Sexo: ¿sabes realmente lo que significa?

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Alberto Álamo
· 13 febrero, 2019
En el origen de una palabra suelen residir, además de su significado, también orientaciones para su uso. En la palabra sexo es especialmente importante este punto de partida, de ahí que en este artículo dibujemos su naciemiento para entender mejor su presente.

Sexo es, sin duda, una palabra peculiar, especial, de usos cargados de connotaciones de todo tipo. Siempre a la cabeza de las búsquedas en internet o de innumerables conversaciones de bar, el sexo es un tema muy hablado y a la par silenciado, muy popular y muy ignorado.

Ya sabemos que es una palabra polisémica, pero es curioso como esta polisemia tiene que ver con lo maleada que ha estado dicha palabra a lo largo de la historia. Los significados de las palabras cambian progresivamente. En el caso de “sexo”, sus significados han ido mutando, fruto de acontecimientos, ya sean de índole social, política o religiosa. Profundicemos.

¿De dónde proviene la palabra sexo?

El dramaturgo ateniense Aristófanes (444 a. C – 385 a. C) es el responsable de que esta palabra se encuentre en nuestro vocabulario. Él es uno de los personajes que encontramos en El Banquete, una serie de diálogos escritos por Platón y de un valor filosófico incalculable. Dichos diálogos se dan en el contexto de una cena en la que varios comensales, entre los cuales se encuentra Sócrates y el propio Aristófanes, hablan acerca del amor y de Eros.

Aristófanes, en esta cena, habla del famoso mito del andrógino. En este mito, los seres podrían pertenecer a tres categorías distintas: la masculina, la femenina y la andrógina. Andrógino es todo ser que tiene características tanto masculinas como femeninas, y que proviene del latín (andrós, hombre y giné, mujer), con lo cual representaría la unión de las dos primeras categorías.

Estatua de Aristófanes

Concretamente, este dramaturgo describía a los andróginos como seres “completos” de cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras y dos genitales distintos. Estos seres eran definidos como redondos, completos y poderosos. Tan poderosos que trataron de desafiar a los dioses. Zeus fue quien decidió ponerles un castigo por semejante ofensa. Su castigo consistió en partir a estos seres por la mitad para que dejaran de ser vigorosos, poderosos y, sobre todo, completos.

Realizada esta división, cada hombre y cada mujer resultante anhelaba el encuentro con la otra parte, ya que así podrían llegar a sentirse “completos” de nuevo (de aquí proviene el extendido mito de la media naranja). En tanto que ahora estos seres pasaban de ser “completos” a ser “seccionados”, es precisamente esta última palabra la que da origen a lo que conocemos como “sexo”. Sexo proviene de sexare, y significa ‘separado’, ‘seccionado’ o ‘cortado’.

¿Qué usos le damos a la palabra sexo en la actualidad?

La etimología de la palabra sexo contrasta con los usos que le solemos dar en la actualidad y que frecuentemente se resumen en tres:

El “sexo que se hace”

Este uso reduce la palabra sexo a las situaciones de encuentro íntimo con otra u otras personas. Es decir, frases como “hace tiempo que no tengo sexo” o “ayer tuve sexo con un chico” asocian el sexo con las relaciones sexuales. Dicho uso es especialmente frecuente en medios de comunicación en cualquier titular de cualquier noticia.

Si hilamos aún más fino y analizamos lo que significa tener una relación sexual basándonos en el significado original, hablaríamos de relaciones “entre sexos” (de cualquier tipo). Por eso, muchas veces se habla de “relaciones eróticas”, ya que este término sí describe un tipo de relación más concreto e íntimo (se alude a Eros, lo que implica deseo, atracción, amor…).

Pareja besándose en la cama

El “sexo que se tiene”

Este uso se refiere a los genitales. Y no es un uso correcto porque, a pesar de lo que aún puede creer mucha gente, los genitales no definen nuestro sexo. O dicho de otra forma, los genitales no determinan nuestra identidad sexual.

Es cierto que el uso de sexo como sinónimo de genitales no es tan frecuente como el uso anterior, pero sí que aún se leen frases del tipo “afeitarse el sexo”.

El “sexo que se es”

Este es el uso más correcto y armónico de la palabra con respecto a sus orígenes. Esta expresión es la que da sentido a la Sexología, ya que es la que hace referencia a la identidad sexual, a que somos seres sexuados, sirviéndonos de ese “sexo” como un diferenciador, una potentísima fuente de diversidad.

El lenguaje construye conductas, actitudes y esquemas mentales. Por eso es importante que la palabra sexo tenga un uso que nos permita hablar con mucha más armonía. Así podremos situar cada concepto donde corresponde, para que nos permita describir la realidad de la mejor forma posible: si no existe una buena descripción de la realidad, difícilmente podremos plantear las preguntas adecuadas acerca de ella y mucho menos obtener respuestas.