en las que cada miembro busca ser perfecto y complacer al otro por encima de su propio bienestar. Sino que son aquellas que, pese a tener defectos y no compartir todo lo que hacen, son capaces de aceptarse y quererse tal y cómo son.

Mujer llorando y secándose sus lágrimas en su habitación

La habitación de los secretos como violencia psicológica

Uno de los motivos por los que esta habitación de los secretos se puede llenar es por el miedo; por el miedo a la reacción psicológica del otro, por el miedo a la violencia o al maltrato. Así muchas personas dejan atrás sus deseos, su identidad como un precio a pagar por evitar ser víctimas de golpes físicos o psicológicos. Aumenta la vulnerabilidad y la persona cae en las redes de su pareja. Una pareja que, al ver las consecuencias positivas que ha tenido el maltrato para sus intereses, ve reforzada su conducta.

Si estamos en este caso, comenzamos a apartarnos, a arrinconarnos en una esquina de esa habitación para no ocupar el espacio legítimo y personal que deberíamos tener en nuestra relación. Nos alejamos de nuestra propia libertad personal e, incluso, dejamos de hacer ruido y de reclamar lo que somos porque es el otro el que habla por nosotras. Rendimos nuestra palabra y con ella nuestra fortaleza y nuestra autoestima.

En una relación nunca pierdas tu identidad, nunca pierdas tu voz. Es tu única arma ante el maltrato, el aislamiento y el miedo.

Construimos así un espacio desordenado de todo aquello que nos era propio y que ahora se ha vuelto dependiente del otro. El miedo a perderle nos consume porque nuestra vida es él, de nosotras ya no queda nada. Y es entonces cuando esa habitación se llena de secretos. Eso que nos gusta pero escondemos se convierte en los barrotes de nuestra celda.

Mujer con pájaros

¿Cómo salir de tu habitación de los secretos?

En esta habitación, en esta cárcel, no hay golpes ni marcas y por eso es más difícil de reconocer. Puede que incluso pienses que todo aquello a lo que has renunciado o lo que has dejado de hacer lo has hecho por voluntad propia. Pero, la diferencia es clara, si hay miedo a perderle o a que te haga daño, es coacción, no libertad de elección.

Todos tenemos manías, cosas que nos gustan y que no tenemos por qué compartir o renunciar a ellas por agradar a los demás. Ten en cuenta que si no atenta contra la libertad del otro, no está mal. Por eso, para no perder nuestra propia voz, nuestro espacio y nuestra identidad dentro de una relación no tenemos que ceder en todo lo que hacemos para no perder al otro.

Pero si ya te encuentras encerrada dentro de esta habitación llena de secretos, te recomiendo que los saques a la luz sin miedo. Quien bien te quiere te termina aceptando con todas tus manías o al menos se presta para encontrar una solución intermedia en la que no seas tú la única que tenga que ceder. Si lo pierdes por ser como realmente eres, es que no merece la pena.

Si es el miedo el que te impide salir de esa celda en la que se ha convertido tu habitación de los secretos pide ayuda en el exterior. Esas amistades que ahora parecen lejanas porque las has escondido en un rincón o esa familia que hace tiempo que no ves puede ayudarte a dejar de vivir llena de terror. También puedes solicitar ayuda profesional si lo necesitas, los psicólogos sabemos que no estás sola y, sobre todo, que no es culpa tuya.