La teoría modular de la mente

20 abril, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Andrés Navarro Romance
Frente a anteriores concepciones del funcionamiento cerebral como un procesamiento 'en línea' de información, la Teoría Modular de la Mente propone una visión modular o compartimentalizada de las funciones mentales, cada una altamente especializada e interrelacionada, aunque independiente de las demás.

Hasta las últimas décadas del siglo pasado, permanecía extendida la idea de que el cerebro funcionaba como un procesador de información ‘en línea’, gracias al cual cualquier dato entrante era computado globalmente por la totalidad del sistema dando como resultado un dato de salida. Ahora bien, la teoría modular de la mente (TMM) supuso una ruptura de esta concepción y un cambio de paradigma.

Cuando se daba casi por hecho que el cerebro era una especie de ordenador capaz de procesar solo un conjunto finito de información por unidad de tiempo y que no podía procesar nuevos datos hasta no haber terminado de operar sobre la información previa, la TMM introdujo la noción de procesamiento en paralelo o simultáneo; y lo que es más importante: introdujo el concepto de módulo.

Desde una visión en la que una misma información era procesada por todas las áreas cerebrales relevantes una detrás de la otra, cada cual encargada de manejar una modalidad concreta de esa misma información y a modo de cadena de montaje, se pasó al planteamiento del asunto como un procesamiento en simultáneo e independiente que conjugaba sus resultados individuales.

Mente con mecanismos

Así, nos hallamos frente a una alternativa que ha supuesto un cisma tan insalvable como positivo en el avance del entendimiento de la cognición, de mirar al modo en que nuestro cerebro funciona. Y esto partiendo de la base de que este está formado por módulos y que cada uno de ellos está altamente especializado.

Sin embargo, no habría que entender cada módulo como un área cerebral neuroanatómicamente delimitada. El énfasis lo carga la especialización funcional y, así, una función concreta es ejecutada modularmente pero pudiendo reclutar diversas áreas o sistemas funcionales distintos.

Por tanto, la imagen de una flor no sería procesada, por ejemplo, primero por el área encargada de la forma, después por la del tamaño, después por la del color, después por la de la memoria, etc. Al contrario, cada integrante de esa imagen sería procesado a la vez por diferentes módulos cada uno encargado de tratar de forma especializada con cada uno de esos atributos de la información.

Conceptos básicos de la teoría modular de la mente

Tradicionalmente, el funcionamiento mental era estudiado como un proceso unitario que entra en acción ante cualquier tipo de información. Así, independientemente de la modalidad de la información (perceptual, lógica, social, matemática, etc.), el cerebro se activaría como un todo que, partiendo de una información de entrada, produciría una información de salida ya procesada y resuelta.

Llegada la segunda mitad de la década de los 80, Jerry Fodor, un renombrado psicolingüista al que hoy día se contempla como el verdadero padre de la ciencia cognitiva, hipotetizó que la mente estaría formada por un conjunto de módulos funcionales, de naturaleza innata, cada cual centrado en una actividad concreta con elevada especialización.

«El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender».

-Plutarco-

La mente no sería ya un órgano computacional serial y unitario en su funcionamiento, sino más bien un conjunto integrado y coordinado de funciones especializadas que, tras ofrecer cada una de ellas un resultado concreto que terminaría confluyendo con los demás resultados, permitiría una distribución eficiente y segregada de subfunciones mentales, lo que colaboraría a la optimización procesal del cerebro.

Una manera de entender esta visión pasaría por la metáfora de las estaciones de trabajo frente a la cadena de montaje. Para fabricar una muñeca, por ejemplo, no se contaría con operarios que fuesen pasándose la muñeca el uno al otro cada cual añadiéndole una parte; habría diferentes estaciones de trabajo elaborando a la vez cada una una pieza diferente que, en una última fase, se ensamblaría con las demás. 

Además, Fodor logró con sus postulados -que derivaron en la teoría modular de la mente- generar una posición sobre el procesamiento mental intermedia entre el conductismo y el cognitivismo. Su propuesta argumenta que los módulos de la mente se activan de manera similar a una conducta o reflejo, pero de manera ‘inferencial’, es decir, pudiendo aportar más información y de forma más flexible que lo que la especificidad de un reflejo obliga.

Así, las subfunciones mentales se hallarían ‘encapsuladas’ -como proponían los primeros- pero, a la vez, serían ‘cognitivamente penetrables’ y serían susceptibles de verse afectadas por otras informaciones y procesos mentales, como defendían los segundos.

Características esenciales de los módulos

Fodor (1983) afirma que cualquier sistema modular debe, total o parcialmente, cumplir determinados criterios:

  • Especificidad de dominio: cada módulo está especializado únicamente en ciertos tipos de información entrante.
  • Encapsulación informacional: los módulos no dependen, para su activación, de otros sistemas mentales.
  • Obligatoriedad de disparo: si un tipo de información alcanza el sistema cognitivo, el módulo especializado en el procesamiento de esa información se activará necesaria e irrenunciablemente.
  • Alta velocidad: los módulos operan a alta velocidad, probablemente gracias a la ganancia en eficiencia que los anteriores dos puntos ofrecen.
  • Superficialidad de la información de salida: el resultado del procesamiento modular es un tipo de información muy simple y básica; una especie de bloque de construcción.
  • Accesibilidad limitada.
  • Ontogenia característica: el desarrollo ontogénico de los módulos se produce de manera aproximadamente regular en cada ser humano.
  • Arquitectura neuronal prefijada: sustentaría funcional y estructuralmente a cada módulo.

Un fenómeno mental observable y replicable que, al igual que muchos otros, ofrece soporte empírico a esta teoría modular de la mente es la denominada ilusión de Müller-Lyer. Esta ilusión se da cuando la persona que está percibiendo una visión ilusoria, aun tras tomar conciencia de la falsedad de la información visual, es incapaz de dejar de percibirla con sus atributos falsos.

En este ejemplo, gracias a la encapsulación y a la inaccesibilidad -por parte de otros procesos cognitivos- de cada módulo, el conocimiento de la no veracidad de la percepción no logra corregir el procesamiento visual de la imagen.

Mujer haciendo un puzzle de la mente humana

Conclusión

Tras las extrapolaciones necesarias desde la TMM, podemos concluir que la diversidad de módulos mentales se corresponde con la enorme variedad de necesidades que van planteándose a medida que el individuo se desarrolla cognitivamente en un determinado contexto.

El ampliamente aceptado modelo conexionista del funcionamiento mental, que mantiene que la información mental es procesada y almacenada en circuitos neuronales relativamente diferenciados, supondría el sostén neurofisiológico de la teoría modular de la mente.

Los cúmulos neuronales y la disposición de las neuronas en redes, serían entonces los correlatos de los módulos propuestos por Fodor.

Por último, este modelo da también cabida al demostrado fenómeno de la plasticidad cerebral; de hecho, sería en virtud de esta neuroplasticidad que tendría lugar, desde una perspectiva psicofísica, el desarrollo de los módulos mentales.

  • Fodor, J. (1986): La modularidad de la mente. Madrid: Morata.
  • Fodor, J. (2003): La mente no funciona así. Madrid: SigloXXI.