La importancia de ser personas activas

Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Bernardo Peña Herrera
La felicidad se obtiene gracias al movimiento, de ahí la importancia de ser personas activas. Nunca sabremos todo lo que podemos conseguir ni llegar a ser si no lo intentamos
 

La importancia de ser personas activas puede reflejarse en lo siguiente:

“Y dio un paso tras otro, caminó diez metros y después veinte, anduvo cien y luego mil y siguió haciéndolo, paso tras paso, dejando atrás metro tras metro, con el horizonte de frente,  al ocaso en su espalda.

Caminó sin cuantificar el tiempo hasta que olvidó el por qué lo hacía, el por qué de tanto camino, el por qué de una vida sin pausa aunque siempre con mil destinos, el caminar por la simple inercia de caminar.

Viajó tanto hasta que paró y paró también sin saber por qué, derrotado como ser humano, cansado, dolorido sin explicación, sin aparente causa.

Y lo que había sido un motivo para su vida, se convirtió en un muro infranqueable, en una meta imposible, en un destino sin significado y sin sentido… el simple pensamiento de volver hacerlo, era un losa que pesaba demasiado, el simple hecho de no moverse era más fácil que moverse…”

La importancia de ser personas activas

¿Es la vida la que hace que no paremos, o es simplemente la necesidad de un equilibrio armónico con nuestros impulsos, con nuestro entorno, con nuestro yo? ¿Es quizá un destino del que no podemos escapar? ¿Y qué ocurriría si escapásemos permanentemente de él?. Es decir, ¿qué ocurre si paramos y solo seguimos existiendo?

 

El ajetreo de la vida moderna condiciona el tiempo que podemos dedicar al descanso. También, en muchos casos, aquello que nos puede proporcionar placer, que nos saca una sonrisa, un regocijo…

Un ejemplo de cómo la vida nos condiciona es el hecho de que pasamos menos tiempo con nuestra pareja, nuestra familia o realizando nuestros hobbies. Sin embargo, dedicamos más tiempo a las obligaciones como el trabajo, los estudios, las obligaciones…

Al fin y al cabo, se trata de cosas que nos resultan menos placenteras pero que nos permiten seguir continuando por el viaje de nuestra vida.  Pero si tan necesarios son los momentos de alegría, quizá es por eso mismo por lo que se convierten en tan necesarios los momentos de esfuerzo, de trabajo e incluso de angustia.

Porque sentir angustia y tener obligaciones nos sirve para poder valorar el disfrute. Para deleitarnos con esos momentos especiales en los que, por ejemplo, degustamos un exquisito helado.

Debemos ser activos y dinámicos

La activación se convierte en aquello que nos hace desarrollarnos como seres humanos, como seres predeterminados a resolver problemas y a estar activos en pro de la supervivencia. La obligación de ponernos en marcha, unida a nuestros valores, nos da el objeto de nuestra existencia.

 

activacion interior

 

Por otra lado están los valores, que son nuestra guía interior. Estos valores que dan sentido a nuestra vida, que hacen y producen lo que realmente somos. Lo cierto es que actividad y valores van cogidas de la mano. Porque dan como resultado seres activos con voluntad y con objetivos en la vida.

Desgraciadamente, hay veces que aquellas cosas que no nos producen bienestar nos aturden y nos apagan, hasta que dejamos de caminar o hasta que dejamos de sentir placer ante una caricia, ante un halago o ante el simple hecho de levantarnos cada mañana y descubrir un nuevo día. En términos mundanos, caemos en la depresión.

Ante esto, algunos recurrimos al médico, otros al psicólogo. No obstante, muchos seguramente esperan pasivamente con la esperanza de que la mala época pase. Al principio, reclamamos a familiares y a amigos hasta que se cansen de ayudarnos.

Recuperar nuestros valores y objetivos: ser personas activas

Hay mil maneras de salir del “bucle”, pero hay una en la que cualquier especialista estaría de acuerdo: la activación. Volver a nuestros valores, a nuestro camino, a realizar nuestros hobbies, a cumplir con nuestros objetivos. Hay que hacerlo cueste lo que cueste, porque la alternativa es mucho peor. La vida no perdona la inacción. Por lo tanto, debemos ser personas activas.

 

Porque al volver a andar por la senda de nuestros valores, volveremos a nosotros mismos, a ser la persona que fuimos. Volveremos a recordar por qué caminábamos primero un metro y después dos, más tarde diez y así hasta más de mil, volveremos a saborear aquel helado, aquel beso y aquel aliento en nuestra mejilla. Lo cierto es que andar no es fácil pero, si vencemos la inercia a través de la activación, la naturaleza hará el resto.

“…Hasta que por azar volvió a caminar y dio un paso y dio dos, y así siguió, hasta que comprendió por fin, que era la única persona que podía guiar sus pasos”