La neurociencia de la imaginación: el mundo que nos hace libres

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
20 julio, 2019
El cerebro adora imaginar. Gracias a esta pasión, visualizamos ideas, hallamos soluciones a los problemas y clarificamos sueños. Ahora bien, el proceso creativo e imaginativo responde a una serie de mecanismos neuronales fascinantes que merece la pena conocer.

La neurociencia de la imaginación nos dice que todos tenemos un genio creativo en nuestro interior. El cerebro humano es una maquinaria perfecta a la hora de innovar, de ver en nuestra realidad nuevas posibilidades. También es un recurso fascinante para soñar despiertos, para crear nuevos mundos y aliviar con ellos tensiones y problemas de la realidad con la que trabajamos, a la que nos enfrentamos y de la que pretendemos disfrutar.

Decía Pablo Picasso que todo lo que se puede imaginar puede hacerse realidad. Pensemos en ello; de algún modo, todo producto artístico, social y cultural es el resultado de una idea. Cada cosa que nos rodea, edificios, tecnología, ropa e incluso el entramado de nuestros sistema sociales, políticos o educacionales fueron imaginados por alguien en algún momento.

La imaginación es el paso previo a la creación y sin ella, sin el proceso creativo nada sería posible. Las personas estamos hechas de sueños e ideas que determinan buena parte lo que somos.

Imaginamos lo que nos gustaría ser o tener, imaginamos para buscar un escape momentáneo a la realidad y lo hacemos también porque nuestro cerebro es un soñador empedernido y a la mínima, nos traslada a otros mundos y escenarios.

«Las ideas son como peces. Si deseas capturar pequeños peces, puedes permanecer en la superficie. Pero si quieres atrapar al pez grande, debes hacer un viaje a las profundidades. Ahí, los peces son más poderosos, puros, abstractos y hermosos».

-David Lynch, Atrapa al pez dorado

Mente de un niño con un mecanismo de la neurociencia de la imaginación

La neurociencia de la imaginación: ¿cómo se produce?

La neurociencia de la imaginación forma parte de nuestra vida cotidiana. A menudo, suele decirse que es en la infancia cuando más uso le hacemos.

El mundo en esos primeros años nos parece ilimitado y nuestra mente, es increíblemente creativa. De algún modo, y a medida que crecemos y quedamos atrapados en las rutinas y obligaciones, la imaginación se va oxidando, recortando así, parte de ese potencial indómito que todos tenemos.

Por ello, suele decirse que la imaginación debe acompañarse a su vez de un tipo de personalidad desafiante con la cual, poder materializar muchas de esas ideas. Sea como sea, esto es algo que podemos entrenar y aprender. Comprendamos ahora cómo se organizan las bases neurológicas del proceso creativo.

Cuando imaginas también percibes y sientes

La neurociencia de la imaginación cuenta con innumerables trabajos que nos revelan datos fascinantes. Así, estudios como el llevado a cabo por el doctor Luigi Afganti, de la Universidad de Padua, nos señalan que la percepción y la imaginación comparten los mismos mecanismos neuronales. ¿Qué significa esto? Para entenderlo mejor pondremos un ejemplo.

Imaginemos por un momento que estamos sentados ante el mar al atardecer. Cuando ponemos en marcha este proceso imaginativo, nuestro cerebro consigue varias cosas. Logra que veamos en nuestra mente ese mar, ese cielo y ese sol sumergiéndose en el horizonte. Además, escucharemos el rumor de las olas, el viento del atardecer e incluso el olor de la brisa salitrada.

Las personas somos capaces experimentar sensaciones a través de la imaginación sin que ciertos estímulos estén presentes. Y lo logramos porque utilizamos unos mismos circuitos neuronales.

Mujer en un escenario de fantasía representando la neurociencia de la imaginación

La imaginación y la creatividad se da en todo el cerebro, no en un solo hemisferio

Hay un neuromito muy extendido y es el siguiente: el hemisferio derecho es el que orquesta los procesos creativos, mientras que el izquierdo es el lógico. En este sentido, psicólogos cognitivos, como el doctor Scott Barry Kauffman, señalan: el proceso creativo e imaginativo se da en muchas regiones del cerebro y no en un área concreta.

La imaginación funciona a través de un conjunto de redes

La neurociencia de la imaginación nos dice que esta funciona a través de un conjunto de redes neuronales distribuidas a lo largo de todo el cerebro. Ahora bien, son eso sí, redes muy especializadas. Son las siguientes:

Red de atención ejecutiva

La imaginación requiere estar centrados en el propio proceso creativo. Lo creamos o no, esta actividad requiere de mucha energía y sofisticación. Así, y en gran parte de los casos, a la hora de crear, imaginar e inventar, hacemos uso de muchos datos almacenados en nuestro cerebro.

Los tomamos como referencia para inspirarnos y para transformarlos En ese proceso, necesitamos de una red de trabajo que nos permita acceder a nuestra memoria, también a la reflexión, a la conciencia, a la concentración… Esta red ejecutiva controla a la vez todos estos procesos.

Red por defecto o la red imaginativa

La imaginación nos conecta con nuestra autoconciencia. Tomamos contacto con ese arcón privado donde se integra lo que somos, lo que hemos vivido, lo que deseamos, lo que buscamos... Esta segunda red, conocida también como red por defecto o imaginativa, se nos permite crear en nuestra mente múltiples universos a la vez: pensamos en nosotros, en el pasado, en el futuro, en nuestras interacciones sociales… Es una compleja red a la que se conectan múltiples área del cerebro.

Neuronas rosa de mosqueta

La red de saliencia

Esta red supervisa todo lo que nos llega desde el exterior y lo vincula con nuestra conciencia. Se trata de un conjunto de redes neuronales organizadas para recopilar toda la información que nos llega de fuera, para después, procesarla y priorizar lo que considera más importante. Después, lo lleva a diferentes áreas del cerebro para iniciar el proceso imaginativo.

Para concluir, la neurociencia de la imaginación nos aporta sin duda datos increíbles sobre una dimensión clave para el ser humano. Ahora bien, a la pregunta sobre cómo podemos potenciar este recurso y esta valía excepcional, la respuesta es sencilla: saliendo de la rutina.

El cerebro necesita estímulos nuevos, le gusta aquello que lo desafíe, que despierte su curiosidad y lo aleje de lo que vemos día tras día. De ese modo, actividades tan simples como viajar, conocer gente nueva, aprender, leer y experimentar cosas fuera de lo que nos es ordinario, despertará al máximo nuestra creatividad e imaginación para ser un poco más libres.

  • Agnati, L. F., Guidolin, D., Battistin, L., Pagnoni, G., & Fuxe, K. (2013). The neurobiology of imagination: Possible role of interaction-dominant dynamics and default mode network. Frontiers in Psychology4(MAY). https://doi.org/10.3389/fpsyg.2013.00296