Soy una mujer entera, no necesito media naranja

Raquel Aldana · 6 noviembre, 2015

Una mujer entera está cansada de escuchar aquello de que tiene que encontrar su media naranja, que se le pasa el arroz o que se va a quedar para vestir santos. No, no y no. Una mujer no necesita de una pareja para ser una persona válida y completa.

Como dijo Helen Fisher, “vincularse es humano, es un impulso que surgió hace cuatro millones de años”. Sin embargo, las naranjas están para comérselas, no para completarnos. Creyendo esto nos obligamos a encajar, a entrar por el aro, a conformarnos con unas gotas de zumo.

Podemos compartir la vida con quien queramos, pero no por necesidad sino por elección. Pero el arte de convivir es aún más complejo que el arte de enamorar…

Consejo de supervivencia

No necesites a nadie.

Pero quiere. Quiere mucho.

Quiere por encima de tus posibilidades.

-Intranerso-

Para ser feliz con alguien primero hay que serlo con una misma

Mujer dando un abrazo

Amar no es poseer, amar es respetar. Y en ese lugar primero vamos nosotras. Si no nos situamos donde nos corresponde no seremos capaces de disfrutar manejar con madurez nuestras relaciones.

En este sentido, la madurez nos ayuda a elegir mejor al mismo tiempo que nos capacita para mantener relaciones constructivas que nos permitan superar aquellas barreras que la pareja encuentra en su devenir común.

O sea, que debemos aspirar a ser felices por nosotras mismas y no gracias a la persona que nos acompaña. Una relación debe ser una parcela muy importante en nuestra vida pero nunca una condición.

La complicada elección de la pareja “ideal”

Que una pareja funcione o no es algo que difícilmente podemos valorar en un primer momento. Así, muchas veces con el paso del tiempo nos damos cuenta de que más que elegir a la persona con la que queremos compartir la vida por lo que nos gusta, debemos hacerlo armonizando motivaciones.

No obstante, de elegir a través de ese criterio se encarga el tiempo. Y siento decirlo, pero es imposible dar respuesta al por qué unas parejas funcionan y otras no. Sin embargo, sí que podemos determinar qué factores garantizan un buen equilibrio en la pareja. Veámoslo brevemente:

El acoplamiento sexual es crucial

Ambas miembros deben estar de acuerdo en la manera en la que quieren vivir su sexualidad. Para esto debemos seguir y respetar unos puntos básicos:

  • Haz todo lo que quieras
  • No hagas nada que no quieras
  • Lo que hagas hazlo siempre desde el deseo previo
  • Actúa de acuerdo a tu escala de valores sexuales.
  • Ten presente que cada uno tenéis vuestros propios esquemas del placer sexual

Sexualidad-femenina-placer

La compatibilidad de caracteres

El carácter de una persona es su comportamiento consciente autorregulado, es decir, es la vía a través de la que expresa su personalidad al mundo. En este sentido cabe decir que se puede madurar en pareja, pero para que esto ofrezca estabilidad se debe hacer de manera conjunta y equilibrada. Solo así podremos conjugar nuestra manera de ser.

La escala de valores

Ser compatibles o al menos respetar ideales, creencias religiosas, hábitos culturales, higiene, estilo de ocio y demás cuestiones es la tercera parte de la estabilidad de una pareja. En cuestión de respeto no caben “peros”.

El proyecto de vida

La cuarta parte de la estabilidad de una pareja es que, además de apoyarse firmemente en el presente, se debe poseer la propiedad de orientarse positivamente hacia el futuro.

Pareja abrazada mirando al horizonte

Cómo convertir los fracasos sentimentales en el germen de un proceso de crecimiento

Para convertir el adiós sentimental en un aprendizaje debemos saber que analizar las causas que lo provocaron y extraer de él una buena lección nos permitirá crecer en futuras relaciones. Es decir, que tenemos que tener claro que no aprendemos por sufrir, sino por cómo sufrimos.

Si somos capaces de desenterrar lo positivo y de no neurotizar un fracaso amoroso, podremos encadenar nuevas y bonitas esperanzas. Para ello es importante que además de cuidar nuestra autoestima y nuestro amor propio, evitamos cometer ciertos errores con nuevas parejas.

Así, debemos elegir relacionarnos con aquellas personas con las que nos sintamos relajadas, con las que podamos ser nosotras mismas y que no nos coaccionen. Del mismo modo, aquella persona adecuada será con la que sintamos que nuestra elección es la mejor.

Conseguir que triunfe la esperanza sobre la experiencia no es algo sencillo, pero lo que es seguro es que lejos de ser imposible, es enriquecedor.

Fuente: El amor al segundo intento de Antoni Bolinches

Imágenes de Daniela Uhligh