La importancia de la comunicación emocional

Dolores Rizo · 5 agosto, 2015

Numerosos estudios sobre crianza natural y apego, nos han resaltado la importancia del contacto físico desde el nacimiento.Las caricias y los abrazos tienen un poder especial, el poder de comunicar afectos y sentimientos, que desde el nacimiento, el bebé, sabe entender, recibir e interiorizar. Así se desarrolla en la infancia la comunicación emocional.

Es por ello que muchos hospitales, practican el piel con piel de la mamá con su bebé desde el mismo momento de nacer, para provocar la impronta mamífera del apego y el reconocimiento de su referente principal.

La comunicación sin interferencias

Existen varias formas de comunicarnos, por una lado, la comunicación verbal, que transmite a través de palabras y la comunicación no verbal, la que se expresa a través de gestos, posturas, tono de voz, timbre, etc… Y además, podríamos decir que existe otra forma de comunicarnos, la comunicación emocional, aquella que transmite emociones, sentimientos y deseos, y sin duda, ésta es a través del contacto físico.

“Lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice”.

-Peter Drucker-

Madre e hijas felices

En nuestra cultura, como en otras tantas, se utiliza el beso como parte del saludo cordial entre dos personas conocidas o no, y éste protocolo social, ha hecho que se pierda el componente afectivo que tiene en esencia, cuando se trata del ámbito público y social.

Sin embargo, besar a una persona querida, o a tu pareja, recupera el componente afectivo, que se expresa en el plano más intimo. Las caricias, también cobran sentido afectivo y sensual, en el plano más intimo y privado, siendo un lenguaje emocional en sí mismas. Y los abrazos, son el único gesto que han trascendido al plano social y público, manteniendo el componente afectivo, y de expresión de deseos.

Zonas personales en la comunicación emocional

En las relaciones interpersonales, existen varios espacios o zonas dónde podemos interactuar. En primer lugar, la zona pública, dónde se interactúa con varias personas a la vez, por ejemplo, cuando damos una conferencia, y nos situamos a una distancia de 3.5 m a 7 m aproximadamente.

Por otro lado, tenemos la zona social, donde interactuamos con una o dos personas desconocidas, aproximadamente entre 1.20 m y 3.5 m de distancia. Después, encontramos la zona personal, que es la distancia para dar la mano o para mantener una conversación pública, aproximadamente entre los 45 cm y 1.20 m.

“Nuestro peor problema de comunicación es que no escuchamos para entender. Escuchamos para contestar”.

-Anónimo-

Y finalmente, la zona íntima, donde acceden pocas personas, ya que es una zona reservada a personas del plano más íntimo, donde las interacciones se basan en el contacto físico, a distancias de 45 cm o menos. Es en éste espacio íntimo, donde surgen las diferentes opciones de comunicación emocional a través del contacto físico, en ocasiones en un plano social y público, y en otras, en un plano privado, como el de las relaciones amorosas.

Pareja abrazándose

Pero sin duda, mantener contacto físico es adentrarse en la zona íntima, donde una persona es más vulnerable, y dónde la intromisión de una persona a la que no le hemos dado acceso, nos hará sentir invadidos, agredidos y poco respetados. Es precisamente por miedo a que esto ocurra, por lo que ponemos una barrera que impida el acceso a toda aquella persona no elegida para ello, relegándola a la zona personal, ausente de contacto físico.

El contacto físico, fuente de conocimiento y empatía

La comunicación emocional a través del contacto físico, tiene un fuerte potencial para las relaciones interpersonales, ya que nos ayuda a sentir más a la otra persona, practicando por ello con más naturalidad la empatía y el respeto hacia sus emociones y sentimientos.

Abrir nuestra zona íntima más a menudo, nos permitiría conocer el plano más sensible, emocional y humano de las personas, rompiendo así barreras o pantallas que a veces, nos impiden entendernos, respetarnos o sentirnos queridos.

Vivir la experiencia del contacto físico con personas receptivas para ello, profundiza en el sentido de la vida y de las relaciones humanas. Pues un solo gesto, sin palabras, permite que sintamos mucho más que con un discurso, y por ello, entenderemos en tan solo un instante, que formamos parte de la vida de esa persona, y que no estamos solos.