La teoría del caos o cuando el aleteo de una mariposa lo cambia todo

Valeria Sabater · 24 julio, 2018

Todos conocemos el llamado efecto mariposa. Esa teoría forma parte de la esencia de la teoría del caos, una ley enunciada por James Yorke que nos recuerda algo esencial. El mundo no sigue una pauta milimétrica y predecible; lo queramos o no, en nuestra vida también habita el caos, ese pequeño espacio para el azar donde resulta casi imposible predecir el efecto de ciertos eventos.

Es habitual asociar a la teoría del caso con las ramas originarias: las matemáticas y la física. Sin embargo, con frecuencia olvidamos que estas ciencias tienen una implicación directa en nuestra vida cotidiana.

De hecho, pocos paradigmas han tenido una repercusión tan directa en muchas de nuestras áreas de comportamiento y conocimiento. Es más, el propio James Yorke nos resume en una sencilla frase la trascendencia de su teoría: hay que estar preparados para cambiar los planes en cualquier momento.

“En la vida es importante ser flexibles. Yo no planeo las cosas, prefiero descubrirlas”.

-James Yorke, padre de la teoría del caos-

Ahora bien, cada uno de nosotros tenemos un grado de tolerancia frente a la incertidumbre. A partir de un punto, nuestro cerebro entra en “modo alerta” frente a lo que pueda ocurrir.

Preferimos la estabilidad, saber que dos y dos son cuatro y lo que nos rodea y tenemos hoy, seguirá estando con nosotros el día de mañana. Todo ello nos brinda ese equilibrio emocional con el que disfrutamos teniéndolo todo bajo control.

Sin embargo, la teoría del caos nos deja constancia de una evidencia. La vida y su discurrir no responden al avance rítmico y perfecto de un reloj. Lo imprevisible y lo incontrolable habita siempre entre/en nosotros.

Es esa espada de Damocles que puede caer en cualquier momento. Es esa mariposa que hoy aletea en Estados Unidos y más tarde llega a Europa en forma de crisis económica. Es esa bola blanca que golpeamos en el billar y que hace que el resto de bolas se dispersen a veces en direcciones inesperadas…

flechas en distintas direcciones simbolizando la teoría del caos

La teoría del caos: la naturaleza es imprevisible

La teoría del caos nos dice en pocas palabras que el resultado de un acontecimiento depende de distintas variables. Esas cuyo comportamiento no siempre podemos predecir con total exactitud. Siempre hay un margen de error, un hueco para el azar, un aleteo que en el último momento lo cambia todo. Porque a veces, una pequeña diferencia genera un efecto de grandes proporciones, ese cuyo sello distintivo imprime todo sistema caótico.

Hay quien dice que la teoría del caos configura uno de los campos más maravillosos de las matemáticas modernas. Que es la ciencia que intenta predecir el comportamiento de sistemas intrínsecamente impredecibles.

Ya podemos suponer lo que algo así supuso en su día para casi cualquier área de conocimiento. No olvidemos que hasta no hace mucho el propósito mismo del mundo científico, era eliminar la variable de la “incertidumbre” para poder describir con exactitud el comportamiento de casi cualquier cosa.

Sin embargo, a día de hoy se acepta ese margen donde el azar y lo imprevisible puede, en un momento dado, cambiarlo todo. De hecho, esto mismo es lo que descubrió el meteorólogo y matemático

Edward Lorenz en 1961 cuando intentó crear un sistema de computación para predecir el tiempo. De pronto se dio cuenta que, debido a un error de redondeo en los números, todo el sistema había empezado a evidenciar un comportamiento claramente impredecible. Más tarde, esta experiencia le serviría para formular el famoso efecto mariposa.

figuras de luz simbolizando la la teoría del caos

El caos habita entre nosotros de forma constante

Los fenómenos caóticos abundan no solo en la naturaleza, también acontecen en los pronósticos del tiempo o incluso en la biología. No hay ningún área que quede exenta a ese comportamiento impredecible.

A ese agujero de aguja donde en un momento dado, se enhebra el azar y el hilo dorado de lo imprevisible. Así, todos esos fenómenos caóticos acontecen cada día casi sin que nos demos cuenta en la economía, en la termodinámica, en la astronomía e incluso en la psicología.

A día de hoy sabemos que cualquier pequeña perturbación en nuestro cerebro (como la alteración en un neurotransmisor) puede dar lugar a cambios muy drásticos en nuestro comportamiento. Es más, en psiquiatría también se asume la teoría del caos. A veces, al administrar un fármaco a un paciente existe una pequeña probabilidad de que el efecto observado sea opuesto al efecto esperado.

“El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”

-Proverbio chino-

¿Cómo aplicar la teoría del caos en la vida cotidiana?

En nuestro día a día todos intentamos evitar el caos. Solo así nos sentimos seguros, solo así logramos edificar unas vidas donde lo previsible nos permita salir de casa sin miedo, donde poder mirar al futuro con confianza. Ahora bien, tal y como nos explica James Yorke, padre de esta teoría, lo mejor es estar preparados para cambiar los planes en cualquier momento. 

De algún modo, este principio tiene mucho que ver con otra teoría de actualidad. Hablamos del principio del “cisne negro”, enunciada por el ensayista, economista y matemático Nassim Nicholas Taleb.

En su recomendable libro, el cual lleva el mismo título que su teoría, nos recuerda que la mayoría de nosotros estamos supeditados por una visión del mundo donde todo parece a simple vista, predecible. Sin embargo, en un momento dado surge lo extraño, lo caótico…ese evento que no esperábamos. Un suceso imprevisible que estamos obligados a asumir y a racionalizar.

cabeza con mariposa simbolizando la teoría del caos

No obstante, en lugar de tener que actuar cuando ese caos ya se abre ante nosotros, lo ideal sería estar preparados. James Yorke nos recuerda que la gente que alcanza el éxito y la felicidad es esa que siempre tiene un plan “B” en el bolsillo.

Hagamos un esfuerzo por desarrollar una mentalidad flexible y un enfoque que no se limite a reaccionar ante los eventos. Sino a asumirlos con curiosidad y aceptación. Porque muchas veces es en el caos donde surgen las oportunidades. Estar preparados ante los imprevistos es al fin y al cabo, movernos con los propios altibajos de la vida.