La sobregenitalización de las relaciones sexuales

16 marzo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Alberto Álamo
Debido a muchas influencias sociales y religiosas, existe una sobregenitalización de las relaciones sexuales. Esto hace que se dé excesivo protagonismo a la penetración y se obvien otras muchas conductas igualmente placenteras.

Si preguntáramos a mucha gente qué entiende por relaciones sexuales, la mayoría te respondería lo mismo. ¿Te imaginas el qué? Probablemente que las relaciones sexuales consisten en la penetración. Y más específicamente, implícitamente, la penetración vaginal.

Si esta pregunta la hiciéramos en prácticamente cualquier país del mundo, seguramente la respuesta fuera la misma. Pero, ¿por qué? ¿qué hace que la mayoría de la gente asocie las palabras «relaciones sexuales» con una práctica tan concreta como la penetración vaginal? La respuesta es que se produce una sobregenitalización de las relaciones sexuales. Veámoslo.

¿Relaciones sexuales, relaciones eróticas o relaciones genitales?

Recordando el origen de la palabra sexo, esta hace alusión a nuestra condición de seres sexuados. Es decir, sexo tiene que ver con nuestra identidad sexual más que con cualquier otra acepción.

Desde este prisma, hablar de relaciones sexuales abarcaría una serie de conductas muy amplia. Tanto es así, que si nos ceñimos al significado literal de «relaciones sexuales», estaríamos  hablando de todo tipo de relación que consistiera en que dos personas interactuasen, en tanto que son seres sexuados (darse la mano, tener una conversación, un abrazo, un beso…).

Pareja en la intimidad

Sin embargo, si repensamos este término y lo reconvertimos a «relaciones eróticas», todo cobra mucho más sentido. Etimológicamente, lo «sexual» no hace referencia (solamente) a lo que se realiza en la intimidad, sino que, tal como decimos, alude más a la noción de identidad sexual.

Ese «Eros» presente como prefijo en «eróticas» dota, ahora sí, de un componente de intimidad, anhelo y deseo en las relaciones. No olvidemos que Eros, ese dios de la mitología griega, era el responsable de la atracción sexual, y su equivalente romano es Cupido.

Ahora bien, incluso reformulando el concepto, aún seguimos asociando este a un tipo de interacción íntima: la penetración. Las relaciones basadas en la penetración no son el culmen o el objetivo de toda interacción íntima.

Si lo fueran, quizá sería más lógico llamarles relaciones genitales y no relaciones sexuales o relaciones eróticas. Pero, lo cierto es que si no las llamamos así es porque no procede, obviamente. Las relaciones eróticas tienen tantas posibilidades que parece casi ridículo el que solo se tenga en cuenta una de ellas.

Expectativas poco realistas

Las ideas acerca de las relaciones íntimas suelen estar muy contaminadas por muchas influencias sociales. El cine o la TV nos han enseñado que los genitales son la única forma de relacionarnos para obtener verdadero placer.

Y, por supuesto, el porno también ha acentuado esta sobregenitalización de las relaciones eróticas. En él se dan ciertas dinámicas, tiempos, formas, tamaños y actitudes que no son, en absoluto, representativas de lo que sucede en la realidad.

Si nos dejamos llevar por estas influencias y no las cuestionamos, muy probablemente viviremos nuestras relaciones íntimas con frustración.

Cuando los genitales «fallan» todo falla

Así es, los genitales, tanto masculinos como femeninos pueden fallar. De muchas formas, debido a muchas causas, pero pueden fallar.

Más allá de causas y situaciones, ¿qué sucede si fallan? ¿se acaba la relación erótica? ¿nuestras relaciones eróticas son tan frágiles que dependen exclusivamente de nuestros genitales? No, por supuesto que no, pero la sobregenitalización de las relaciones sexuales, junto con la creencia popular nos indican que sí y ello produce todo tipo de malentendidos y dificultades.

Curiosa y tristemente, es frecuente la situación del hombre que antes o durante una relación erótica pierde total o parcialmente la erección y su pareja atribuye esta pérdida de erección a que no existe un deseo erótico hacia el o ella. Esto nos habla de la sobredimensión de la respuesta genital, ya que se atribuye más validez al comportamiento genital que incluso al propio testimonio de la persona acerca del deseo o la excitación que está teniendo.

Pareja dándose un beso

Nos perdemos infinidad de experiencias placenteras

El precio que pagamos de esta sobreestimación de las relaciones sexuales es muy caro. Cuando nos centramos en una sola práctica erótica, menospreciamos el resto.

Al hacerlo, estamos cerrándonos a experimentar sensaciones desconocidas que pueden hacernos sentir placeres tanto o más intensos que la penetración. De hecho, abrirnos a la diversidad de conductas eróticas contribuye a mejorar nuestro autoconocimiento y empoderarnos eróticamente.

Es más, es falso que a hombres y mujeres nos apetezca siempre tener este tipo de relaciones. De hecho, es falso que siempre queramos o tengamos la necesidad de llegar al orgasmo. A veces, podemos tener una necesidad de obtener placer en contextos diferentes a través de interacciones diferentes.

Lo ideal sería que obtuviésemos el nivel de autoconocimiento adecuado como para disfrutar de todos los placeres de las relaciones eróticas, sean de la intensidad que sea, duren lo que duren, o sean como sean. Una educación sexual adecuada debería promover este autoconocimiento, para que las personas seamos  más independiente y libres.