La mente del adulador

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 21 septiembre, 2017
Edith Sánchez · 12 junio, 2014

La adulación se define como un elogio excesivo y recurrente de las cualidades de otro. El adulador a veces muestra una admiración sin límites, carente de crítica y más o menos patológica. En otras ocasiones, simplemente es un arma que alguien utiliza para manipular a otro.

Los halagos hacen sentir satisfacción a quien los recibe. Con esto, bajan sus defensas y pueden confundir las verdaderas intenciones de quienes tanto los exaltan.

Para muchos, los aduladores son una verdadera lata. Otros los ven con simpatía y hasta los necesitan. Porque así es la adulación: no puede existir si no hay otro que la demande. Florece allí donde hay un terreno propicio para ello. Pero a diferencia del reconocimiento genuino de las virtudes de otros, la adulación siempre tiene una “agenda secreta”.

Adulación y narcicismo

mujer con caretas de adulador

El adulador y el narcisista son la cara y el sello de una misma moneda. Una versión en positivo y en negativo de la misma realidad. El adulador proyecta en otro lo que él mismo desea para sí. Y su objeto de admiración es siempre un ególatra.

El ególatra es un individuo con un aprecio desmedido por sí mismo. Se trata de una fijación infantil que lleva a la vida adulta lo que se experimenta en los primeros años de vida: necesidad de ser el centro del mundo, ignorancia y desinterés por las necesidades de los demás.

Bien sea porque estas carencias no se llenaron suficientemente, o bien porque se produjo una distorsión al hacerlo, hay personas que permanecen en ese estadio infantil.

Al adulador le pasa exactamente lo mismo, pero en su historia también se registran episodios que han podido hacerle dudar de su propia valía. En el caso de los aduladores, es frecuente que se trate de una persona en cuya crianza se mezcló “la adoración” con el maltrato.

 

Adular es una manera de menospreciarse. Pero contrario a lo que se pudiera aceptar a primera vista, lo que el adulador busca no es humillarse, sino formar parte de esa “grandeza” que percibe en otro. Busca su aceptación, su reconocimiento. Quiere ser como ese ególatra al que adula. Ejerce su narcicismo en negativo.

“La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad.”

-François de La Rochefoucauld-

El adulador que manipular a otros

Manipulador moviendo un muñeco

En otros casos, la adulación no opera dentro de la lógica de la identificación con otro, pero sí mantiene al narcicismo como base. Es el caso de los aduladores que halagan para doblegar la voluntad de otro y así poderlo manipular. En esta situación, las frases de exaltación y los gestos de sumisión son premeditadamente falsos. No hay admiración sino, incluso, desprecio por el otro.

“Uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso.”

-Sigmund Freud-

Se manipula adulando a otro cuando se quiere obtener un beneficio específico. Un favor, un perdón, una ventaja. Decirle al otro lo maravilloso que es, lo vuelve vulnerable. Induce un relativo estado hipnótico en la que el uno se siente cómodo por la forma como está siendo exaltado, mientras que quien lo halaga calcula el siguiente movimiento para obtener lo que quiere.

Este tipo de manipulación opera en la conquista amorosa, en los negocios, en la vida laboral, etc. El elogio prepara el terreno para usarte de algún modo. Por eso debes desconfiar de los halagos gratuitos.

En realidad, solo pueden descubrir este tipo de trampas quienes tienen un amor propio maduro y sólido. Aquellos que se conocen lo suficiente como para saber cuándo en verdad les están reconociendo un atributo y cuándo, simplemente, los están timando.