La técnica del mandala

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 7 noviembre, 2017
Gema Sánchez Cuevas · 21 febrero, 2015
Para Carl Jung el mandala simboliza esa unión entre lo humano y lo trascendente, ahí donde trabajar para mejorar cada día y alcanzar la individuación

Mandala es un término sánscrito que significa “centro, círculo, anillo mágico”. En la RAE, es definido como un dibujo complejo, que suele ser circular y que representa las fuerzas reguladoras del universo, sirviendo en la meditación como apoyo.

Existe una variedad infinita de mandalas, desde figuras sencillas hasta más complejas con forma de loto o de rueda. Dibujados en un folio, pintados o tejidos en tela, incluso constituyendo el plano de algunos edificios.

Son utilizados desde tiempo remotos, teniendo su origen en la India, propagándose por la cultura oriental y más tarde, gracias al psiquiatra suizo Carl Gustav Jung por occidente. Su importancia se ve reflejada en la gran difusión entre las diferentes culturas y religiones.

Jung afirmaba que los mandalas eran la representación de la mente en su totalidad, desde el consciente hasta el inconsciente. Aún más, para el célebre psiquiatra suizo esta figura contenía a su vez un gran poder transformador.

“El Mandala es un símbolo vivo . Es la representación del anhelo de unidad y que nos ayuda en el proceso de Individuación”.

-Carl Jung-

Mandalas coloreados

Los beneficios del mandala

Desde una visión espiritual, los mandalas son como centros energéticos de equilibrio y purificación, que nos ayudan a transformar la visión que tenemos de nuestro entorno y de nosotros mismos.

Cualquier persona, sin importar la edad, puede dibujar y pintar un mandala, obteniendo según diversas investigaciones realizadas, numerosos beneficios. El simple hecho de colorear, ayuda a la persona a alcanzar estados de calma.

Las formas y los colores utilizados de los mandalas expresan pensamientos, emociones e intuiciones de la persona que lo ha hecho. Según dicen, la elección no es casual. El mismo color, según el estado de ánimo de la persona, puede tener significados distintos.

Así, con estudios como el llevado a cabo en la Universidad Estatal de California, nos señalan que esta técnica es especialmente útil en arteterapia. Alivia el estrés, mejora la atención y se alza un recurso habitual cada vez más habitual.

Los mandalas suelen representar la conexión entre el mundo interno y la realidad externa. Dibujar e interpretar un mandala, suele facilitarnos entre otras cosas, tomar contacto con la propia intimidad.

Cada mandala guarda un significado de la persona que lo dibuja.

Los mandalas pueden utilizarse en la meditación  o como técnica de relajación fortaleciendo esta última, el proceso creativo de la persona.

Así, en estudio realizado en 2005 por Nancy A. Curry y Tim Kaser se comprobó por ejemplo que la elaboración de los mandalas de arena eran efectivos para disminuir los niveles de ansiedad y estrés.

Los mandalas son como una forma de meditación en acción. A medida que la persona lo va creando u observando, se libera de sus pensamientos y va despejando su mente. Ayudan a la concentración y la atención. Así como a la consecución de una estabilidad mental y equilibrio espiritual, profundizando en el conocimiento sobre sí mismo.

Usos de los mandalas

En el ámbito educativo  los mandalas se utilizan como recursos para mejorar la atención y la concentración de los niños, desarrollar la motricidad fina, así como medios de comunicación, expresión y superación de situaciones emocionales estresantes. Incluso, en algunos hospitales de día, se ofrece a los pacientes con cáncer colorear mandalas como medio de relajación y concentración.

Mandalas sin colorear

Para trabajar con mandalas podemos hacerlo de formas diferentes:

  • Observar un mandala, en un lugar tranquilo, durante tres o cinco minutos. Esta práctica es como un ejercicio de meditación, utilizando como apoyo el mandala, que nos llevará a un estado de relajación y calma interior.
  • Colorear un mandala. Para ello, podemos mirar por internet o en algún libro de mandalas y elegir aquel que más nos atraiga o interese. Una vez seleccionado, podemos comenzar a colorearlo, prestando atención a lo que vamos haciendo.
  • Crear tu propio mandala. En este caso, primero se hace el diseño del mandala y luego, se colorea. Esta práctica es la más aconsejable para el trabajo personal. Una vez dibujado y coloreado, habrá que descubrir que está expresando a través de la observación. Aunque quizás no encuentres un significado, el mandala puede estar teniendo aún de manera inconsciente, un efecto en ti mismo.

Para concluir, en la actualidad, la técnica del mandala está cada vez más presente en las terapias artísticas de atención plena. De ahí que sea común que se combine este recurso con la meditación y el yoga. Es otro enfoque que siempre vale la pena considerar.

  • Jung. G Jung (2017) Mandala Symbolism. Princeton University Press