La teoría de la navaja suiza: la modularidad de la mente

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 3 diciembre, 2018
Valeria Sabater · 3 diciembre, 2018
La teoría de la navaja suiza defiende que la mente se organiza en módulos especializados, en áreas concretas para resolver problemas

La teoría de la navaja suiza es una controvertida pero curiosa explicación sobre cómo funciona la mente. Según este enfoque modular, nuestro cerebro estaría conformado por “aplicaciones” altamente especializadas para resolver de manera eficaz problemas muy concretos. De ese modo, nuestra mente sería todo un conjunto de áreas específicas muy similar a una navaja multiusos.

Cabe señalar antes de nada, que esta perspectiva, así como el concepto de modularidad para explicar los procesos perceptivos y cognitivo, suele recibir muchas críticas por parte de la neurociencia. No obstante, una pequeña parte de los psicólogos evolucionistas siguen abogando por esta singular perspectiva planteada en 1992 por el antropólogo John Toody y la psicóloga Leda Cosmides.

Ahora bien, esta idea ya emergió entre la comunidad filosófica en los años 80. Fue Jerry A. Fodor, uno de los filósofos de la mente más destacados quien sondeó durante toda su vida los misterios de la estructura de la cognición humana. Hablamos de un gran experto en lingüística, lógica, la semiótica, psicología, informática e inteligencia artificial.

Es más, a él le debemos, por ejemplo, las bases de la propia ciencia cognitiva y la especialidad de filosofía de la psicología. Así, uno de sus trabajos más destacables y de mayor impacto fue sin duda La modularidad de la mente, publicado en 1983. Dicha perspectiva, aunque desechada por parte de muchos expertos, no deja de ser una corriente que aglutina un gran interés por sumarse a los intentos por comprender el misterio que rodea a los procesos mentales.

“Tenemos mucho que hacer. Lo que nuestra ciencia cognitiva ha hecho hasta ahora es en su mayor parte es arrojar un pequeño haz de luz sobre la gran oscuridad que existe al respecto de la comprensión de la mente”.

-Jerry A. Fodor-

Mente de un niño con un mecanismo simbolizando la teoría de la navaja suiza

La teoría de la navaja suiza y el eterno problema de la mente

En la teoría de la navaja suiza hay un primer aspecto en el que todos estamos de acuerdo. El propio doctor Fodor señalaba que el cerebro, como entidad física observable, se puede estudiar cada vez mejor gracias a los avances tecnológicos. Sin embargo, hay un punto en el que el estudio de la mente entra en otro nivel más abstracto e impreciso en el que la tecnología pierde valor.

Platón y Aristóteles ya intentaron en su día darle una explicación. También Descartes y John Locke. De este modo, y llegados los años 80, esa corriente a medio camino entre la filosofía y la psicología vio de pronto en el legado de Noam Chomsky y del criptomatemático Alan Turing un modo singular de definir y explicar nuestros procesos cognitivos.

A continuación, veamos los principios que definen la teoría de la navaja suiza.

Los módulos mentales

A finales de 1950, el lingüista y filósofo Noam Chomsky empezó a defender una de sus teorías más conocidas: el lenguaje no es un comportamiento aprendido, sino una facultad mental funcional innata. Esta premisa fue uno de los pilares que inspiró más tarde al doctor Fodor.

  • Asimismo, también se basó de manera directa en los trabajos de Turing sobre sus modelos matemáticos informáticos. Poco a poco, fue conformando las bases de su enfoque, ahí donde delimitar un modelo de la mente delimitado por facultades mentales separadas y especializadas.
  • A esta teoría la llamó psicología de las facultades, de manera que cada proceso de nuestra mente se organiza en diferentes módulos especializados, como aplicaciones únicas de un ordenador. De ese modo, hay un nódulo para la sensación y percepción, otro para la volición, otro para la memoria, otro para el lenguaje… 

Los defensores de la teoría de la navaja suiza

Jerry A. Fodor publicó sus teorías en su libro La modularidad de la mente (1983). Más tarde los doctores Tooby y Cosmides enunciaron la teoría de la navaja suiza basándose en los trabajos del primero. ¿En qué punto estamos en la actualidad? ¿Es viable este enfoque que entiende la mente como “aplicaciones” especializadas?

Tal y como venimos señalando, el enfoque sigue siendo controvertido. Sin embargo, son muchas las figuras dentro del campo científico que defienden la psicología de las facultades enunciada por Fodor. Una postura en este debate abierto es la que defiende Nancy Kanwisher, profesora e investigadora en el Departamento de Cerebro y Ciencias Cognitivas del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Una de sus charlas TED más conocidas fue la que dio en el 2014 para explicar la validez de la teoría de la navaja suiza. Es más, también dispone de varios estudios científicos que defienden esta idea y que se publican de manera regular en el Journal of Neuroscience.

El caso de la prosopagnosia

Algo que ha podido ver la doctora Kanwisher a través de resonancias magnéticas es que hay muchas áreas del cerebro que no se comunican entre sí; que trabajan de manera aislada. Esto hace, por ejemplo, que personas con prosopagnosia puedan ver perfectamente y que al mismo tiempo sean incapaces de reconocer a las personas.

Pueden ver a sus hijos, pero en muchos casos no los reconocerán cuando vayan a recogerlos al colegio. Hay por tanto muchas áreas especializadas del cerebro que trabajan como “módulos”. Ejemplos de ello son esas regiones tan concretas como las que procesan el color, las formas, el movimiento, el habla…

Críticas a la teoría modular de la mente

Son muchos los que ven en la teoría de la mente modular o la teoría de la navaja suiza un enfoque demasiado simplista, al más puro estilo darwiniano, donde no se excluye por ejemplo, la idea de la selección natural.

Esta perspectiva entiende, por ejemplo, que nuestras conductas son casi como programas que vamos adquiriendo a medida que avanzamos como especie. Así, cada proceso, cada función, se va desarrollando y especializando de manera autónoma y separada del resto.

Estudios, como el publicado en la revista PLOS Biology, nos señalan el riesgo de asumir este tipo de enfoque modular sobre la cognición humana. Así, no podemos hablar del cerebro como una entidad fragmentada. No encaja en la metáfora del teléfono, ese al que le vamos añadiendo aplicaciones en base a nuestras necesidades cotidianas. Es algo más complejo que todo esto.

Si bien es cierto que hay áreas que no se comunican otras, no lo es que la mente trabaje a través de diferentes sectores especializados y separados entre sí. El cerebro está diseñado para compartir información y trabajar de manera unitaria, todas las áreas están interconectadas y comparten información de manera constante.

Nuestro razonamiento por ejemplo, lejos de ser modular es holístico, hacemos uso de múltiples conceptos, inferencias, procesos, inducciones… Por tanto, el cerebro y los procesos cognitivos no pueden entenderse bajo la clásica metáfora de un ordenador. Somos mucho más complejos, fascinantes e imprevisibles…

  • Fodor, Jerry (1983) La modularidad de la mente. Madrid: Morata
  • Arbib, M., 1987. Modularity and interaction of brain regions underlying visuomotor coordination. In J. L. Garfield (ed.), Modularity in Knowledge Representation and Natural-Language Understanding, Cambridge, MA: MIT Press, pp. 333–363.
  • Bacáicoa Ganuza, F. (2002). La mente modular. Revista de Psicodidáctica, 13: 1-24.