La sabiduría desde la psicología

4 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
La sabiduría, que suele ser entendida como un producto exclusivo de la experiencia, va más allá. Así, en este artículo se presentan definiciones dadas por diferentes autores, como Sternberg, a la par que se desmitifican ciertas ideas y se desarrolla el problema de su medición.

La sabiduría, más allá de la concepción popular, ha sido estudiada por expertos de la inteligencia y psicólogos. De hecho, la sabiduría se puede definir en términos científicos, más allá de la atribución de conocimientos que solemos dar a nuestros mayores.

En este artículo vamos a hablar de lo que entiende la ciencia de la psicología por sabiduría. Un concepto difícil de estudiar por lo difuso de sus límites y por lo complicado que es utilizar la metodología científica con elementos internos.

Hombre con luz en la mente

¿Qué es la sabiduría según la psicología?

La sabiduría puede ser definida como un conjunto de conocimientos que se poseen en la pragmática de la vida a niveles de experto. Muchos han sido los autores que han tratado de identificar los componentes asociados a la sabiduría.

Los componentes que se suelen agrupar en torno a la sabiduría son:

  • Habilidades interpersonales: nivel de conocimiento, sensibilidad y sociabilidad a la hora de relacionarse con otras personas. Las habilidades interpersonales llevan a uno a adecuarse a las necesidades de su interlocutor y a exprimir de la forma más eficaz la interacción con el otro.
  • Habilidades de juicio y comunicación: la sabiduría, que suele relacionarse con la experiencia, implica conocimiento y consejo. Por ello, las personas sabias son individuos capaces de aconsejar sobre problemáticas y dar soluciones pragmáticas a las que otros no llegarían.
  • Comprensión: las personas sabias, al haber sido capaces de cultivar la emoción y junto con sus experiencias vitales, son individuos que comprenden y pueden empatizar.
  • Competencia general: este sería el componente más conocido o atribuido a la sabiduría. Las personas sabias son inteligentes, cultas, tienen conocimientos altos en diferentes campos y saben cómo comunicarlo.

¿La sabiduría implica obligatoriamente conocimientos?

Los expertos aluden que los dos factores más relevantes de la sabiduría son la comprensión excepcional y las habilidades de juicio y comunicación. Por ello, pueden existir personas que sean sabias pero que, por vicisitudes vitales, no posean grandes conocimientos acerca del mundo.

Todos los componentes citados anteriormente apelan, por tanto, a un constructo de sabiduría que alude a aspectos afectivos e interpersonales. Dicho de otra manera, una definición que va más allá de lo cognitivo.

La sabiduría según Holliday y Chandler (1986)

Para estos dos autores, la sabiduría implica: sagacidad, implicación para con los otros, consideración, perspicacia, intuición, conocer las propias limitaciones de uno, razón y lógica, experiencia, mente lógica, buena resolución de problemas y aprendizaje de los errores. La persona sabia es una buscadora de información que utiliza bien los datos de los que dispone.

La definición de Holliday y Chandler tiende más a relacionar la sabiduría con los factores cognitivos y aptitudes que permiten a una persona la adecuada y brillante resolución de problemas.

La sabiduría según Sternberg (1985)

Sternberg, por otro lado, define al sabio como alguien sensible, sociable, con buenas habilidades de juicio y comunicación, que comprende la vida, que ha aprendido de la experiencia y es capaz de conjugar diferentes puntos de vista.

Además de todas estas facultades interpersonales y emocionales, también define a la persona sabia como alguien inteligente, cultivado y con grandes competencias generales.

¿Cómo se analiza la sabiduría desde la ciencia?

De alguna manera, somos capaces de evaluar el nivel de una persona en la dimensión a través de pruebas estandarizadas y procedimientos cualitativos. Habría dos grandes grupos:

  • Tareas de planificación: se presenta a los sujetos una prueba en la que una persona tiene que tomar una decisión. Esta decisión versa sobre la vida en determinadas circunstancias. Puede ser una persona más joven, con aspectos a tener en cuenta en la toma de decisión… En esta prueba, la persona responde en voz alta con un plan que cubra lo que podría hacer, cuál sería el impacto de dicha decisión en los años venideros y qué otras informaciones necesita para tomar la decisión que pueden no encontrarse en la presentación de la tarea.
  • Tareas de revisión: se plantean situaciones en las que diferentes personas —que adoptaron caminos distintos ante una encrucijada— han de revisar las decisiones tomadas. Los sujetos evaluados reexaminan esas decisiones, respondiendo en voz alta. Reconstruyen y evalúan lo que dirían los protagonistas de la historia al hacerse mayores.

Ejemplo de tarea: Tadeo quiere casarse

Un ejemplo de tarea para evaluar la sabiduría podría ser el siguiente:

“Tadeo es un chico de 18 años que decide casarse con su novio, al que conoce desde hace nueve meses”.

Basándose en este enunciado, la persona ha de pensar en voz alta lo que debe de considerar Tadeo para tomar esta decisión. Reconstruye, desde el punto de vista de Tadeo, la historia, los momentos de la misma, posibles explicaciones que le hayan llevado a tomar esa decisión y evaluaciones acerca de la misma.

Mujer pensando en romper su relación

¿Se puede entrenar la sabiduría?

Muchos son los autores que han hablado de los componentes de la sabiduría, aunque son menos los que coinciden. Sin embargo, esto no quita para que se esté analizando cómo una persona puede mejorar en aquellos componentes sobre los que existe un mayor consenso.

Por ejemplo, lo que se trata de potenciar en la toma de decisiones es: contextualismo, relativismo e incertidumbre. El único factor de la toma de decisiones que se ha conseguido entrenar es el relativismo, y la calma o la mesura que este ofrece. No obstante, todavía parece demasiado arriesgada la meta de «entrenar» la sabiduría.

¿Qué olvida la ciencia?

Una parte que no suelen medir las pruebas estandarizadas son los factores emocionales y afectivos. Estás cuadran mejor para evaluar diferentes dimensiones de la inteligencia, como puede ser la inteligencia lógico -matemática o la inteligencia espacial.

Por otro lado, hasta la fecha sobreviven varias definiciones de sabiduría sin que exista un consenso muy amplio alrededor de una de ellas. Es un campo abierto, y por lo tanto, es tarea complicada la de medir en él. Esta disparidad a la hora de evaluar sabiduría puede hacer que en la actualidad contemos con resultados muy sesgados referidos a los diferentes grupos que se han estudiado.

  • Pelechano, V. y González, P. (2004). La concepción lega de sabiduría, inteligencia y envejecimiento en adolescentes. Análisis y Modificación de Conducta, 30, 437-460.
  • Pelechano, V. y Rivero, A. (2004). Una contrastación parcial del modelo de sabiduría de Berlín: resultados, reflexiones y una propuesta. Análisis y Modificación de Conducta, 30,465- 494.