La reciprocidad, uno de los cimientos de nuestras relaciones - La Mente es Maravillosa

La reciprocidad, uno de los cimientos de nuestras relaciones

Dolores Rizo 8 abril, 2016 en Psicología 0 compartidos

Vivimos en una sociedad donde tendemos a medir todo lo que damos y también lo que nos parece justo recibir en función de lo que hemos entregado. Pasamos mucho tiempo valorando lo que los demás nos devuelven a cambio de nuestra entrega. Hemos convertido la reciprocidad en una moneda de cambio.

Y probablemente esto nos hará sufrir, ya que con frecuencia descubriremos que recibimos menos de lo que creemos dar, algo que puede hacer que nos sintamos injustamente tratados e insatisfechos con las relaciones interpersonales. La reciprocidad no es sufrimiento si descubres el gran potencial que tiene para permitirnos disfrutar de las relaciones, así como de nuestra entrega a los demás.

Esperar de los demás

Tendemos a esperar de los demás, como mínimo, lo mismo que les hemos dado: esto nos trae sufrimiento, ya que pocas veces nos sentimos correspondidos. Sentiremos frustración o que nos utilizan, ya que no han sabido devolvernos tanto como esperábamos de ellos.

El hecho de esperar algo de los demás, muchas veces de una determinada forma y manera, y no ver cumplidas nuestras expectativas puede suponer una dura decepción. Puede hacer que nos replanteemos el hecho de seguir dando y empecemos a mirar con buenos ojos la alternativa de ser más conservadores.

Agradar a los demás

En muchas ocasiones, lo que nos motiva a dar algo a los demás, es un interés por su bienestar. Queremos que estén bien, que no les falte de nada, etc… En principio, podríamos afirmar que no pretendemos nada más, que no buscamos nada más.

Amigas abrazándose en la calle

Sin embargo, en aquellas situaciones en las que nos encontramos mal o nos hace falta un apoyo, al percibir esta falta de respuesta, nos sentimos aún más tristes. Ahora, cuando necesitamos una mano, nadie está dispuesto a echárnosla cuando nosotros, previamente, no hemos dudado en hacerlo. De esta manera, empezamos a pensar que lo que obtengamos es independiente de lo que ofrezcamos.

Necesidad de valoración

En muchas ocasiones, aunque no seamos conscientes, en el trasfondo de muchas de las conductas con las que pretendemos agradar se encuentra la necesidad de recibir. Damos, casi de manera desesperada, porque también necesitamos.

De alguna manera subconsciente, creemos que “si miramos por los demás, ellos acabarán mirando para nosotros”  y es esta una creencia errónea que nos llevará hacia el sufrimiento y los conflictos en las relaciones interpersonales. Ya que, hemos comprobado una y mil veces que esto no es así, aunque estemos convencidos de que “debería ser así” y por ello sufrimos.

Es mucho más sano mirar por uno mismo, sin esperar nada de los demás; por tanto, sin pretender agradar para conseguirlo. Por supuesto, esto no quiere decir que no vayamos a mirar por los demás, lo haremos si así lo queremos pero evitando poner como condición en nuestra mente recibir algo a cambio.

Así, la satisfacción de dar a los demás se convertirá en el único motivo para hacerlo y en el motor principal de la reciprocidad, que seguirá actuando pero ya sin ser una tortura para nosotros cuando esta no se cumple o se cumple de una manera distinta a ala que pensamos.

Corazón reflejándose en un espejo

Tengo derecho a la reciprocidad

Tengo derecho a la reciprocidad, significa, permitirme recibir lo que otros quieran darme, disfrutando de ello. Si no esperamos nada de nadie, la gratitud y la satisfacción serán máximas.

De ésta forma, entendemos que la Reciprocidad, es un acto de libertad, y que corresponde a cada persona decidir qué quiere dar, cuándo y cómo. Y sólo desde el Respeto hacia las decisiones de los demás podremos disfrutar plenamente de los beneficios de la Reciprocidad.

Cada uno decide

Cada persona decide, si dar algo o hacer algo por los demás; si esto es así, nadie debe nada a nadie, ya que somos libres y no tenemos la obligación de corresponder, como tampoco la tienen con nosotros.

De esta forma, dejaremos de medir lo que los demás nos dan, porque solo forma parte de su decisión, y no tienen obligación a darnos, aunque nosotros ya lo hayamos hecho con ellos. De la misma manera, dejaremos de sentirnos obligados o en deuda por devolver lo que nos dieron a nosotros.

Mujer pensando al aire libre

El equilibrio de las relaciones interpersonales

Cuando respetamos las decisiones de los demás, descubrimos otra forma de entender las relaciones. Sin embargo, es muy probable que recibamos mucho de personas que no esperábamos y probablemente, estas personas no serán las mismas a las que nosotros les dimos o aportamos algo.

Esto es el equilibrio de las relaciones interpersonales, el que hace que existan de forma natural, al mismo tiempo que nos sorprenden en cada momento donde no esperábamos nada y recibimos mucho. Así, la reciprocidad se convierte en un instrumento de intercambio espontáneo, de satisfacción y agradecimiento.

Con la reciprocidad, bien entendida, nos sentiremos más libres y más dueños de nuestras propias decisiones, aceptando y agradeciendo lo que otros quieran regalarnos. Entendiendo la reciprocidad de esta manera nos estaremos permitiendo disfrutar de las relaciones y de todo lo que somos capaces de dar en ellas.

Dolores Rizo

Licenciada en Psicología, gabinete propio. Desarrollo terapias presenciales y on line. Utilizo técnicas integradoras, dando así nacimiento a una terapia integral, donde complemento el trabajo cognitivo, conductual y emocional, con técnicas como la Hipnosis.

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