La psicoterapia, redes neuroplásticas y felicidad: ¿cómo se relacionan?

09 Diciembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por Psicólogo Marcelo R. Ceberio
"Aprender a desaprender" para cambiar, resolver un problema y sentirnos mejor es algo que quizás hayamos oído alguna vez si hemos ido a terapia. Pero, ¿sabemos todo lo que implica?

Las redes neuroplásticas son un efecto dominó neuronal en el que las células nerviosas operan en cadena. Los problemas humanos crean una especie de inercia neuronal y cognitiva que lleva a una forma de emocionar y de actuar repetidamente.

La psicoterapia intenta desestructurar esas cadenas neuroplásticas y modificar la producción de neurotransmisores y hormonas, pensamientos, emociones y formas de actuación que constituyen los problemas humanos. El objetivo final es construir cadenas nuevas que se asocien con la felicidad y el bienestar.

Ahora bien, ¿qué es la psicoterapia, qué puede aportar al bienestar y cómo se lleva a cabo ese proceso de transformación? Veámoslo a continuación.

Mujer terapia psicológica

Psicoterapia, categorías y experiencia

La psicoterapia es una ciencia que puede definirse como ‘una relación en la que alguien solicita ayuda a un especialista’. Asimismo, es un espacio de autorreflexión que invita a las personas a pensar en su manera de actuar, crear una actitud crítica que les permita dejar de ser meros espectadores de su vida y adoptar responsabilidades para resolver sus problemas. En síntesis, la psicoterapia es un espacio donde hablamos de nuestra vida en pro de hallar crecimiento y cambio.

Para poder entender mejor todo esto, primero debemos repasar cómo somos en la experiencia -en general- y qué hace el cerebro mientras tanto.

En la experiencia, cada una de las situaciones, objetos, personas, que percibimos se incluyen en categorías que tienen diferentes significados. Así, una categoría puede integrar varias categorías a la vez. Por ejemplo, silla puede integrar la categoría de muebles, pero a la vez silla puede ser la categoría que reúne a diferentes formas y estilos de sillas.

Tal cual como lo hacemos en el ordenador, en el cerebro archivamos en carpetas (categorías) toda la información bajo el rótulo de escala de valores, creencias, reglas, ideología, etc. Desde los juicios de valor más simples como bueno, malo, lindo, feo hasta procesos complejísimos.

Cabe acotar que la construcción de categorías cognitivas no desestima que también somos parte de una neurobiología. No vemos lo que vemos, sino que vemos lo que recordamos. Nuestro archivo del hipocampo, como centro de memoria y aprendizaje, le otorga fidedignidad a lo observado.

El hipocampo registra las imágenes como fotografías, o sea que basta recordar un detalle para que pueda aparecer la Gestalt completa. Por otra parte, si el ambiente es un entorno cambiante, en pos de la adaptación, es necesaria la plasticidad conductual. Dicha plasticidad es una propiedad de los sistemas biológicos que les permite adaptarse a los cambios del medio para sobrevivir.

Así, el aprendizaje y la memoria son eventos que favorecen la flexibilidad, y cuanto más plástico es el sistema nervioso, mayor es la capacidad de aprendizaje de los organismos.

Redes de redes

Las redes de categorías arman redes neuronales. Nuestros proyectos, recuerdos, creencias y valores, saberes adquiridos, recursos y capacidades se hallan mediatizados por 100 000 millones de neuronas.

En una progresión imposible de seguir, cada una de estas neuronas tiene la capacidad de conectarse con otras 10 000, totalizando alrededor 1000 billones de posibles conexiones neurales. La sinapsis es el punto de encuentro en el que se conectan dos neuronas y es el que posibilita un entramado, una gran telaraña llamado red neuronal.

En los extremos del cuerpo neuronal se hallan los axones que conducen pulsaciones que, como estímulos eléctricos, duran unas milésimas de segundo y alcanzan hasta la increíble velocidad de hasta 300 Km/h. El estímulo nervioso que transmite el axón encenderá las dendritas de las neuronas con que establece conexión y produce una ilación multiplicadora que puede implicar a cientos de miles o millones de neuronas en una vasta y compleja red.

Tengamos en cuenta que el cerebro, en relación a poner en marcha este circuito, consume una quinta parte de toda la energía generada por el cuerpo en descanso.

Algunos autores comparan el cerebro con una bombilla de luz de 20 vatios que brilla sin parar y no deja de trabajar aún cuando estamos durmiendo.

A pesar de que representa un 2 % en relación al porcentaje del peso corporal estándar, el cerebro recibe el 15 % del gasto cardíaco, el 20 % del consumo total de oxígeno del cuerpo y usa el 25 % de la glucosa total del cuerpo principalmente como energía y, en su ausencia, como pasa en la hipoglucemia, puede causar pérdida de conciencia.

Por ejemplo, cuando una persona lee un libro, una cascada de neuronas se asocian en pos de lograr comprender el contenido, de esta manera se construye una red inédita hasta el momento, que seguramente apela para su constitución al recurso de otras redes establecidas, a partir de otros conocimientos.

La neuroplasticidad es un proceso fisiológico que puede definirse como ‘la capacidad de una red neuronal para el cambio y modificación de la conducta para lograr adaptarnos a las demandas del contexto’. Es la posibilidad cerebral para armar, fortalecer, o desarmar redes neuronales.

La perpetuación de ciertos circuitos de redes neuronales genera los automatismos de conductas y tal sistematización impide la facilidad del cambio generando redes alternativas.

Las redes neuronales pueden ser entendidas bajo la metáfora del río. Un pequeño surco en la tierra donde circule agua, va generando un cauce. En la medida que continúe corriendo el agua, el cauce se profundiza transformando un hilo de agua en un zanjón; del zanjón al riacho, del riacho a la laguna, de la laguna al lago, del lago al río.

Lo que circula es información, representaciones socioculturales, creencias, valores, emociones, formas de actuación, hormonas y neurotransmisores. En todo este proceso de constitución de red se incluye la variable tiempo. En la medida que se estereotipa la red y se aplica en situaciones similares a pesar de los diversos contextos, resulta difícil crear senderos alternativos.

El “más de lo mismo”

En la práctica clínica, este desarrollo se observa en los intentos de solución fracasados por resolver problemas, en los que siempre se aplica la misma fórmula a pesar de obtener el resultado contrario al que se desea obtener. Nos resulta dificultoso cambiar la forma con la que intentamos resolver un problema, aunque tenemos frente a los ojos la evidencia del error en los resultados.

Cada vez que apreciamos un estímulo, realizamos una evaluación cognitiva y lo categorizamos, iniciamos un circuito de una red neuronal. En la medida que acentuamos la percepción y la categoría, más se acentúa la red y más resistencia al cambio generará, lo que dificulta la creación de circuitos alternativos.

Por ejemplo, una situación a la que se le adjudica un significado negativo constituye una red neuronal de valencia negativa. Con esto, se sistematiza el estructurar ideas que siempre muestren el vaso medio vacío.

Hay personas que tienen una tendencia natural a observar la perspectiva negativa, como también los hay que perciben naturalmente las cosas con positividad. Cualquiera de estas personas establece una red en una u otra dirección que, en la medida que se perpetúa, más espontáneamente aparece.

Estas redes neuronales llevan a una sistematización de acciones y tanto es así que muchos de nuestros movimientos tienen que ver con automatismos de la cotidianidad, como cuando alargamos el brazo para tomar algo del escritorio en el lugar donde siempre lo ubicamos o cepillarnos los dientes con la misma mano y de idéntica forma, o como nuestros movimientos rutinarios cuando nos despertamos cada mañana.

Es esta misma inercia de acciones la que no permite y, más bien obtura, las soluciones a los problemas: si hacemos más de lo mismo, obtenemos más del mismo resultado. Esto mismo explica la compulsión a la repetición que tenemos los seres humanos de aplicar la misma fórmula a pesar de la ineficacia.

Mujer preocupada en el síndrome de pretzel

La psicoterapia nos hace ser más felices

Las redes poseen un sucedáneo directo con las emociones y estas con los neurotransmisores y las hormonas endocrinas. Bioquímicamente, la estructuración de redes neuroplásticamente negativas generarán (activando el eje hipotalámico-hipofisiario-suprarrenal), cortisol y adrenalina, hormonas reinas del estrés.

La posibilidad de que la psicoterapia vehiculice una nueva red y tuerza hacia constructos y categorías positivas posibilitará que las endorfinas y la serotonina proporcionen una cuota de bienestar y felicidad, la dopamina incremente el placer y la motivación y la oxitocina aumente la confianza y la generosidad. Todos componentes para una vida feliz.

En la medida en la que prime esta bioquímica cerebral, es factible que tenga un efecto multiplicador: hormonas y neurotransmisores positivos llevan a realizar acciones emparentadas con el bienestar, aunque no solo acciones, sino también ideaciones (fantasías, proyectos, pensamientos acerca de uno y los otros, etc.).

Este proceso que construye una actitud de vida producirá interacciones acordes, se tenderá a elegir vínculos nutritivos afectivamente y se retroalimentará la producción de redes neuroplásticas signadas en esta dirección.

Podría afirmarse entonces que el cambio en la psicoterapia se produce porque se deconstruye la red neuroplástica que se establece sistemáticamente a partir de ciertos eventos problemáticos. Y esto se produce bajo el artilugio de la palabra y la relación. Las resistencias al cambio se producen por la automatización de las redes y allí es un frente de lucha de la psicoterapia en pos de crear una red bienhechora.

El cambio de conductas, ideas y emociones es una vía de entrada para cambiar la red neuronal.

Si el objetivo de la psicoterapia es lograr consolidar una vida feliz, romper con las limitaciones de las cadenas neuroplásticas nocivas, es una tarea no solamente pragmática sino reflexiva y emocional. Cambiar de categoría hace que se estructure una nueva red neuroplástica y con ello el cambio.

Por supuesto que este es un gran primer paso, pero luego hay que sostenerlo. La inercia del viejo trayecto neuronal siempre amenaza, no solamente por la cadena asociativa de neuronas, sino por la bioquímica subsecuente.

Toda esta cadena signada por aspectos, cognitivos, emocionales, interaccionales y bioquímicos saludables -lejos del idealismo y de la utopía- se asocian a la felicidad y al final de cuentas, en parte, ¿de eso no se trata la vida?

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