La herida no cura porque necesita sanar en otro lugar

04 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
¿Podemos evolucionar y sanar nuestras heridas en cualquier lugar? ¿Somos incompatibles con ciertos ambientes o lugares? En este artículo lo analizamos.

Qué es huir y qué es luchar, cuando la herida no para de sangrar. A veces, simplemente la herida no cura porque necesita sanar en otro lugar. Irse o quedarse solo es una metáfora que simboliza la lucha de todo ser humano por vivir la vida que desea vivir.

A veces, no se trata de olvidar traumas, personas o de querer dejar atrás el aburrimiento. A veces, se trata de irnos para poder ser tal como somos, en versión ancha y libre. Con frecuencia, nacemos en lugares, pero no pertenecemos a ellos. Llevamos con nosotros parte de su identidad, de sus recuerdos, de sus peculiaridades, pero son solo detalles que no acaban de formarnos como personas.

Pasamos años luchando por encajar en un lugar, sometiendo nuestras ganas y deseos. A veces, estamos en un lugar donde las raíces dejan de tener nutrientes. No dejamos de dar fruto porque hayamos perdido la capacidad de hacerlo, sino porque no se dan las condiciones necesarias para poder hacerlo.

Siguiendo con la metáfora de las raíces y del movimiento, hay que ser conscientes de que podemos movernos si necesitamos un cambio. O varios. No somos árboles, tampoco piedras. Así, puede llegar el momento en el que necesitemos sanar en otro lugar.

Dos caminos

Sanar en otro lugar no es huir, es luchar por quedarte contigo

El lugar donde vives importa. Todos los lugares donde has vivido o vivirás importan. Esos lugares sacan de ti algo nuevo, distinto. Cada nuevo sitio viene con el ritual habitual de encontrar una vivienda y un espacio en ella. De hacerte con las rutas de tu nuevo barrio. En este fenómeno, está la alegría y la confusión de hacer que un nuevo espacio sea “tuyo”. Realmente, la tensión siempre existe, solo que a veces sabes agilizar más el proceso.

El proceso de adaptación requiere energía, compromiso cognitivo e inversión emocional. A medida que nos adaptamos a nuevas geografías, si las condiciones son satisfactorias, es probable que desarrollemos alguna forma de apego a ellas.

De la misma manera que nos apegamos a nuestros parientes y amigos a medida que crecemos, podemos desarrollar un sentido de conexión con los lugares donde vivimos, desde nuestra casa, nuestro vecindario, nuestra ciudad y para algunos, todo el país.

Con el tiempo, algunos lugares se vuelven parte de nuestra identidad e historia personal, parte de nuestro yo.

Para ir sanando, tengo que conocer mis heridas y el lugar donde es más fácil curarlas

Lo mejor de experimentar la vida en varios lugares es que es más fácil ser consciente de qué problemas son genuinamente tuyos, del ambiente que te rodea y qué otros se derivan de la falta de afinidad entre ese ambiente y tú. Así, a partir de este conocimiento nace una voluntad inteligente de transformarnos.

Lo que más se aprende al estar en varios lugares, experimentando en ellos, es que tus problemas y dificultades personales seguirán siendo los mismos. Sin embargo, en un determinado momento, descubres que en algunos lugares la solución es más sencilla, mientras que en otros sufrimos demasiado. No nos son rentables “emocionalmente”, ya sea una ciudad, un pueblo, una familia o el lugar de trabajo.

Necesitar sanar en otro lugar no es un capricho: la medicina geoespacial lo confirma

El lugar donde vivimos es una cuestión también de interés médico. La medicina geoespacial, a veces llamada geomedicina, estudia cómo la ubicación afecta a la salud y al bienestar. Así como una persona tiene un ADN genético, también tiene un ADN ambiental.

Al menos esta es la línea de pensamiento de la bióloga y geógrafa Amy Blatt, autora de Salud, ciencia y lugar: “no creo que la gente tenga en cuenta la importancia que tiene un lugar para afectar su salud hasta que es demasiado tarde“, dice Blatt.

Un artículo publicado en el New England Journal of Medicine informa de que cuando se trata de muerte prematura, la genética tiene solo una influencia del 30 %; el otro 70 % se atribuye a factores no genéticos como el medio ambiente, el acceso a la atención médica y los comportamientos individuales.

La psicología geoespacial

Si con la salud física el ambiente donde vivimos es tan importante, va a pasar lo mismo con la salud psicológica, de ahí lo de sanar la herida en otro lugar. Sin embargo, además de ser importantes algunos aspectos, como los servicios públicos comunitarios, va a serlo nuestro ambiente social. Sentirnos bien al estar activos.

Stephan Goetz, profesor de economía agrícola y regional en Penn State, publicó un estudio que mostró que los residentes de los suburbios eran más felices que la gente de las zonas rurales. Curiosamente, las personas que no se habían movido en absoluto en los últimos cinco años también dijeron ser más felices.

Esto puede estar relacionado con no tener que encontrar nuevos amigos y redes sociales”, dice Goetz. También hay heridas que no tienen por qué sanar en otro lugar, necesitar otro sitio para cicatrizar.

Amigos abrazados

Es decir, que no se trata solo de recursos estructurales, sino de que te sientas en sintonía con las personas que se encuentran a tu alrededor y quieras quedarte por un largo tiempo sin que nadie tenga que convencerte. A veces, las heridas sanan así, dejando que les entre distintos “aires” para ver cuál es el más adecuado.

Por último, para quienes te digan que “como la tierra de uno nada” o que el probar sitios distintos es “perderse o huir”; recuérdales que a veces hasta las huidas no deseadas te llevan hacia donde siempre deseaste estar. Por algo eso de “muévete, no eres un árbol“.

Blatt, Amy. (2015). Geospatial Medicine. 10.1007/978-3-319-12003-4_9.