La importancia de ser personas activas - La Mente Es Maravillosa

La importancia de ser personas activas

Juan Antonio Díaz Garrido 5 abril, 2015 en Emociones 1 compartidos

“Y dio un paso tras otro, caminó diez metros y después veinte, anduvo cien y luego mil y siguió haciéndolo, paso tras paso, dejando atrás metro tras metro, con el horizonte de frente,  al ocaso en su espalda.

Caminó sin cuantificar el tiempo hasta que olvidó el por qué lo hacía, el por qué de tanto camino, el por qué de una vida sin pausa aunque siempre con mil destinos, el caminar por la simple inercia de caminar.

Viajó tanto hasta que paró y paró también sin saber por qué, derrotado como ser humano, cansado, dolorido sin explicación, sin aparente causa.

Y lo que había sido  un motivo para su vida, se convirtió en un muro infranqueable, en una meta imposible, en un destino sin significado y sin sentido… el simple pensamiento de volver hacerlo, era un losa que pesaba demasiado, el simple hecho de no moverse era más fácil que moverse…”

¿Es la vida la que hace que no paremos, o es simplemente la necesidad de un equilibrio armónico con nuestros impulsos, con nuestro entorno, con nuestro yo? ¿Es quizá un destino del que no podemos escapar? ¿Y qué ocurriría si escapásemos permanentemente de él?. Es decir, ¿qué ocurre si paramos y solo seguimos existiendo?

La vida moderna condiciona el descanso, condiciona la activación y condiciona en muchos casos aquello que nos puede proporcionar placer, aquello que nos saca una sonrisa, un regocijo…

Un ejemplo de cómo la vida nos condiciona es el hecho de que pasamos menos tiempo con nuestra pareja, nuestra familia o nuestros hobbies. Sin embargo, dedicamos más tiempo a las obligaciones como el trabajo, los estudios, las obligaciones…

Al fin y al cabo se trata de cosas que nos resultan menos placenteras pero que nos permiten seguir continuando por el viaje de nuestra vida.  Pero si tan necesarios son los momentos de alegría, quizá es por eso mismo por lo que se convierten en tan necesarios los momentos de esfuerzo, de trabajo e incluso de angustia.

Porque sentir la angustia y tener obligaciones nos sirve para poder valorar el disfrute, para deleitarnos con esos momentos tan especiales en los que degustamos un exquisito helado entre nuestros labios, esos momentos donde el culmen de nuestros sentidos hacen efervescencia.

La activación se convierte en aquello que nos hace desarrollarnos como seres humanos, como seres predeterminados a resolver problemas y a estar activos en pro de la supervivencia. La obligación de ponernos en marcha, unida a nuestros valores, nos da el objeto de nuestra existencia.

activacion interior

Por otra lado están los valores, que son esas guías que todos guardamos en nuestro interior, que cultivamos a lo largo de nuestra vida, para unos la familia, para otros la música, su trabajo, la política o la religión.

Esos valores que dan sentido a nuestro devenir diario, que hacen y producen lo que realmente somos. Lo cierto es que activación y valores van cogidas de la mano, generando seres activos con voluntad y con objetivos en la vida.

Desgraciadamente hay veces que aquellas cosas que no nos producen bienestar nos aturden y nos apagan hasta que dejamos de caminar o hasta que dejamos de sentir placer ante una caricia, ante un halago o ante el simple hecho de levantarnos cada mañana y descubrir un nuevo día. En términos mundanos, caemos en la depresión.

Ante esto algunos recurrimos al médico, otros al psicólogo, incluso algunos a remedios de curanderos o remedios tradicionales, y muchos más seguramente esperamos pasivamente con la esperanza de que la mala época pase.

Al principio reclamamos a familiares y a amigos hasta que también después de un corto tiempo de apoyo, en muchos casos nos dirán que “seamos fuertes”, “que nos levantemos”, o sencillamente se cansen de decirlo.

Hay mil maneras de salir del “bucle”, pero hay una en la que cualquier especialista estaría de acuerdo: la activación. Volver a hacer, volver a caminar, volver a dar paso tras paso, aunque no encontremos placer en darlo, aunque no encontremos la felicidad de antaño, aunque incluso nadie nos apoye.

Porque al volver a andar, al dar pasos reiterada y lentamente volveremos a recuperar los valores que hicieron un día a la persona que somos. Volveremos a recordar por qué caminábamos primero un metro y después dos, más tarde diez y así hasta más de mil, volveremos a saborear aquel helado, aquel beso y aquel aliento en nuestra mejilla.

Lo cierto es que andar no es fácil pero, si vencemos la inercia a través de la activación, la naturaleza hará el resto.

“…Hasta que por azar volvió a caminar y dio un paso y dio dos, y así siguió, hasta que comprendió por fin, que era la única persona que podía guiar sus pasos”

Imagen cortesía de Sunny studio

Juan Antonio Díaz Garrido

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