La rigidez psicológica: ¿qué es?

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 3 marzo, 2019
La rigidez cognitiva nos puede abocar a una vida claramente infeliz. No admitir otras perspectivas, negarnos a los cambios, a atender y valorar otros puntos de vista y hacer uso de una mente más abierta, acaba generando sufrimiento y frustración.

La rigidez psicológica define a aquellas personas cautivas de un férreo patrón cognitivo y conductual. Son esos perfiles que no se abren a nuevas perspectivas, que no admiten otros puntos de vista ni toleran los cambios. No entienden que la flexibilidad mental es esencial para una vida sana, para afrontar dificultades, para disfrutar de unas relaciones sociales más felices…

Aunque seguramente nos venga a la mente más de algún conocido que siga este mismo patrón de comportamiento, debemos admitir que todos, en cierto modo, aplicamos en algún momento cierta rigidez psicológica. Es común pensar, por ejemplo, que determinadas cosas solo pueden solucionarse de un modo. También que esos valores y creencias que tanto nos definen son poco más que verdades universales.

Cada uno de nosotros nos aferramos a una serie de conceptos que asumimos como inamovibles. En otras áreas, sabemos ceder, nos abrimos mentalmente a otras opiniones y perspectivas con facilidad y sin resistencia alguna. Que esto sea así no es negativo. No mientras exista un equilibrio donde siempre seamos más tendentes a practicar la flexibilidad psicológica.

Por otro lado, quienes no ceden, quienes caen prisioneros de unos mismos esquemas mentales, están abocados a un claro sufrimiento y malestar. Ahora bien, es necesario tener en cuenta que esta característica a veces va más allá de un estilo de personalidad para ser un rasgo típico de ciertos trastornos, como pueden ser ciertos tipos de demencia, el trastorno de espectro autista o el trastorno obsesivo compulsivo.

Veamos más datos a continuación.

«Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada».

-Antoine de Saint-Exupery-

Mente de una persona con corazón simulando la rigidez psicológica

La rigidez psicológica: 3 componentes que la definen

Dentro de la terapia de aceptación y compromiso, el concepto de rigidez psicológica es clave. En este tipo de enfoque terapéutico encuadrado en lo que se conoce como terapias de tercera generación (enfocadas a educar y reorientar la vida del paciente desde un punto de vista más holístico) es esencial que la persona detecte esas inflexiones mentales.

De este modo, se entiende que gran parte de nuestro sufrimiento como personas parte de esas propias creencias inamovibles. Las mismas que, de algún modo, se nutren de aquello que culturalmente nos han enseñado. También de esos valores y esquemas que utilizamos sin cuestionar y que vertebran toda nuestra vida sumiéndonos en una realidad carente de impulso, de variación, de apertura al cambio y de oportunidad.

Para este tipo de terapia, la rigidez psicológica es por tanto una mina que detectar y un puente que sortear. Ahora bien, cabe señalar que este concepto ya tuvo su primera aparición con Sigmund Freud en el psicoanálisis. Para el psiquiatra vienés, era la resistencia del paciente al cambio, era ese punto donde emergían una serie de actitudes y conductas que hacían muy difícil el avance y que evidenciaban a la vez la punta del iceberg de un problema.

Por otro lado, los psicólogos Robinson, Gould y Strosahl (2011), explicaron en el libro Real Behavior Change in Primary Care que la rigidez psicológica se define por tres componentes. Son los siguientes.

No conectan con el presente, les incomoda y lo temen

Las personas caracterizadas por la rigidez psicológica no aprecian el presente. Ellas viven en su particular escenario mental, ahí donde todas las ventanas están cerradas. No admiten esas novedades que trae el discurrir de ese aquí y ahora donde se suceden tantas cosas. Estos perfiles no aprecian las oportunidades, no toleran las variaciones, rehúyen de lo desconocido, de todo lo imprevisto…

Todas estas dinámicas capaces de romper su «férrea estabilidad» les genera miedo y contradicción.

figura simulando la rigidez psicológica

No saben reconocer las prioridades, lo que de verdad importa

Cuando alguien tiene clara su prioridad, todos los caminos están claros. Cuando alguien sabe qué es lo que le importa, no teme arriesgar, generar cambios, abrirse a otras perspectivas con las que permitirse crecer y atender mejor aquello que estima y valora.

Ahora bien, una persona con rigidez psicológica se limita a seguir unas reglas fijas, las suyas. Es incapaz de mirar más allá de su área de confort y lo que más le preocupa, es tener el control absoluto de su realidad. Ello hace por ejemplo, que sean incapaces de ceder por los demás, de atender necesidades ajenas, de ser tolerantes, de conectar con las personas entendiendo sus puntos de vista…

Poco a poco sus relaciones pierden calidad, se eleva la frustración hasta dejar ir muchas de las cosas que eran importantes para ellos (y que no saben apreciar).

El cierre cognitivo: no tolerar la incertidumbre

La rigidez psicológica no tolera lo imprevisto, y aún menos la incertidumbre. Así, algo que debemos entender es que nuestro mundo se rige precisamente por esta característica: la imprevisibilidad. Saber adaptarnos a los cambios, ser capaces de reaccionar de manera creativa, original y flexible nos permite sin duda ir sorteando esas variaciones tan típicas del día a día.

Por su parte, un perfil con rigidez psicológica presenta lo que se conoce como cierre cognitivo. Es esa necesidad por «eliminar» cuanto antes toda incertidumbre o ambigüedad que surge ante cualquier situación. Son esas personas que ante todo problema emiten una sola respuesta y a menudo, la más extrema.

Son también esos hombres y mujeres que, ante una discusión o desavenencia, adoptan también la conducta menos útil o constructiva, como puede ser romper esa relación o simplemente, dejar de dirigir la palabra a esas personas.

cabezas con candados la simulando la rigidez psicológica

Para concluir. Si nos preguntamos ahora cómo y de qué manera podemos romper la rigidez psicológica, señalaremos que terapias como la cognitivo-conductual o la terapia de aceptación y compromiso antes citada, resultan muy útiles.

Asimismo, tal y como nos revela un estudio de Jonathan Greenberg, de la Universidad de Beer-Sheva, Israel, prácticas como el Mindfulness resultan muy adecuadas en el día a día para entrenar un enfoque mental más flexible.

  • Greenberg, J., Reiner, K., & Meiran, N. (2010). “Mind the Trap”: Mindfulness Practice Reduces Cognitive Rigidity. PLoS ONE5(1). https://doi.org/10.1371/journal.pone.0036206